pablo7972
Poeta que considera el portal su segunda casa
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Yo también te ofrecería
ese banco de piedra sin brazos
donde el granito aún muestra los veteados
filones carmín de sus ramas por látigo,
abrazándonos,
desgastados sus colmillos de cuarzo
por mares que sobre él descansan desairados,
atraídos por tu mirada con aire de perdón
junto a los guiños de mica nacarados
acompañando el largo vuelo de las pupilas
sin brillo sobre desiertos pero con fulgor
que solo la poesía como áureo torrente bañó.
Yo también te sentaría en el pétreo regazo
de una ola congelada por mi mirada,
sostenida como la cara
del olvido al que planté y mudé rostro;
hablaría el lenguaje de las cándidas brisas
que en otoño resurgen para entibiar las manos
y enfría el estío hasta helarlas con su canícula
más pondría sin azar desde mis labios rotos
una inmensa sonrisa para ti reconstruida.
Yo también atraparía la golondrina
asestada a la gravedad como un ángel
por el vigor innato y desmán del águila
hasta ocupar las llanuras dilatadas de tu mano,
espaciando su plumada niebla sobre el paisaje
que enseña a viandantes tus sendas de polvo y tierra
por donde yo gustoso andaría, que yo querría
recorrer cien veces para confundirlas, redimirlas...
y que no más pasos dirigieran
nuestras vidas a las cuencas de la tristeza.
Yo también te ofrecería
ese banco de piedra sin brazos
donde el granito aún muestra los veteados
filones carmín de sus ramas por látigo,
abrazándonos,
desgastados sus colmillos de cuarzo
por mares que sobre él descansan desairados,
atraídos por tu mirada con aire de perdón
junto a los guiños de mica nacarados
acompañando el largo vuelo de las pupilas
sin brillo sobre desiertos pero con fulgor
que solo la poesía como áureo torrente bañó.
Yo también te sentaría en el pétreo regazo
de una ola congelada por mi mirada,
sostenida como la cara
del olvido al que planté y mudé rostro;
hablaría el lenguaje de las cándidas brisas
que en otoño resurgen para entibiar las manos
y enfría el estío hasta helarlas con su canícula
más pondría sin azar desde mis labios rotos
una inmensa sonrisa para ti reconstruida.
Yo también atraparía la golondrina
asestada a la gravedad como un ángel
por el vigor innato y desmán del águila
hasta ocupar las llanuras dilatadas de tu mano,
espaciando su plumada niebla sobre el paisaje
que enseña a viandantes tus sendas de polvo y tierra
por donde yo gustoso andaría, que yo querría
recorrer cien veces para confundirlas, redimirlas...
y que no más pasos dirigieran
nuestras vidas a las cuencas de la tristeza.
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