Miguel Mercurio
Poeta recién llegado
Te esperé como las rosas
aguardan al sol de mayo,
como el que ansía la brisa
fresca del alba en verano,
cual inocente chiquillo
que anhela con fe un regalo.
Desnudo acudí a la fiesta
de la vida en tus abrazos,
mas sólo pude probar
sorbos de un licor amargo
y sentir al cruel vacío
tomándome de las manos
para empujarme a una sima
donde caí envuelto en llanto.
Yo te esperaba, mujer.
Te esperé durante tantos
días y horas y semanas
y noches y meses y años
hasta que no quedó ni ave,
ni árbol, ni amigo a mi lado
y a las hogueras del tiempo
di mi cuerpo como pasto.
Yo te esperaba, mujer.
Y nunca nos encontramos.
Mujer, yo a ti te esperaba
y te seguiré esperando.
aguardan al sol de mayo,
como el que ansía la brisa
fresca del alba en verano,
cual inocente chiquillo
que anhela con fe un regalo.
Desnudo acudí a la fiesta
de la vida en tus abrazos,
mas sólo pude probar
sorbos de un licor amargo
y sentir al cruel vacío
tomándome de las manos
para empujarme a una sima
donde caí envuelto en llanto.
Yo te esperaba, mujer.
Te esperé durante tantos
días y horas y semanas
y noches y meses y años
hasta que no quedó ni ave,
ni árbol, ni amigo a mi lado
y a las hogueras del tiempo
di mi cuerpo como pasto.
Yo te esperaba, mujer.
Y nunca nos encontramos.
Mujer, yo a ti te esperaba
y te seguiré esperando.