Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa

El verano se asoma distraído
al alféizar oculto por la yedra,
bajo un sol de justicia no se arredra
la que arraiga en la cepa de mi nido.
Tras la glauca cortina su latido
le deshoja las sombras a la piedra
que amuralla esa estancia donde medra
la quietud lacerante del olvido...
Con el tiempo, forjada por el llanto
de la aurora, tornó su verde rama
en bardal de sombrío desencanto
mientras brota el recuerdo, mientras brama,
a través del acodo de su manto,
la minúscula flor de la retama.
¿Qué será de sus pétalos en llama
sin la lluvia engarzada en cada estambre?
¿Cómo vive, muriéndose de hambre
si es sin duda, veneno lo que äma?
No marchitan los sueños aunque ciega
la noche llega
falta de luna,
sin luz alguna
busca cobijo
en quien maldijo
amarrando en lo hiriente del sarmiento
una lira inspirada en su tormento...
Escríbeme en el viento
algún poema nunca susurrado
que al borde de mi aliento
inspire lo granado
que aún me resta; ¡amor desventurado!
Que sean hoy cimiento
los pulsos que se entintan al dictado
sintiendo en el momento
que estoy al otro lado;
¡la yedra que se enreda a tu costado!
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