rodrigotoro
Poeta adicto al portal
Ya olvidé, mi amor, lo que era suspirar
y no recuerdo la fragancia del amanecer;
Ya no puedo soñar con verte florecer
ni me siento inmortal por poderte amar.
Ya quedó olvidado el néctar de tu boca,
que en mi aún provoca un clamor inenarrable,
y entre toda elocuencia me vuelve vulnerable
y entre infinita vagancia mi alma se disloca.
Ya feneció el rocío que escurría en primavera,
y toda insulsa quimera, quedó expuesta al vacio;
Y ahora, que la aurora me grita, que no serás mío
se seca mi corazón marchito como maleza en la pradera.
Ya olvidé, mi niño, lo que era tu cercanía,
esa pequeña poesía en mi mente siempre adyacente,
como mármol y cristal, en perfección contundente,
en las manos de los sueños y la brisa superlativa
ya olvidé, mi vida, los estigmas de tu pasión
y cual delirante pordiosero mendigar tus labios delicados:
Y perderme en tus ojos sinceros como un Ícaro embalsamado,
como el loco balbuceante que te obsequió el corazón
Y volé de tu mano lejos,
jugueteando en la noche,
escondidos del reproche
y desoyendo los consejos,
que me hablaron de prudencia
y se esforzaron por alertarme,
de este quebranto incalificable,
que en mi ser ostenta regencia.
...Ya olvidé la triste melodía del ocaso
que cual Prometeo, está condenada a morir;
No existe redención, ni se puede evitar concluir
como arpegio en el concierto del futil fracaso
Y ya olvide mi nombre, incluso mi camino.
Todo es etéreo como el vaho del inframundo:
ataviado en ropajes funestos y colores difuntos
y coronado con una estrella carmesí como el vino
y no me quedó nada, ni siquiera la muerte:
solo esta suerte de existencia, de semblanza angustiante;
Si no estás conmigo, mi niño, nada es itinerante
Si no estás conmigo, mi amor, está echada mi suerte
y no recuerdo la fragancia del amanecer;
Ya no puedo soñar con verte florecer
ni me siento inmortal por poderte amar.
Ya quedó olvidado el néctar de tu boca,
que en mi aún provoca un clamor inenarrable,
y entre toda elocuencia me vuelve vulnerable
y entre infinita vagancia mi alma se disloca.
Ya feneció el rocío que escurría en primavera,
y toda insulsa quimera, quedó expuesta al vacio;
Y ahora, que la aurora me grita, que no serás mío
se seca mi corazón marchito como maleza en la pradera.
Ya olvidé, mi niño, lo que era tu cercanía,
esa pequeña poesía en mi mente siempre adyacente,
como mármol y cristal, en perfección contundente,
en las manos de los sueños y la brisa superlativa
ya olvidé, mi vida, los estigmas de tu pasión
y cual delirante pordiosero mendigar tus labios delicados:
Y perderme en tus ojos sinceros como un Ícaro embalsamado,
como el loco balbuceante que te obsequió el corazón
Y volé de tu mano lejos,
jugueteando en la noche,
escondidos del reproche
y desoyendo los consejos,
que me hablaron de prudencia
y se esforzaron por alertarme,
de este quebranto incalificable,
que en mi ser ostenta regencia.
...Ya olvidé la triste melodía del ocaso
que cual Prometeo, está condenada a morir;
No existe redención, ni se puede evitar concluir
como arpegio en el concierto del futil fracaso
Y ya olvide mi nombre, incluso mi camino.
Todo es etéreo como el vaho del inframundo:
ataviado en ropajes funestos y colores difuntos
y coronado con una estrella carmesí como el vino
y no me quedó nada, ni siquiera la muerte:
solo esta suerte de existencia, de semblanza angustiante;
Si no estás conmigo, mi niño, nada es itinerante
Si no estás conmigo, mi amor, está echada mi suerte
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