Marcelo Pavón Suárez
Vasto
Yesterday
Deberían verla cuando está triste,
sus cejas son como dos brazos
que quieren recogerle el llanto.
Es una postal el cuarto,
ella
llorando
yo, orando
para calcular justo
el momento en que le echo
mi abrazo encima
para que no sea tarde
y tenga poco efecto
o que no sea
lo suficientemente
temprano
y que me mande a la mierda.
Su llanto está lleno de maYo
y mi espera, de maElla,
juntos somos la melancolía perfecta,
un jueves plomizo
en el café Flore
del Boulevard Saint-Germain,
(si me permiten la metáfora,
y obviamente la sacáfora,
ya que estamos).
Si vieran ustedes,
ella con los ojos intermitentes
como si irían a quemarse
y yo intentando cambiar
la bombilla,
cuidando
que la luz no se apague
y me deje a oscuras
el alma,
y tenga que comer las sombras
y las sobras
del orgullo
igual que una paloma
en la plaza “Yaestardeahí”
Deberían verla cuando está triste,
sus cejas son como dos brazos
que quieren recogerle el llanto.
Es una postal el cuarto,
ella
llorando
yo, orando
para calcular justo
el momento en que le echo
mi abrazo encima
para que no sea tarde
y tenga poco efecto
o que no sea
lo suficientemente
temprano
y que me mande a la mierda.
Su llanto está lleno de maYo
y mi espera, de maElla,
juntos somos la melancolía perfecta,
un jueves plomizo
en el café Flore
del Boulevard Saint-Germain,
(si me permiten la metáfora,
y obviamente la sacáfora,
ya que estamos).
Si vieran ustedes,
ella con los ojos intermitentes
como si irían a quemarse
y yo intentando cambiar
la bombilla,
cuidando
que la luz no se apague
y me deje a oscuras
el alma,
y tenga que comer las sombras
y las sobras
del orgullo
igual que una paloma
en la plaza “Yaestardeahí”
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