noé mesías
Poeta asiduo al portal
YAMBO, LA LAGUNA ENCANTADA

La laguna de Yambo se encuentra ubicado al Este de Santa Lucia, el pueblo donde viven los niños Matías y Alberto. A los dos niños les gusta los fines de semana navegar en la laguna. Hay muchas leyendas que cuentan que la laguna está encantada, pero ellos no creen en leyendas y no tienen miedo.
Para llegar a la laguna tienen que bajar por un terreno muy escarpado. Ir por la carretera es más lejos porque da mucha vuelta y a ellos les gusta la aventura.
Con las totoras que crecen en las orillas de la laguna hacen una balsa y empiezan a navegar. Se divierten persiguiendo a los patillos, estas aves son rápidas nadando y no logran alcanzarlas, solamente cogen algunos huevos que encuentran dentro de las hierbas. También pescan, pero los peces son muy pequeñitos y no sirven para comer.
Por precaución suelen navegar en la orilla, pero este día empieza hacer un viento fuerte que les está empujando hacia el interior de la laguna. Matías y Alberto intentan regresar a la orilla y en ese momento se rompen las ataduras de la balsa y caen al agua. En pocos segundos se encuentran en el fondo de la laguna, ya no tienen oxígeno en los pulmones, presienten que van a morir mirándose el uno al otro, cuando uno de ellos descubre una puerta grande. Con las últimas fuerzas empujan la puerta, esta se abre fácilmente y son arrastrados por el agua hacia dentro, enseguida la puerta se cierra sola. El agua desaparece absorbida por la tierra, Matías y Alberto se ponen de pie y quedan impresionados mirando a sus alrededores.
Han entrado en una finca en donde hay un jardín muy grande, lleno de una variedad de plantas y flores. Al frente se ve un majestuoso palacio. El camino que va hasta el palacio está hecho con piedras labradas a mano y a los dos lados del camino lo adornan unas preciosas estatuas de animales de la zona como: pumas; lobos; cóndores; etc.
La ropa de los niños que la tenían mojada rápidamente se está secando. Poco a poco van avanzando hacia el palacio y llegan primero a un patio. En el centro del patio hay una pila en forma de un volcán, por su cráter echa agua que se desliza por sus paredes hasta el suelo y se va por una acequia para el regadío de las plantas. Ya están en la puerta de la entrada al palacio, la tocan y esta se abre sola. No aparece ninguna persona.
_ ¡Buenos días!.. ¿Hay alguien aquí?- Gritan los niños, pero nadie contesta. Entran en el palacio y llegan a una sala muy bien decorada, al frente tiene una chimenea y sobre ella un reloj grande que marca las doce en punto. Tanto en las paredes de la fachada como en el interior del palacio hay unos candiles, es de día por lo tanto están apagados. Un poco más adentro está el comedor y en la mesa está puesto: Dos platos; dos cucharas y dos pilches. En el centro está una bandeja de barro con: Dos cuyes asados y papas con salsa de maní. Para beber hay chicha en una jarra, “la chicha está dulce y suave ideal para niños”. Un frutero hecho con totoras está lleno de: Manzanas; peras; duraznos; etc. Todo está listo como si sabían de la llegada de los niños.
Matías y Alberto vuelven a llamar._ Hola… ¿Hay alguien aquí?- No contesta nadie, solo se escucha el sonido de las manecillas del reloj. Se han sentado en sus respectivas sillas a esperar a que alguien aparezca, pero nada no hay nadie. El reloj ya marca la una en punto y los niños tienen mucha hambre que les resulta difícil resistir y empiezan a comer.
Matías._ La comida está sabrosa.
Alberto._ ¿Quién cocinará?
Matías._ Después de comer buscaremos a las personas que viven aquí.
Terminan de comer y van recorriendo el palacio, en el segundo piso están los dormitorios bien decorados y las camas tendidas listas para dormir. En el dormitorio principal hay una puerta que da acceso a una terraza, desde donde se contempla la hermosura del jardín. No encuentran a ninguna persona y vuelven a la sala.
Caminan hacia el fondo y descubren una puerta que da salida a la parte de atrás del palacio. Allí encuentran un huerto de plantas frutales: manzanas; peras; duraznos; etc. Todas las plantas están bien cargadas. Van recorriendo el huerto caminando bajo las plantas, una que otra fruta han cogido para comer. Está empezando a obscurecer y deciden regresar al palacio, los candiles se han encendido. Se dirigen al comedor para merendar lo que sobraron del almuerzo y se encuentran que la merienda está en la mesa para dos personas, igual que a medio día, ahora tienen caldo de gallina y un rico dulce de zambo. Matías y Alberto no salen del asombro, no encuentran a ninguna persona pero la merienda está lista.
_ ¡Gracias por la merienda!- Gritan los niños y empiezan a merendar. Después se dirigen a la sala, en la estantería hay muchos libros cada cual toma uno para leer. Han terminado de leer los libros, el reloj marca las diez de la noche y los candiles se van apagando lentamente.
Matías y Alberto antes que los candiles se apaguen totalmente se dirigen a un dormitorio que tiene dos camas para dormir. La noche ha transcurrido en completo silencio, han descansado bien y se levantan muy animados. Se asean y se dirigen al comedor en donde encuentran el desayuno listo en la mesa, dos tazas de chocolate bien calientito y máchica en una vasija de barro. Con la mezcla del chocolate y la máchica se hace el “chapo”, un desayuno muy nutritivo.
Después de desayunar salen a dar un paseo por el jardín, quieren entretener en algo pero no hay nada que hacer, ni siquiera hay una sola mala hierba para arrancar. Solo cortan un poco de flores y lo llevan poner en un pondo de barro que está a un lado de la chimenea. Luego se van para el huerto, allí está igual que los jardines, no tienen nada que hacer, recoger frutas no hace falta, en la mesa del comedor hay suficientes, solo cogen unas pocas para matar el hambre.
Regresan pronto a la sala, cogen un par de libros y van a leer en el comedor, quieren ver quien prepara la comida. Matías y Alberto se encuentran con la sorpresa, la o él cocinero se les adelantado, la comida ya está en la mesa, ahora tienen mote con fritada y la rica chicha. Es pronto para almorzar así que deciden leer los libros hasta que sea la hora.
Ahora sí averiguarán quién hace la comida, cogen más libros y se van a leer en el comedor. El reloj marca las siete en punto, empieza a obscurecer y los candiles se van encendiendo solos. Pero ahí no aparece ninguna persona. Las horas siguen avanzando y el reloj ya marca las nueve en punto y nadie ha venido a preparar la merienda. Matías y Alberto antes de que se apaguen los candiles meriendan algunas frutas que están en el frutero y se van a dormir.
Al día siguiente se levanta con mucha hambre y después de asearse se dirigen al comedor. El desayuno está listo en la mesa igual que ayer.
Matías._ Aquí no hay nadie que nos ayude, tenemos que ver la forma de salir.
Alberto._ ¿Y cómo vamos a salir? Si abrimos la puerta entrará el agua de la laguna, y nos inundará.
Han cogido algunas frutas, se llevan para mostrar a sus amigos que han estado en el fondo de la laguna y deciden abandonar el lugar. Salen del palacio y caminan con dirección a la puerta que da a la laguna, allí se detienen un momento y regresan a ver las maravillas que dejan atrás.
Matías._ Es un hermoso palacio, si pudiéramos salir de aquí y regresar de vez en cuando sería genial.
Alberto._ Es bonito, pero ahora mismo prefiero estar en la casa con mi familia.
Matías._ Yo también extraño a mi familia, vamos abriremos la puerta.
Despacio abren la puerta que da a la laguna y observan que una vertiente nace tras de la puerta y su agua se dirige hacia arriba.
Matías._ ¡Es extraño el agua no se mete! Esta laguna sí que está encantada.
Alberto._ ¿Y cómo llegaremos hasta la superficie?
Matías._ No sabemos hasta donde llega está corriente, pero no tenemos otra alternativa.
Los niños toman aire y a la vez se introducen en la corriente, con la esperanza de que les lleve a la superficie. La puerta se ha cerrado y ellos se dejan arrastrar por la corriente y en pocos segundos están en la superficie, tienen que nadar un poco para alcanzar la orilla. En la superficie está igual que el día que se hundieron, no había más personas que ellos y ahora tampoco. La ropa la tienen mojada, se quitan y lo extienden sobre las hierbas para que se seque, como hace un fuerte sol no tarda mucho en secar y emprenden el camino hacia sus casas.
En el palacio han dormido dos noches, pero fuera se dan cuenta que sigue siendo el mismo día domingo, porque los niños pequeños todavía están jugando en el parque. Ya en casa Matías y Alberto les cuentan la aventura a sus padres.
Matías._ Hemos estado en el fondo de la laguna y allí encontramos un hermoso palacio.
Padres._ Ya les dijimos que no se metan muy adentro del agua, porque esa laguna está encantada.
Alberto._ Como muestras trajimos estas frutas.- Buscan en los bolsillos pero no están han desaparecido.
Matías._ Debieron haber caído en la corriente del agua.
Padres._ Bueno niños tienen que irse a bañar para que mañana vayan a clases.
En la escuela lo cuentan a sus compañeros y ellos tampoco les creen.
Matías y Alberto._ Si no nos creen no importa, nosotros sabemos que ese palacio existe, ya veremos la forma de regresar al fondo de la laguna y volver a vivir en el palacio encantado.
