Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
La droga más dura soportable por el hombre es saberse Dios. Demostrar no solo a Dios, sino demostrar también que eres Dios. Esto me hierve la sangre y me pone de mala leche.
Está bien, vamos allá.
Yo soy Dios porque si demostrara que soy Dios ya no estaría aquí.
O sí, y me la sudarían todas vuestras perversas intenciones.
Pero para todo ello no es preciso inyectarse heroína en vena, o fumarla en base como base de un nuevo orden mundial.
Cuando uno realmente se queda a solas, completamente a solas, se le da por pensar en los consejos de la gente allegada a él.
Yo no.
A mí se me da por pensar cuánto de enfermizo, pecaminoso o real, hay en mis letras.
Un pecado sin consciencia…¿Es un pecado?
No profeso fe en Dios.
Profeso fe en que yo sea Dios, lo único que puede darle sentido a todo esto.
Mmmm.
Pero realmente… ¿Sería lo único que puede darle sentido a todo?
De aquí se abren incontables interrogantes, por no decir todos.
Por no decir que me quedo en bolas y me pilláis en tanga.
Y es que todo me pilla en tanga en semejante situación, incluidos una mancha en el suelo, un adoquín levantado, o el efecto de doblar una esquina.
El hecho de no saber de qué hablar.
De creerme alguien especial, con una misión especial.
Mis miedos van en aumento.
Están llegando a un punto insostenible.
Si no me quieren aquí, que me lo digan, ¿no?
Siempre vuelvo a mi naturaleza, o a lo que quiera que sea esto.
Abrir mi mente.
Vestir a Dios de capa y sombrero.
Veamos… ¿Soy Dios?
Menuda duda.
¿Fruto de la inconsciencia?
No.
¿Fruto de qué?
¿De pedirle peras al olmo?
Se ha reabierto el debate, y nadie cree que yo sea Dios.
¿Ni siquiera yo?
¿Quién escribe?
Ricardo, Ricardito, ¿qué esperas de la vida?
Esto no es vida.
Pero bien, podemos darle la vuelta.
No pienso sufrir un ápice por mi estilo.
Solo el hecho de creer que soy Dios, lo manda a tomar por culo.
Soy Dios. Creételo, Ricardo.
Nunca dudes de ello.
Solo el hecho de hacerlo, te hará creer que echas algo en falta.
No eres Ricardo, porque no querías ser Ricardo.
Ahora que han desaparecido todas las ilusiones, ves a Dios por lo que realmente es.
Creías que era tu mejor amigo, pero en verdad es tu peor enemigo.
Ya estás listo para disfrutar del resto de tu vida, libre de esa asquerosa pesadilla.
¿No es fantástico?
Recuerda que en los próximos días sentirás el síndrome de abstinencia, pero si sigues las instrucciones, será tan leve, que apenas lo notarás.
Ya eres libre, enhorabuena.
Recuerda, a todos los Ricardos les gustaría estar en tu lugar.
Nunca dudes de tu decisión, sabes que es la correcta.
Está bien, vamos allá.
Yo soy Dios porque si demostrara que soy Dios ya no estaría aquí.
O sí, y me la sudarían todas vuestras perversas intenciones.
Pero para todo ello no es preciso inyectarse heroína en vena, o fumarla en base como base de un nuevo orden mundial.
Cuando uno realmente se queda a solas, completamente a solas, se le da por pensar en los consejos de la gente allegada a él.
Yo no.
A mí se me da por pensar cuánto de enfermizo, pecaminoso o real, hay en mis letras.
Un pecado sin consciencia…¿Es un pecado?
No profeso fe en Dios.
Profeso fe en que yo sea Dios, lo único que puede darle sentido a todo esto.
Mmmm.
Pero realmente… ¿Sería lo único que puede darle sentido a todo?
De aquí se abren incontables interrogantes, por no decir todos.
Por no decir que me quedo en bolas y me pilláis en tanga.
Y es que todo me pilla en tanga en semejante situación, incluidos una mancha en el suelo, un adoquín levantado, o el efecto de doblar una esquina.
El hecho de no saber de qué hablar.
De creerme alguien especial, con una misión especial.
Mis miedos van en aumento.
Están llegando a un punto insostenible.
Si no me quieren aquí, que me lo digan, ¿no?
Siempre vuelvo a mi naturaleza, o a lo que quiera que sea esto.
Abrir mi mente.
Vestir a Dios de capa y sombrero.
Veamos… ¿Soy Dios?
Menuda duda.
¿Fruto de la inconsciencia?
No.
¿Fruto de qué?
¿De pedirle peras al olmo?
Se ha reabierto el debate, y nadie cree que yo sea Dios.
¿Ni siquiera yo?
¿Quién escribe?
Ricardo, Ricardito, ¿qué esperas de la vida?
Esto no es vida.
Pero bien, podemos darle la vuelta.
No pienso sufrir un ápice por mi estilo.
Solo el hecho de creer que soy Dios, lo manda a tomar por culo.
Soy Dios. Creételo, Ricardo.
Nunca dudes de ello.
Solo el hecho de hacerlo, te hará creer que echas algo en falta.
No eres Ricardo, porque no querías ser Ricardo.
Ahora que han desaparecido todas las ilusiones, ves a Dios por lo que realmente es.
Creías que era tu mejor amigo, pero en verdad es tu peor enemigo.
Ya estás listo para disfrutar del resto de tu vida, libre de esa asquerosa pesadilla.
¿No es fantástico?
Recuerda que en los próximos días sentirás el síndrome de abstinencia, pero si sigues las instrucciones, será tan leve, que apenas lo notarás.
Ya eres libre, enhorabuena.
Recuerda, a todos los Ricardos les gustaría estar en tu lugar.
Nunca dudes de tu decisión, sabes que es la correcta.