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Poeta asiduo al portal
Que iba a pensar jesus el iracundo, al echar a los comerciantes de la casa del señor, que hoy en día celebraríamos su nacimiento, rendidos, casi de rodillas a esos mismos comerciantes, implorando por ofertas y llorando por quienes no puede comprales. !vaya¡ que ironia.
Yo creo que bajo una gran lluvia de estrellas
dispersadas en el cielo
como si hubiera un gran concierto,
con la música del viento
y si nubes ocultando
la belleza de este acto,
llegó el Niño a nuestro encuentro.
Yo creo que el desconcierto
causó miedo entre los hombres,
incrédulos ante un mundo
de milagros y misterios,
que se ocultan bajo el cielo,
para luego revelarse en un lucero
y hacernos más creyentes
de esa mística del cielo.
Yo creo que fue la luna con su risa
que guió a los reyes magos
al pesebre en donde el Niño,
ya dormía como un rey,
y al mirarlo ellos pensaron,
que al crecer le enseñarían
toda magia para hacerlo
uno más entre los tres,
más la magia de ese Niño,
los volvió seres divinos.
Yo creo que una noche María
despertó y sintió que el niño
caminaba hacia su seno,
se sentó y con todo a oscura,
abrió sus brazos con dulzura,
y una luz en su semblante,
alumbro por un instante,
el camino hacia esos brazos.
Yo creo que un día José,
le obsequio al Niño una estrella,
tallada de un madero,
tuvo el Niño miedo de perderla
y la colgó en el firmamento,
hoy sentado en esa estrella,
nos observa y nos escucha,
si le hablamos con la fuerza,
que nos mueve el corazón.
Yo creo que bajo una gran lluvia de estrellas
dispersadas en el cielo
como si hubiera un gran concierto,
con la música del viento
y si nubes ocultando
la belleza de este acto,
llegó el Niño a nuestro encuentro.
Yo creo que el desconcierto
causó miedo entre los hombres,
incrédulos ante un mundo
de milagros y misterios,
que se ocultan bajo el cielo,
para luego revelarse en un lucero
y hacernos más creyentes
de esa mística del cielo.
Yo creo que fue la luna con su risa
que guió a los reyes magos
al pesebre en donde el Niño,
ya dormía como un rey,
y al mirarlo ellos pensaron,
que al crecer le enseñarían
toda magia para hacerlo
uno más entre los tres,
más la magia de ese Niño,
los volvió seres divinos.
Yo creo que una noche María
despertó y sintió que el niño
caminaba hacia su seno,
se sentó y con todo a oscura,
abrió sus brazos con dulzura,
y una luz en su semblante,
alumbro por un instante,
el camino hacia esos brazos.
Yo creo que un día José,
le obsequio al Niño una estrella,
tallada de un madero,
tuvo el Niño miedo de perderla
y la colgó en el firmamento,
hoy sentado en esa estrella,
nos observa y nos escucha,
si le hablamos con la fuerza,
que nos mueve el corazón.
Edú Palacios