Ronald Bonilla Carvajal
Poeta recién llegado
Casi creí que te fuiste,
pero esta mañana amanecimos juntos.
Yo tomé tus dedos delgados
bajo la sábana de sombras,
y busqué tus labios, tus aristas ansiosas,
tu piel toda de fábulas trazada,
ahí estabas y me acariciaste el cabello
despeinado de tanta soledad.
Casi siempre te vas,
difusa en el vapor caliente,
diseminándose en tu blanca lencería.
Pero hoy con mis manos
fui abriendo el cerco de tus piernas
y bajando a tu cauce
de hileras castañas en carriles ondulados;
hoy me hiciste feliz.
Y todo lo toqué, todo lo intuí,
estuve deshaciendo el tedio
con el sudor hambriento de mi lejanía.
No sé si me sentiste, anclado,
perseverando en ti hasta el orgasmo.
Hice fricción en tus caderas, en tu espalda,
en tus pechos, palomas embriagantes.
Y te vi partir descalza, al baño,
toda llena de ríos,
haciendo el lazo de tu bata rosa;
luego la ceremonia del café,
justo para pensar
que me había marchado
a la imprecisa soledad
donde el olvido tan sólo pretende
desgastarnos.
pero esta mañana amanecimos juntos.
Yo tomé tus dedos delgados
bajo la sábana de sombras,
y busqué tus labios, tus aristas ansiosas,
tu piel toda de fábulas trazada,
ahí estabas y me acariciaste el cabello
despeinado de tanta soledad.
Casi siempre te vas,
difusa en el vapor caliente,
diseminándose en tu blanca lencería.
Pero hoy con mis manos
fui abriendo el cerco de tus piernas
y bajando a tu cauce
de hileras castañas en carriles ondulados;
hoy me hiciste feliz.
Y todo lo toqué, todo lo intuí,
estuve deshaciendo el tedio
con el sudor hambriento de mi lejanía.
No sé si me sentiste, anclado,
perseverando en ti hasta el orgasmo.
Hice fricción en tus caderas, en tu espalda,
en tus pechos, palomas embriagantes.
Y te vi partir descalza, al baño,
toda llena de ríos,
haciendo el lazo de tu bata rosa;
luego la ceremonia del café,
justo para pensar
que me había marchado
a la imprecisa soledad
donde el olvido tan sólo pretende
desgastarnos.
De mi libro DESPUÉS DE SOÑARTE
Editorial de la Uned, 2008