Sinuhé
Poeta adicto al portal
[MUSICA]http://www.fileden.com/files/2012/2/1/3258338/Y no te llamo.mp3[/MUSICA]
Ya no voy a convocarte en mi silencio.
Retratada en los feroces monumentos de las noches, no estarás.
No estarás entonces muerte a muerte, recorriendo las cosas,
estas mínimas cosas, las de siempre.
Mi palabra no será más tuya,
ni será tuya la ausencia.
Ni vendrán tus ojos como siempre a buscarme;
a encontrarme.
No. Ya lo sabés.
De los amaneceres sin vos me canso.
Me cansan las fuentes que no tengo;
y me cansan tus otros recuerdos que aún me quedan.
Vagará tu sola presencia agitada,
en enormes y desvalidas noches sin vos.
Y no me atreveré entonces a llamarte;
si me respondés siempre, y me acunás,
fuerte me incubás, en tormentosos nidos de agua.
¿Para qué he de llamarte ya?,
si sé que tenés los ojos cansados y tristes,
tristes de vos y de mí; tristes del miedo.
Farolita taciturna. Niña de la sombra.
Te conozco. Cuanto te conozco.
Y conocerte más me invita a no desear tu nombre, porque muerde.
Hiere y asfixia, destroza mis dedos y desangra mi vida.
Es por eso que no puedo convocarte en mi silencio.
No.
Evito llamarte, asistirte;
me dolés más cuando te marchás que cuando volvés.
Por eso entrego a tu dolorosa faz, mi muerte.
Muero de vos, amor. Y no te llamo.
Ya no voy a convocarte en mi silencio.
Retratada en los feroces monumentos de las noches, no estarás.
No estarás entonces muerte a muerte, recorriendo las cosas,
estas mínimas cosas, las de siempre.
Mi palabra no será más tuya,
ni será tuya la ausencia.
Ni vendrán tus ojos como siempre a buscarme;
a encontrarme.
No. Ya lo sabés.
De los amaneceres sin vos me canso.
Me cansan las fuentes que no tengo;
y me cansan tus otros recuerdos que aún me quedan.
Vagará tu sola presencia agitada,
en enormes y desvalidas noches sin vos.
Y no me atreveré entonces a llamarte;
si me respondés siempre, y me acunás,
fuerte me incubás, en tormentosos nidos de agua.
¿Para qué he de llamarte ya?,
si sé que tenés los ojos cansados y tristes,
tristes de vos y de mí; tristes del miedo.
Farolita taciturna. Niña de la sombra.
Te conozco. Cuanto te conozco.
Y conocerte más me invita a no desear tu nombre, porque muerde.
Hiere y asfixia, destroza mis dedos y desangra mi vida.
Es por eso que no puedo convocarte en mi silencio.
No.
Evito llamarte, asistirte;
me dolés más cuando te marchás que cuando volvés.
Por eso entrego a tu dolorosa faz, mi muerte.
Muero de vos, amor. Y no te llamo.
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