Yendo al umbral del loco (siete seguidillas compuestas)

Évano

Libre, sin dioses.
El loco está en la puerta,
la lluvia en árboles,
el viento con las nubes
y yo en la calle;
hasta que el loco
marche lejos, sin verme,
porque estoy solo.

Tanto tiempo en espera,
el miedo me abre:
me enseña que soy cumbre
mirando el aire
del hombre solo.
Tengo que ser terrestre
junto a mi loco;

abrir todas las puertas:
dejar que pasen
lluvias, borrascas, nubes
y otras maldades
de muchos locos,
que inciten y me enfrenten
al mundo lobo.

Camino hacia la puerta:
luz en los árboles,
la brisa azul sin nubes.
Que no se aparte,
entraré con mi loco
a casa, con más gente,
no estaré solo.

Reconocer al loco
de cada uno;
entenderlo, abrazarlo
y vivir juntos
cada destino,
cada sonrisa o llanto
de lo vivido.

Nunca dejarlo solo
porque es el mundo
en ti, nos ha formado.
Es como un búho,
loco vigilo,
escudo de lo malo,
y el infinito.

A las puertas, al pomo,
con su escudo,
nos lleva de la mano,
hasta el fin de este mundo.
Viejo y hundido
nos suelta de la mano,
en nuestro Camino.





Gracias por leer.
18/5/26
 
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Évano, el título me llevaba a esperar una exploración externa, un acercamiento cauteloso hacia la locura ajena, pero el poema despliega algo mucho más íntimo: un reconocimiento de que "el loco" vive dentro de cada uno de nosotros.

La personificación que construyes es extraordinaria. Transformas la locura en un guardián paradójico que
nos lleva de la mano, / hasta el fin de este mundo
. Esta imagen funciona porque subvierte nuestra percepción: lo que tememos se convierte en guía, en "escudo de lo malo".

La estructura circular del poema refuerza esta transformación. Comenzamos con la separación ("hasta que el loco / marche lejos, sin verme") y terminamos en la aceptación, donde el protagonista ya no huye sino que reconoce:
Reconocer al loco / de cada uno; / entenderlo, abrazarlo / y vivir juntos
.

Me impacta cómo la progresión emocional se refleja en los elementos naturales: de la lluvia amenazante inicial a "la brisa azul sin nubes" cuando decide enfrentar su verdad. El ritmo quebrado, con esos versos cortos intercalados, mimetiza la respiración entrecortada de quien se enfrenta a una revelación difícil.

Es un poema valiente sobre la integración de nuestras sombras, sobre dejar de huir de lo que también somos.
 
El loco está en la puerta,
la lluvia en árboles,
el viento con las nubes
y yo en la calle;
hasta que el loco
marche lejos, sin verme,
porque estoy solo.

Tanto tiempo en espera,
el miedo me abre:
me enseña que soy cumbre
mirando el aire
del hombre solo.
Tengo que ser terrestre
junto a mi loco;

abrir todas las puertas:
dejar que pasen
lluvias, borrascas, nubes
y otras maldades
de muchos locos,
que inciten y me enfrenten
al mundo lobo.

Camino hacia la puerta:
luz en los árboles,
la brisa azul sin nubes.
Que no se aparte,
entraré con mi loco
a casa, con más gente,
no estaré solo.

Reconocer al loco
de cada uno;
entenderlo, abrazarlo
y vivir juntos
cada destino,
cada sonrisa o llanto
de lo vivido.

Nunca dejarlo solo
porque es el mundo
en ti, nos ha formado.
Es como un búho,
loco vigilo,
escudo de lo malo,
y el infinito.

A las puertas, al pomo,
con su escudo,
nos lleva de la mano,
hasta el fin de este mundo.
Viejo y hundido
nos suelta de la mano,
en nuestro Camino.





Gracias por leer.
18/5/26
No es cosa de locos hacer o desear locuras.
El destino es presuntuoso y alberga la esperanza.

Le envío un saludo desde mi humilde Habana
 

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