charlie ía
tru váyolens
fingir
que lo que sucede
realmente no sucede
que no me importa,
cuando de hecho me jode tanto
como a la familia de un obrero
no llegar a fin de mes:
fingir
siempre resulta
un gran vergueo.
es evidente que
hoy por ejemplo, no he logrado
salirme con la mía.
no he podido perderla de vista
ni por el más
mediocre
de los momentos:
dudo
que los muertos de hambre
de la ciudad amurallada
se fueran por las ramas
para llegar al cielo.
viene a cuento
todo esto
puesto que ya que parece
que este país de ícaros se va a la verga,
vale la pena sentarse un rato
tranquilamente
a coquetear
con todo aquello que se escapa
totalmente de nuestro control.
¿acaso me esperará
afuera de la casa en llamas?
no soy de los que se mueven
por los pies de la dulzura,
ni por la cosmética de putisgram
que jamás acierta
identificando
a las verdaderas diosas.
cuando tenés los huevos
de soñar una y otra vez
con caminar
entre las ruinas del espanto,
mejor no perder de vista
la boquita de una tipa joven
a la que uno no debería
ponerle los ojos encima
así de pronto.