G. Sarmiento
Poeta asiduo al portal

Si te sirve de consuelo,
yo también caí de un cielo
y cargué con un pesar.
Me lamí la amarga herida
que nos causa toda vida
y puse en rumbo mi andar.
Tan antiguo como el mundo,
me adueñé de ese segundo
y de su oportunidad.
No dejé que el desaliento
malograse el nuevo intento,
ni arruinara mi verdad.
Lo que fui, también lo llevo,
añadiéndole lo nuevo
y restando soledad.
Cada paso, cada verso,
colorea este universo
y predica una beldad.
No me muero por tus huesos,
ni suplico por los besos,
porque me duele rogar.
Te adelanto ahí los míos,
curtidos en desvaríos,
por si quieres desvariar.
Y si así no consiguiera
que tu amor al mío quiera,
quiéreme por mi cantar.
Pues el canto es como el vino
y genera un desatino
que nos permite atinar.
G.S.A.
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