Luis Libra
Atención: poeta en obras
`
Llorábamos como perros sin hogar
y nos reíamos de todo.
Nos reíamos de ellos y también de nosotros
(y el tiempo nos dio la razón)
Nos arrastrábamos con la orgullosa
y asumida invalidez de la serpiente
en su primera piel. Mordíamos
a diestro y siniestro,
a víctimas y enemigos,
con el beneplácito de nuestra naturaleza.
La ilusión era nuestra guarida,
el horizonte nuestra fe,
la tormenta nuestra verdad
(y el tiempo no decía nada)
Pero ellos nos decían:
"Amarraos a algún puerto firme,
que un día, si no, flotaréis a la deriva
en medio de un océano sin fin.
Vended vuestra rebeldía al mejor postor,
(y contratad un buen seguro)
pues otro día, a lo peor, seréis luna
eterna e irremediablemente"
Y nos seguían diciendo:
"Comprad sueños con air-bag,
besos y aplausos gigantes como países:
Mutad vuestra piel, vuestra sangre.
Porque si nos seducís,
si nos alegráis la oreja,
os nombraremos príncipes de la jungla,
(o ilustres representantes de la lírica de los dioses)
Hinquemos nuestra orgullosa bandera,
todos juntos, en fila sobre el hielo.
Adorémonos, hermanos.
Pues somos Friedrich antes de abrazarse,
roto, a ese caballo maltratado y moribundo.
¡Pues somos el producto útil
y patentado de la felicidad!"
(Casi nos convencen)
Pero tras una larga reflexión y mil salidas de curva
quemamos la piedra sobre la arena
de nuestra antigua playa
y descorchamos el mar
que guardábamos en la bolsa nevera.
Luego, como viejos adolescentes,
nos fuimos pasando aquel porro
mientras pinchábamos otra vez
el "Sixty Eight Guns"
Y es que siempre sospechamos
que había serpientes más estúpidas,
grandes y voraces que nosotros,
(y el tiempo nos volvió a dar la razón)
_______
Llorábamos como perros sin hogar
y nos reíamos de todo.
Nos reíamos de ellos y también de nosotros
(y el tiempo nos dio la razón)
Nos arrastrábamos con la orgullosa
y asumida invalidez de la serpiente
en su primera piel. Mordíamos
a diestro y siniestro,
a víctimas y enemigos,
con el beneplácito de nuestra naturaleza.
La ilusión era nuestra guarida,
el horizonte nuestra fe,
la tormenta nuestra verdad
(y el tiempo no decía nada)
Pero ellos nos decían:
"Amarraos a algún puerto firme,
que un día, si no, flotaréis a la deriva
en medio de un océano sin fin.
Vended vuestra rebeldía al mejor postor,
(y contratad un buen seguro)
pues otro día, a lo peor, seréis luna
eterna e irremediablemente"
Y nos seguían diciendo:
"Comprad sueños con air-bag,
besos y aplausos gigantes como países:
Mutad vuestra piel, vuestra sangre.
Porque si nos seducís,
si nos alegráis la oreja,
os nombraremos príncipes de la jungla,
(o ilustres representantes de la lírica de los dioses)
Hinquemos nuestra orgullosa bandera,
todos juntos, en fila sobre el hielo.
Adorémonos, hermanos.
Pues somos Friedrich antes de abrazarse,
roto, a ese caballo maltratado y moribundo.
¡Pues somos el producto útil
y patentado de la felicidad!"
(Casi nos convencen)
Pero tras una larga reflexión y mil salidas de curva
quemamos la piedra sobre la arena
de nuestra antigua playa
y descorchamos el mar
que guardábamos en la bolsa nevera.
Luego, como viejos adolescentes,
nos fuimos pasando aquel porro
mientras pinchábamos otra vez
el "Sixty Eight Guns"
Y es que siempre sospechamos
que había serpientes más estúpidas,
grandes y voraces que nosotros,
(y el tiempo nos volvió a dar la razón)
_______
Última edición: