Y el verso cae al alma, como al pasto el rocío
En llovizna suave llegan tus mensajes;
con furiosos vientos esta lluvia mía.
Tú esperas una hora, yo te pienso el día
Abrigado por naranjas de nuestra huerta.
Pero increíblemente ese es nuestro espacio,
desde donde fluye ahí, sin tregua el verso;
manantial mismo de luz interminable,
tesoros y río insaciable reunidos.
Caudal accesible admirando lo bello,
las joyas de tu cuerpo, tu mirar tierno
Me elevo a tu astro donde eres sólo mía,
nocturna esa travesía de ida y vuelta.
Nos abrazamos fuerte entre dos océanos,
cobijamos nuestros sueños y la vida.
Ramiro Deladanza
Nota: mi poema lleva como título un verso del poema 20 de Pablo Neruda
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