• Nuevo Hazte Mecenas sin publicidad, blog propio, y apoya la poesía en español. Mi Libro de Poesía · Métrica Española (beta)

XXXV.- Abrimos nuestras puertas.

UCRONICO

Poeta recién llegado
XXXV.- Abrimos nuestras puertas.

Abrimos nuestras puertas
al sentir las aldabas agitarse
por la mano sutil del caminante
que nos pide posada
y las dejamos abiertas
cuando vuelve a marcharse,
secado ya el cansancio del semblante,
y hallándose su alma sosegada.

En las horas inciertas
del orto y el ocaso
es fácil olvidarse,
y es fácil encontrar por los caminos,
“pisando la dudosa luz del día”,
bandadas de indecisos peregrinos
que, “con dudoso paso”,
si partir o quedarse,
no saben todavía.

En la estancia vacía,
donde, en vano, intentamos detener
la indolente cadencia del deseo,
se cuela la febril melancolía
que invade los jardines en invierno
cada vez que, intentando amanecer,
el Sol nos hace ver
que el fuego que nos trajo Prometeo
no puede ser eterno.

Pero aquel peregrino que acercó
sus heladas mejillas a la hoguera
donde hacemos arder
este amor que Cupido nos dejó,
aquel que se embriagó de nuestro vino,
sabrá que, cuando quiera
volver, puede volver,
que, abierto en un recodo del camino,
hay un albergue amigo que lo espera.
 
Veo entre lineas la via lactea. Albergue, peregrino, frio, hoguera...

Siempre son magicos los caminos a recorrer y tristes los regresos.


Estrellas.
 
Qué bonito Javier.
Te ha quedado muy bien. Es muy dulce de leer, muy afable,
Tan acogedor como el albergue que describes, asi de acogedor es tu poema.

Mis felicidades, mis aplausos y un afectuoso abrazo amigo mío y poeta.

Joan
 
Cuanto que dice una puerta abierta...una mano que se extiende, un espacio que invita a transitar.... Y un sinfín de melancolías entremezcladas en anillos de fuego. Un placer pasar por tus letras. Abrazos primaverales y porteños.
 
XXXV.- Abrimos nuestras puertas.

Abrimos nuestras puertas
al sentir las aldabas agitarse
por la mano sutil del caminante
que nos pide posada
y las dejamos abiertas
cuando vuelve a marcharse,
secado ya el cansancio del semblante,
y hallándose su alma sosegada.

En las horas inciertas
del orto y el ocaso
es fácil olvidarse,
y es fácil encontrar por los caminos,
“pisando la dudosa luz del día”,
bandadas de indecisos peregrinos
que, “con dudoso paso”,
si partir o quedarse,
no saben todavía.

En la estancia vacía,
donde, en vano, intentamos detener
la indolente cadencia del deseo,
se cuela la febril melancolía
que invade los jardines en invierno
cada vez que, intentando amanecer,
el Sol nos hace ver
que el fuego que nos trajo Prometeo
no puede ser eterno.

Pero aquel peregrino que acercó
sus heladas mejillas a la hoguera
donde hacemos arder
este amor que Cupido nos dejó,
aquel que se embriagó de nuestro vino,
sabrá que, cuando quiera
volver, puede volver,
que, abierto en un recodo del camino,
hay un albergue amigo que lo espera.

Gracias, Ucrónico, por abrir las puertas de tu poesía. Magnífico poema. Felicidades.
Saludos mediterráneos.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba