Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ya se han ido, ¿sabes?;
con un silencio triste
y el gesto decidido
se fueron en la tarde.
Ya se han ido; no están
y en su lugar hay un vacío
que llena de pesadumbre
el quieto estar, sombrío.
No se dónde encaminar mis pasos;
ya se han ido, ¿sabes?
y las formas de sus sombras
se difuminan en el recuerdo
mientras queda en el alma,
trémulo, un temblor de cuerpos.
Ya se han ido
y estoy solo entre los hombres,
entre los muros;
solo en las plazas y las calles.
Y no hay una palabra,
una mano que mi soledad robe.
Nada me queda salvo un sollozo,
una lágrima que,
tal vez,ni siquiera llore.
con un silencio triste
y el gesto decidido
se fueron en la tarde.
Ya se han ido; no están
y en su lugar hay un vacío
que llena de pesadumbre
el quieto estar, sombrío.
No se dónde encaminar mis pasos;
ya se han ido, ¿sabes?
y las formas de sus sombras
se difuminan en el recuerdo
mientras queda en el alma,
trémulo, un temblor de cuerpos.
Ya se han ido
y estoy solo entre los hombres,
entre los muros;
solo en las plazas y las calles.
Y no hay una palabra,
una mano que mi soledad robe.
Nada me queda salvo un sollozo,
una lágrima que,
tal vez,ni siquiera llore.