Dónde fueron aquellos tus sueños
dónde aquellos ojos transparente,
acaso barridos por la lluvia
que recorre tu mejilla.
Fueron las luchas de antaño recuerdos de alcohol y resaca
inocencias que recobra el día
y al ocaso mueren
alma zaherida
que de brazo en brazo
vaga.
Habla tu aliento de aguardiente,
de añoranzas y caricias equivocas
tu tacto de desdén acostumbrado
de desvelos tus noches
con tu cuerpo derramado
sobre la otra huella que yace en tus sábanas.
Seco es ahora el mirar y el gesto cínico.
Ya no son tus labios sino muecas
amargas.
Pasaron los destellos del pasado y quedaron sólo penumbras
que audaces te sujetan la cintura
para asomarse a la ventana de tus atardeceres.
El quicio de que tu corazón es ahora poco más que resquicios
acaso aletargado a la espera de volver sobre tus pasos.
Encontró al fin una fosa profunda
lejos de tu vientre y de tu pecho.
No traerá la levedad en la risa
ni dulzor en sus besos,
sino amargor de dudas y secretos.
Retornará a tus sueños en unos dedos resbalando por tu espalda
sin anhelos
Niña te encontrará, entonces,
escondida en lo eterno
y volverán a brillar tus ojos
que en lo pasajero se hicieron
secos
profundos
negros.
dónde aquellos ojos transparente,
acaso barridos por la lluvia
que recorre tu mejilla.
Fueron las luchas de antaño recuerdos de alcohol y resaca
inocencias que recobra el día
y al ocaso mueren
alma zaherida
que de brazo en brazo
vaga.
Habla tu aliento de aguardiente,
de añoranzas y caricias equivocas
tu tacto de desdén acostumbrado
de desvelos tus noches
con tu cuerpo derramado
sobre la otra huella que yace en tus sábanas.
Seco es ahora el mirar y el gesto cínico.
Ya no son tus labios sino muecas
amargas.
Pasaron los destellos del pasado y quedaron sólo penumbras
que audaces te sujetan la cintura
para asomarse a la ventana de tus atardeceres.
El quicio de que tu corazón es ahora poco más que resquicios
acaso aletargado a la espera de volver sobre tus pasos.
Encontró al fin una fosa profunda
lejos de tu vientre y de tu pecho.
No traerá la levedad en la risa
ni dulzor en sus besos,
sino amargor de dudas y secretos.
Retornará a tus sueños en unos dedos resbalando por tu espalda
sin anhelos
Niña te encontrará, entonces,
escondida en lo eterno
y volverán a brillar tus ojos
que en lo pasajero se hicieron
secos
profundos
negros.
Última edición: