frankaussill
Poeta adicto al portal
Ya ni el café sabe a ti
Ya ni el café de las mañanas sabe a ti,
ni tus caricias ni tus besos,
ya no se respira lo fresco de tu aliento,
es como si hubiese muerto en lo que fui.
Ya no brilla la esperanza ni late el corazón,
ya se derramó el vaso de la impaciencia,
ya no hay suspiros de demencia
por beber de los ríos de la pasión.
Ya cesó la lluvia que regaba mi jardín
y se detuvo en silencio el tiempo,
ya se opacó la luna en el confín inmenso.
Es un adiós eterno y quizá fugaz,
un adiós sin despedidas ni mucho afán,
es una partida para no volver jamás.
Ya ni el café de las mañanas sabe a ti,
ni tus caricias ni tus besos,
ya no se respira lo fresco de tu aliento,
es como si hubiese muerto en lo que fui.
Ya no brilla la esperanza ni late el corazón,
ya se derramó el vaso de la impaciencia,
ya no hay suspiros de demencia
por beber de los ríos de la pasión.
Ya cesó la lluvia que regaba mi jardín
y se detuvo en silencio el tiempo,
ya se opacó la luna en el confín inmenso.
Es un adiós eterno y quizá fugaz,
un adiós sin despedidas ni mucho afán,
es una partida para no volver jamás.