Noé Navas Lascano. Santa Lucia, 29/07/2012

La laguna de Yambo se encuentra ubicado al Este de Santa Lucia, el pueblo donde viven los niños Matías y Alberto. A los dos niños les gusta los fines de semana navegar en la laguna. Hay muchas leyendas que cuentan que la laguna está encantada, pero ellos no creen en leyendas y no tienen miedo.
Para llegar a la laguna tienen que bajar por un terreno muy escarpado. Ir por la carretera es más lejos porque da mucha vuelta y a ellos les gusta la aventura.
Con las totoras que crecen en las orillas de la laguna hacen una balsa y empiezan a navegar. Se divierten persiguiendo a los patillos, estas aves son rápidas nadando y no logran alcanzarlas, solamente cogen algunos huevos que encuentran dentro de las hierbas. También pescan, pero los peces son muy pequeñitos y no sirven para comer.
Por precaución suelen navegar en la orilla, pero este día empieza hacer un viento fuerte que les está empujando hacia el interior de la laguna. Matías y Alberto intentan regresar a la orilla y en ese momento se rompen las ataduras de la balsa y caen al agua. En pocos segundos se encuentran en el fondo de la laguna, ya no tienen oxígeno en los pulmones, presienten que van a morir mirándose el uno al otro, cuando uno de ellos descubre una puerta grande. Con las últimas fuerzas empujan la puerta, esta se abre fácilmente y son arrastrados por el agua hacia dentro, enseguida la puerta se cierra sola. El agua desaparece absorbida por la tierra, Matías y Alberto se ponen de pie y quedan impresionados mirando a sus alrededores.
Han entrado en una finca en donde hay un jardín muy grande, lleno de una variedad de plantas y flores. Al frente se ve un majestuoso palacio. El camino que va hasta el palacio está hecho con piedras labradas a mano y a los dos lados del camino lo adornan unas preciosas estatuas de animales de la zona como: pumas; lobos; cóndores; etc.
La ropa de los niños que la tenían mojada rápidamente se está secando. Poco a poco van avanzando hacia el palacio y llegan primero a un patio. En el centro del patio hay una pila en forma de un volcán, por su cráter echa agua que se desliza por sus paredes hasta el suelo y se va por una acequia para el regadío de las plantas. Ya están en la puerta de la entrada al palacio, la tocan y esta se abre sola. No aparece ninguna persona.
_ ¡Buenos días!.. ¿Hay alguien aquí?- Gritan los niños, pero nadie contesta. Entran en el palacio y llegan a una sala muy bien decorada, al frente tiene una chimenea y sobre ella un reloj grande que marca las doce en punto. Tanto en las paredes de la fachada como en el interior del palacio hay unos candiles, es de día por lo tanto están apagados. Un poco más adentro está el comedor y en la mesa está puesto: Dos platos; dos cucharas y dos pilches. En el centro está una bandeja de barro con: Dos cuyes asados y papas con salsa de maní. Para beber hay chicha en una jarra, “la chicha está dulce y suave ideal para niños”. Un frutero hecho con totoras está lleno de: Manzanas; peras; duraznos; etc. Todo está listo como si sabían de la llegada de los niños.
Matías y Alberto vuelven a llamar._ Hola… ¿Hay alguien aquí?- No contesta nadie, solo se escucha el sonido de las manecillas del reloj. Se han sentado en sus respectivas sillas a esperar a que alguien aparezca, pero nada no hay nadie. El reloj ya marca la una en punto y los niños tienen mucha hambre que les resulta difícil resistir y empiezan a comer.
Matías._ La comida está sabrosa.
Alberto._ ¿Quién cocinará?
Matías._ Después de comer buscaremos a las personas que viven aquí.
Terminan de comer y van recorriendo el palacio, en el segundo piso están los dormitorios bien decorados y las camas tendidas listas para dormir. En el dormitorio principal hay una puerta que da acceso a una terraza, desde donde se contempla la hermosura del jardín. No encuentran a ninguna persona y vuelven a la sala.
Caminan hacia el fondo y descubren una puerta que da salida a la parte de atrás del palacio. Allí encuentran un huerto de plantas frutales: manzanas; peras; duraznos; etc. Todas las plantas están bien cargadas. Van recorriendo el huerto caminando bajo las plantas, una que otra fruta han cogido para comer. Está empezando a obscurecer y deciden regresar al palacio, los candiles se han encendido. Se dirigen al comedor para merendar lo que sobraron del almuerzo y se encuentran que la merienda está en la mesa para dos personas, igual que a medio día, ahora tienen caldo de gallina y un rico dulce de zambo. Matías y Alberto no salen del asombro, no encuentran a ninguna persona pero la merienda está lista.
