Y en cada pregunta, tú.
En cada hora de mi vida
cuando la luna se asoma
tan blanca, tan pensativa,
la curiosidad invade
en silencio mis pupilas.
¿Cómo será ella Dios mío?
¿Será sombra, será brisa
de ese mañana que nunca
se ve pero que da vida?
¿Será un río de agua fresca
y pura que te acaricia
y se va convirtiendo en el
aliento que necesitas?
Cuántas veces imagino
al despertar cada día,
mirando en silencio al mar,
cuna en que la paz habita,
que eres ola que no espero
y terminas siendo ninfa.
Yo penaba por caminos
sin aires y sin salidas
cuando tú, apareciste
llenando de poesía
los más pálidos paisajes
aun con sus soles arriba.
No, calla, no digas nada
pues este alma querría
cegarse con su longeva
quimera por siempre viva
y sentir tu aliento entero
de dulce miel y sonrisa,
el rojo carmín de tus
labios que a besar convidan,
que eres mi cielo, mi sol,
luz donde nacen los días.
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