Ronald Bonilla Carvajal
Poeta recién llegado
(A propósito de una canción de Edith Piaf)
Lo que nos unesolo tiene cabida en un país extraño.
Guillermo Fernández
Guillermo Fernández
Y entonces, amor,
debemos programar nuestra cita
quizá más allá de nuestros limbos,
fuera de nuestras tristes ciudades asediadas,
quizá en el mundo irreal
donde no crece el frío,transgredidas ya
nuestras hambrientas vidas.
Debemos programar nuestro final encuentro
para un siempre acaso imaginario
donde las flores vuelvan al cabello
y a las sienes,
los sombreros vuelen
como hojas inauditas de un otoño,
la ropa se deshaga
y la piel hecha jaguar se contraiga
sobre la piel del otro
que la ama.
Allí soñaremos nuestra próxima vida
mojando tanta vieja fatiga en la ternura,
enredando palabras con colores
para que los arcoiris naciesen
con las maderas insomnes del poema.
Todo tendría la infinitud del beso
que nos dimos sin tiempo,
quizá una noche en que los ángeles
fueron transgresores
y se hicieron cristales los pecados.
¿Por qué no citarnos
detrás de todas nuestras lástimas,
recordar hasta el disfrute
de la aurora en su dolor,
vencer con los lúdicos espejos esta sed,
viajar en nuestros astros imposibles
caminos y caminos,
celajes que el vino esparció sobre el silencio?
Tan solo un mundo que inventemos,
la voz de quien canta desgarrándose intensa,
los chorros de la miel en qué rodar,
señora,lo irreal es la verdad
y es una sola luna.
Tú tienes la palabra.
debemos programar nuestra cita
quizá más allá de nuestros limbos,
fuera de nuestras tristes ciudades asediadas,
quizá en el mundo irreal
donde no crece el frío,transgredidas ya
nuestras hambrientas vidas.
Debemos programar nuestro final encuentro
para un siempre acaso imaginario
donde las flores vuelvan al cabello
y a las sienes,
los sombreros vuelen
como hojas inauditas de un otoño,
la ropa se deshaga
y la piel hecha jaguar se contraiga
sobre la piel del otro
que la ama.
Allí soñaremos nuestra próxima vida
mojando tanta vieja fatiga en la ternura,
enredando palabras con colores
para que los arcoiris naciesen
con las maderas insomnes del poema.
Todo tendría la infinitud del beso
que nos dimos sin tiempo,
quizá una noche en que los ángeles
fueron transgresores
y se hicieron cristales los pecados.
¿Por qué no citarnos
detrás de todas nuestras lástimas,
recordar hasta el disfrute
de la aurora en su dolor,
vencer con los lúdicos espejos esta sed,
viajar en nuestros astros imposibles
caminos y caminos,
celajes que el vino esparció sobre el silencio?
Tan solo un mundo que inventemos,
la voz de quien canta desgarrándose intensa,
los chorros de la miel en qué rodar,
señora,lo irreal es la verdad
y es una sola luna.
Tú tienes la palabra.
De mi libro DESPUÉS DE SOÑARTE
Editorial de la Uned, 2008
Pintura de Afrémov
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