_ ¡Gracias por la merienda!- Gritan los niños y empiezan a merendar. Después se dirigen a la sala, en la estantería hay muchos libros cada cual toma uno para leer. Han terminado de leer los libros, el reloj marca las diez de la noche y los candiles se van apagando lentamente.
Matías y Alberto antes que los candiles se apaguen totalmente se dirigen a un dormitorio que tiene dos camas para dormir. La noche ha transcurrido en completo silencio, han descansado bien y se levantan muy animados. Se asean y se dirigen al comedor en donde encuentran el desayuno listo en la mesa, dos tazas de chocolate bien calientito y máchica en una vasija de barro. Con la mezcla del chocolate y la máchica se hace el “chapo”, un desayuno muy nutritivo.
Después de desayunar salen a dar un paseo por el jardín, quieren entretener en algo pero no hay nada que hacer, ni siquiera hay una sola mala hierba para arrancar. Solo cortan un poco de flores y lo llevan poner en un pondo de barro que está a un lado de la chimenea. Luego se van para el huerto, allí está igual que los jardines, no tienen nada que hacer, recoger frutas no hace falta, en la mesa del comedor hay suficientes, solo cogen unas pocas para matar el hambre.
Regresan pronto a la sala, cogen un par de libros y van a leer en el comedor, quieren ver quien prepara la comida. Matías y Alberto se encuentran con la sorpresa, la o él cocinero se les adelantado, la comida ya está en la mesa, ahora tienen mote con fritada y la rica chicha. Es pronto para almorzar así que deciden leer los libros hasta que sea la hora.
Ahora sí averiguarán quién hace la comida, cogen más libros y se van a leer en el comedor. El reloj marca las siete en punto, empieza a obscurecer y los candiles se van encendiendo solos. Pero ahí no aparece ninguna persona. Las horas siguen avanzando y el reloj ya marca las nueve en punto y nadie ha venido a preparar la merienda. Matías y Alberto antes de que se apaguen los candiles meriendan algunas frutas que están en el frutero y se van a dormir.
Al día siguiente se levanta con mucha hambre y después de asearse se dirigen al comedor. El desayuno está listo en la mesa igual que ayer.
Matías._ Aquí no hay nadie que nos ayude, tenemos que ver la forma de salir.
Alberto._ ¿Y cómo vamos a salir? Si abrimos la puerta entrará el agua de la laguna, y nos inundará.
Han cogido algunas frutas, se llevan para mostrar a sus amigos que han estado en el fondo de la laguna y deciden abandonar el lugar. Salen del palacio y caminan con dirección a la puerta que da a la laguna, allí se detienen un momento y regresan a ver las maravillas que dejan atrás.
Matías._ Es un hermoso palacio, si pudiéramos salir de aquí y regresar de vez en cuando sería genial.
Alberto._ Es bonito, pero ahora mismo prefiero estar en la casa con mi familia.
Matías._ Yo también extraño a mi familia, vamos abriremos la puerta.
Despacio abren la puerta que da a la laguna y observan que una vertiente nace tras de la puerta y su agua se dirige hacia arriba.
Matías._ ¡Es extraño el agua no se mete! Esta laguna sí que está encantada.
Alberto._ ¿Y cómo llegaremos hasta la superficie?
Matías._ No sabemos hasta donde llega está corriente, pero no tenemos otra alternativa.
Los niños toman aire y a la vez se introducen en la corriente, con la esperanza de que les lleve a la superficie. La puerta se ha cerrado y ellos se dejan arrastrar por la corriente y en pocos segundos están en la superficie, tienen que nadar un poco para alcanzar la orilla. En la superficie está igual que el día que se hundieron, no había más personas que ellos y ahora tampoco. La ropa la tienen mojada, se quitan y lo extienden sobre las hierbas para que se seque, como hace un fuerte sol no tarda mucho en secar y emprenden el camino hacia sus casas.
En el palacio han dormido dos noches, pero fuera se dan cuenta que sigue siendo el mismo día domingo, porque los niños pequeños todavía están jugando en el parque. Ya en casa Matías y Alberto les cuentan la aventura a sus padres.
Matías._ Hemos estado en el fondo de la laguna y allí encontramos un hermoso palacio.
Padres._ Ya les dijimos que no se metan muy adentro del agua, porque esa laguna está encantada.
Alberto._ Como muestras trajimos estas frutas.- Buscan en los bolsillos pero no están han desaparecido.
Matías._ Debieron haber caído en la corriente del agua.
Padres._ Bueno niños tienen que irse a bañar para que mañana vayan a clases.
En la escuela lo cuentan a sus compañeros y ellos tampoco les creen.
Matías y Alberto._ Si no nos creen no importa, nosotros sabemos que ese palacio existe, ya veremos la forma de regresar al fondo de la laguna y volver a vivir en el palacio encantado.
Noé Navas Lascano. Santa Lucia, 29/07/2012
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