Ronald Bonilla Carvajal
Poeta recién llegado
Tú guardas la palabra,
tienes asida por las puntas sus sílabas silvestres,
sus vocales donde se guarece hasta el frío
y pregunta asombrado por su porción de abrazo,
sus tropiezos azules,
su clandestina música,
lo que tras ella vaga en sus gemidos,
lo que el suspiro necesita en su eclosión final.
Tú tienes sus letras amarradas,
sus números incompletos
que no intentan contar más que las noches.
Tú tienes la corola
de savias enlazadas;
yo estoy del otro lado de tu nombre.
Tú tienes esas tensas cuerdas que siempre pulsas
para que ya no sangre
mi pecho ante el olvido.
El viento empuja mis paredes...
Es diciembre con toda mi nostalgia.
Tú puedes visitarme tan solo en la palabra.
Yo voy a arroparte
ante esta garúa que inició su recorrido.
Abrigaré tu cuello indefenso de tinieblas.
Yo voy a ser el otro brazo
que te lleva a los cines,
a los puentes para siempre inconclusos, a los espacios
en donde los poetas
no mueren sino ante las ventanas de su asombro.
Ven, rescátame,
mujer de la palabra.
No ves que estoy herido,
afuera,abajo,al sur de la pobreza
sin tu beso.
De mi libro DESPUÉS DE SOÑARTE
Editorial de la Uned, 2008
tienes asida por las puntas sus sílabas silvestres,
sus vocales donde se guarece hasta el frío
y pregunta asombrado por su porción de abrazo,
sus tropiezos azules,
su clandestina música,
lo que tras ella vaga en sus gemidos,
lo que el suspiro necesita en su eclosión final.
Tú tienes sus letras amarradas,
sus números incompletos
que no intentan contar más que las noches.
Tú tienes la corola
de savias enlazadas;
yo estoy del otro lado de tu nombre.
Tú tienes esas tensas cuerdas que siempre pulsas
para que ya no sangre
mi pecho ante el olvido.
El viento empuja mis paredes...
Es diciembre con toda mi nostalgia.
Tú puedes visitarme tan solo en la palabra.
Yo voy a arroparte
ante esta garúa que inició su recorrido.
Abrigaré tu cuello indefenso de tinieblas.
Yo voy a ser el otro brazo
que te lleva a los cines,
a los puentes para siempre inconclusos, a los espacios
en donde los poetas
no mueren sino ante las ventanas de su asombro.
Ven, rescátame,
mujer de la palabra.
No ves que estoy herido,
afuera,abajo,al sur de la pobreza
sin tu beso.
De mi libro DESPUÉS DE SOÑARTE
Editorial de la Uned, 2008
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