solano b
Poeta recién llegado
Morir y sonreír es lo mismo ya en mi vientre humano,
Amar y no amar
Es lo mismo ya en este mundo
Por estar soñando.
Y nadie ve a los soñadores de la tierra cuando miran,
Sólo ven semáforos
Y rutas de oficina.
Y yo más solitaria aún me oscurezco y estremezco
De piedad madura
Y de lágrimas burbujas.
Y paseo sin decoro
Entre las nubes que me cubren de existencia.
Yo, una de las últimas soñadoras de la tierra.
Y nadie nota mi presencia
Sólo el volumen de mi cuerpo.
Y nadie siente el aroma que me empapa
con cadencias.
Paso, y soy opaca entre las calles
De avisos fosforescentes del mercado,
Paso, y soy silencio en el grito aullante
De la ciudad vociferando
Un rayo.
Y soy invisible ante tus ojos,
Amor de los rincones humanos.
Pasas, y no me escuchas cuando te invoco
Con mis labios.
Te vas con el gentío que te ansía
En sus establos,
E ignoras mi altar siempre puro.
Y tú, mi amado, pasas y sólo miras plásticos,
Papeles que ordeñar
Con ternura en tus horarios.
Limpias tus gafas con tu aliento funerario
Y no vives en mí.
Pasa por tu lado el tren de la dicha
Hacia mis brazos
Y tú vas a otro sentido.
Siempre a prisa entre titiriteros hilos.
Y yo, una de las últimas soñadoras de la tierra,
Abro mis alas y lastimo el fierro de la civilización
Sin respuesta.
Extiendo mi cántaro de seda
Y nadie bebe mi agua en manantial de voces.
Sólo me confunden con un triste mendigo
entre las multitudes.
Y arrojan ahí su desprecio de oro.
Amar y no amar
Es lo mismo ya en este mundo
Por estar soñando.
Y nadie ve a los soñadores de la tierra cuando miran,
Sólo ven semáforos
Y rutas de oficina.
Y yo más solitaria aún me oscurezco y estremezco
De piedad madura
Y de lágrimas burbujas.
Y paseo sin decoro
Entre las nubes que me cubren de existencia.
Yo, una de las últimas soñadoras de la tierra.
Y nadie nota mi presencia
Sólo el volumen de mi cuerpo.
Y nadie siente el aroma que me empapa
con cadencias.
Paso, y soy opaca entre las calles
De avisos fosforescentes del mercado,
Paso, y soy silencio en el grito aullante
De la ciudad vociferando
Un rayo.
Y soy invisible ante tus ojos,
Amor de los rincones humanos.
Pasas, y no me escuchas cuando te invoco
Con mis labios.
Te vas con el gentío que te ansía
En sus establos,
E ignoras mi altar siempre puro.
Y tú, mi amado, pasas y sólo miras plásticos,
Papeles que ordeñar
Con ternura en tus horarios.
Limpias tus gafas con tu aliento funerario
Y no vives en mí.
Pasa por tu lado el tren de la dicha
Hacia mis brazos
Y tú vas a otro sentido.
Siempre a prisa entre titiriteros hilos.
Y yo, una de las últimas soñadoras de la tierra,
Abro mis alas y lastimo el fierro de la civilización
Sin respuesta.
Extiendo mi cántaro de seda
Y nadie bebe mi agua en manantial de voces.
Sólo me confunden con un triste mendigo
entre las multitudes.
Y arrojan ahí su desprecio de oro.