viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mis manos, mis dedos,
mis uñas, mi resto del mundo.
Mi cuello, mis labios,
mis ojos, todo lo que miro.
Mi cuerpo, mis vísceras,
mis huesos, universo secreto.
Mis bíceps, mis brazos,
mis hombros, sujetando la vida.
Mi madre, mi mujer,
mis hijas, eternidad consumada.
Mi barrio, mi casa,
mi cama, centro de operaciones.
Como la punta metálica
de un compás,
clavada en la orbe que me envuelve.
Fin y principio del todo.
Sólo yo, no soy mío.
Y el destino me arranca
todas las propiedades,
y me desnuda bruscamente
abandonando los despojos,
que son unos ojos asustados
contemplando el transcurrir ajeno.
Con la estricta complicidad
del raudo existir.
Con el don efímero y exhausto
de la única posesión rescatada.
La muerte, íntima,
abismalmente propia.
Lo único realmente nuestro
nos distingue de los dioses.
mis uñas, mi resto del mundo.
Mi cuello, mis labios,
mis ojos, todo lo que miro.
Mi cuerpo, mis vísceras,
mis huesos, universo secreto.
Mis bíceps, mis brazos,
mis hombros, sujetando la vida.
Mi madre, mi mujer,
mis hijas, eternidad consumada.
Mi barrio, mi casa,
mi cama, centro de operaciones.
Como la punta metálica
de un compás,
clavada en la orbe que me envuelve.
Fin y principio del todo.
Sólo yo, no soy mío.
Y el destino me arranca
todas las propiedades,
y me desnuda bruscamente
abandonando los despojos,
que son unos ojos asustados
contemplando el transcurrir ajeno.
Con la estricta complicidad
del raudo existir.
Con el don efímero y exhausto
de la única posesión rescatada.
La muerte, íntima,
abismalmente propia.
Lo único realmente nuestro
nos distingue de los dioses.