eugenio marcos oteruelo
Poeta recién llegado
Yo abrazo
Yo abrazo la vida,
las mañanas de incertidumbre,
las tardes que me esperan con el hacha de fuego.
Abrazo los sueños y las montañas que vienen contra mí; Sólo una luna coja besa mis pies de niño.
Abrazo a los pastores que nacían a las cañadas creando un universo de esperanza en la memoria del viento; regresaban tardíamente, exhaustos ,con silencio de ojos, la mochila vacía y el corazón desgastado; yo los abrazo.
Abrazo mi tiempo primero, tiempo de infancia escalando cobertizos de paja; las chicas llevaban lunas de te en la falda plisada. En los murmullos de la tarde se hacía un hueco para romper la inocencia.
Yo abrazo la semilla caída en tierra reseca, escasamente fértil , los hombres de otro tiempo mimaban su postura hasta ser espiga y ser grano y ser pan en la boca herida de humildad.
Abrazo la mano alargada sobre las cicatrices del mendigo y su mirada agradecida, aquel día ya no se llamaría hambre.
Prosiguen las campanas tocando a fiesta y la verdad se pudre en las esquinas. El olvidado lleva todas las derrotas en sus ojos empapelados de tristeza.
Yo abrazo en el dolor y resignación a los hijos de la sombra, que han visto despeñarse por los acantilados más oscuros los recuerdos más limpios; se quedan sin mundo, se quedan sin nombre para preguntar por un beso.
Abrazo a los poetas que cuelgan metáforas en la frente de prestidigitadores, lágrimas en los cuarteles del hambre y en las nubes blancas anudan pajaritas de papel.
A los inventores de palabras, por versar la tierra y la luz
Poetas, que en su última estrofa, buscaron un amanecer que nunca llegó, la ausencia escribía sus límites; imitando a Juan Ramón: me voy pero los pájaros seguirán cantando.
A ellos los abrazo con la tinta roja de mis venas.
eugenio/León, Abril 2013
Yo abrazo la vida,
las mañanas de incertidumbre,
las tardes que me esperan con el hacha de fuego.
Abrazo los sueños y las montañas que vienen contra mí; Sólo una luna coja besa mis pies de niño.
Abrazo a los pastores que nacían a las cañadas creando un universo de esperanza en la memoria del viento; regresaban tardíamente, exhaustos ,con silencio de ojos, la mochila vacía y el corazón desgastado; yo los abrazo.
Abrazo mi tiempo primero, tiempo de infancia escalando cobertizos de paja; las chicas llevaban lunas de te en la falda plisada. En los murmullos de la tarde se hacía un hueco para romper la inocencia.
Yo abrazo la semilla caída en tierra reseca, escasamente fértil , los hombres de otro tiempo mimaban su postura hasta ser espiga y ser grano y ser pan en la boca herida de humildad.
Abrazo la mano alargada sobre las cicatrices del mendigo y su mirada agradecida, aquel día ya no se llamaría hambre.
Prosiguen las campanas tocando a fiesta y la verdad se pudre en las esquinas. El olvidado lleva todas las derrotas en sus ojos empapelados de tristeza.
Yo abrazo en el dolor y resignación a los hijos de la sombra, que han visto despeñarse por los acantilados más oscuros los recuerdos más limpios; se quedan sin mundo, se quedan sin nombre para preguntar por un beso.
Abrazo a los poetas que cuelgan metáforas en la frente de prestidigitadores, lágrimas en los cuarteles del hambre y en las nubes blancas anudan pajaritas de papel.
A los inventores de palabras, por versar la tierra y la luz
Poetas, que en su última estrofa, buscaron un amanecer que nunca llegó, la ausencia escribía sus límites; imitando a Juan Ramón: me voy pero los pájaros seguirán cantando.
A ellos los abrazo con la tinta roja de mis venas.
eugenio/León, Abril 2013
Última edición: