César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ojalá supiera cómo llegar a tu alma
colocar estrellas en tu cielo
Pintar con colores tus senderos.
Pero no sé. No puedo.
Por más que me esfuerce
alguien más llega
y logra sin esfuerzo lo que yo no puedo:
que con él te desveles,
que sonrías,
picardía y noche, fantasía.
Y ya lo intenté todo.
No me queda ni un truco
entre el alma y los dedos.
Todo rebota contra tu indiferencia,
tu ceguera hacia mí,
tu desvelo -tal vez- hacia el otro.
Sabrá por qué la vida.
Así que no lo intento más.
¿Para qué?
La indiferencia duele.
Justo en este momento dejo de decirte "me gustas";
menos hablaré de nuevo
del ridículo absurdo de quererte y todavía menos,
por supuesto,
del incómodo fuera de lugar de amarte.
Ya no pondré ilusión en sorprenderte,
agradarte,
acercarte un momento de felicidad
¿para qué, si no lo logro?
...Tu indiferencia duele
como duele el celo de saberte enfocada en otro.
Y me desgasto.
Y no te quiero molestar
ni molestarme.
No hará eso que me quieras más de lo que ahora no me quieres.
Con injusto celo, sí, cursi despecho,
pero también sinceramente
te deseo amor,
paz,
felicidad.
Yo,
hasta hoy lo intenté.
Me cansé.
Me rendí.
Me entregué.
Perdí.
Perdí.
Ya no lo intento más.
Llegué hasta aquí.
colocar estrellas en tu cielo
Pintar con colores tus senderos.
Pero no sé. No puedo.
Por más que me esfuerce
alguien más llega
y logra sin esfuerzo lo que yo no puedo:
que con él te desveles,
que sonrías,
picardía y noche, fantasía.
Y ya lo intenté todo.
No me queda ni un truco
entre el alma y los dedos.
Todo rebota contra tu indiferencia,
tu ceguera hacia mí,
tu desvelo -tal vez- hacia el otro.
Sabrá por qué la vida.
Así que no lo intento más.
¿Para qué?
La indiferencia duele.
Justo en este momento dejo de decirte "me gustas";
menos hablaré de nuevo
del ridículo absurdo de quererte y todavía menos,
por supuesto,
del incómodo fuera de lugar de amarte.
Ya no pondré ilusión en sorprenderte,
agradarte,
acercarte un momento de felicidad
¿para qué, si no lo logro?
...Tu indiferencia duele
como duele el celo de saberte enfocada en otro.
Y me desgasto.
Y no te quiero molestar
ni molestarme.
No hará eso que me quieras más de lo que ahora no me quieres.
Con injusto celo, sí, cursi despecho,
pero también sinceramente
te deseo amor,
paz,
felicidad.
Yo,
hasta hoy lo intenté.
Me cansé.
Me rendí.
Me entregué.
Perdí.
Perdí.
Ya no lo intento más.
Llegué hasta aquí.
César el Viejo. Abril y herida. 2019
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