elpoetaartesano
Poeta que considera el portal su segunda casa
La lluvia caía armoniosamente
reverdeciendo la tierra,
el agua se deslizaba por mis cabellos,
por mis sonrientes labios,
como queriendo acariciarme.
Era amable la lluvia
mi espíritu la amaba,
y mientras yo me mojaba, chorreaba,
¡qué libertad! ¡qué belleza!
Yo no entendía como las gentes
se escondían de ella
como si tuvieran miedo
a tan sencilla compañera.
Pero no era yo solo el que sentía
la poesía de la lluvia,
por allí había alguien más mojándose
con la mirada puesta al horizonte
y con rostro resplandeciente,
ni siquiera nos miramos
pero nos abrazamos con la mente,
de la misma forma que abrazábamos la lluvia.
No, no cogí ningún resfriado
pues ya he dicho que la lluvia era
benevolente aquel día...
reverdeciendo la tierra,
el agua se deslizaba por mis cabellos,
por mis sonrientes labios,
como queriendo acariciarme.
Era amable la lluvia
mi espíritu la amaba,
y mientras yo me mojaba, chorreaba,
¡qué libertad! ¡qué belleza!
Yo no entendía como las gentes
se escondían de ella
como si tuvieran miedo
a tan sencilla compañera.
Pero no era yo solo el que sentía
la poesía de la lluvia,
por allí había alguien más mojándose
con la mirada puesta al horizonte
y con rostro resplandeciente,
ni siquiera nos miramos
pero nos abrazamos con la mente,
de la misma forma que abrazábamos la lluvia.
No, no cogí ningún resfriado
pues ya he dicho que la lluvia era
benevolente aquel día...
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