Ernenek
Poeta recién llegado
XXIII
una mano antigua
te arrastra
la sombra del mundo
te pone de pie
y la palabra te toma
recorre tus labios
chasquea la lengua
está preparada
está cargada
se toca
se busca
se recorre tus labios
chasquea los ojos
y cae
traicioneramente
sobre tu pecho
desliza su pelo
entre tus dedos
(ella atesora entre sus senos
la virtud de los malditos)
cae
y gatilla
(caer...
digamos)
la noche se ciñe en un nudo de sombras
vestida de blanco tu culpa
de tanta gloria incasta y sonámbula
hundida de a pedacitos en la bruma
camina gozosa al martirio
la palabra abre su filo entre la carne
donde vio la luz casi al morir
al verlo morir en sus sueños
cenizas de madre castigando a su niño
sujetada del pelo quiso arrancar
al hijo del hijo del sueño
se toca el pelo en collares de miel
corriendo por la loba que hace guarida
en los rincones del instinto
(quiero tocarla sin verla, me dice)
tus ojos mentirosos vagan por la oscuridad
con peces ciegos hasta encontrarla
con los labios mordiste su cuello
el oprobio descansa en el fondo
de un vaso junto a la cama
adictos guardianes del caos
montan guardia junto a la puerta
mientras el mundo aúlla
y mi vida agoniza en todos los destinos
y vos dormís tan amablemente
vaya uno a saber en qué extraño sueño
donde quizás la palabra
ya se haya suicidado
y la noche se ciña contra
un nudo demasiado antiguo
noches de infamia
mi amor,
¿qué otra cosa
acaso
podría nacer de todo esto?