dulcinista
Poeta veterano en el Portal
Con una canción de Yupanqui
se alimenta mi alma de pobre.
Montado sobre su alazán lo veo
de noche con su rostro de cobre.
Oigo su voz ancestral y pura
que brota del fondo de la tierra
y descanso bajo un aromo en flor
nacido en la grieta de una piedra.
En el cerro colorado su alma vive
la vida que no vivió estando vivo.
¡Oh malhaya la suerte del hombre,
nacer libre y vivir cautivo!
Es libre el hombre que nació pájaro
y cautivo quien ambiciona riqueza.
El cantor de verdad llega al corazón,
otros se quedan en la cabeza.
Eladio Parreño Elías
15-Octubre-2011
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