En lo hondo donde el silencio
teje el pulso del misterio,
el alma en su movimiento
no conoce cautiverio.
No la amarra pensamiento
ni la encierra la razón,
es un fuego en el momento
y un temblor sin dirección.
No precisa voz ni forma,
no se inclina ante el temor,
como el viento que se entorna
rompe el muro del dolor.
Si la sombra la acaricia,
la transforma en claridad,
y si llora, su delicia
es la pura libertad.
Nada quiere ni persigue,
pues se basta con su andar,
y su vuelo no prosigue,
sino que aprende a estar.
Donde el mundo se derrumba
y el reloj deja de ser,
ella es brisa que retumba
y no deja de nacer.
teje el pulso del misterio,
el alma en su movimiento
no conoce cautiverio.
No la amarra pensamiento
ni la encierra la razón,
es un fuego en el momento
y un temblor sin dirección.
No precisa voz ni forma,
no se inclina ante el temor,
como el viento que se entorna
rompe el muro del dolor.
Si la sombra la acaricia,
la transforma en claridad,
y si llora, su delicia
es la pura libertad.
Nada quiere ni persigue,
pues se basta con su andar,
y su vuelo no prosigue,
sino que aprende a estar.
Donde el mundo se derrumba
y el reloj deja de ser,
ella es brisa que retumba
y no deja de nacer.