musador
esperando...
Me propongo en esta nota resumir y comentar dos artículos del Profesor Esteban Torre, de la Universidad de Sevilla, acerca de encuentros de vocales. Ambos artículos fueron publicados en la revista «Rhythmica», que dirigen el profesor Torre y el profesor José Domínguez Caparrós.
ZEUXIS Y AZEUXIS EN LA CONFIGURACIÓN SILÁBICA
ESTEBAN TORRE
Universidad de Sevilla
Rhythmica, IX, 2011
http://revistas.uned.es/index.php/rhythmica/article/download/13087/12066
ZEUXIS Y AZEUXIS: MÁS SOBRE VOCALES EN CONTACTO
ESTEBAN TORRE
Universidad de Sevilla
Rhythmica, XI, 2013
http://revistas.uned.es/index.php/rhythmica/article/view/13054/12044
Introducción
Ambos artículos, un poco reiterativos en sus contenidos, están dedicados básicamente a la crítica de ciertos prejuicios acerca del tema de encuentros de vocales, difundidos algunos por las publicaciones de la Real Academia acerca de gramática, otros por obra de algunos filólogos de inclinaciones preceptistas muchas veces teñidas de falta de cientificidad.
1. Zeuxis y azeuxis.
El autor propone introducir estos dos términos, derivados del griego, para referirse respectivamente a la unión (diptongos, sinalefas, sinéresis, sinafías) y a la desunión (hiatos, dialefas, diéresis) de vocales en los encuentros. Esta propuesta entraña, a mi modo de ver, diversas ideas interesantes. En primer lugar se pone, al unificar en solo dos términos opuestos los diversos conceptos, un enfoque único para el fenómeno. Fundamentalmente, deja de considerarse esencial la distinción entre encuentros dentro de una palabra y encuentros entre palabras distintas. En segundo lugar, la introducción de estos términos novedosos para referirse a fenómenos sobre los que hay tanto escrito, exigiría una puesta al día de los conceptos en el tema, es decir que la propuesta terminológica es parte de la actitud crítica del autor que, a mi modo de ver, propone partir de cero dando poco y nada por sentado en el tema.
2. Crítica de algunos prejuicios.
2.1. Acerca de los gramáticos.
Hay un asunto delicado en torno al concepto de sílaba. La gramática, muchas veces obligada por la necesidades de la educación, ha forjado una noción convencional de sílaba, desligada con frecuencia de los hechos fonéticos. La falta de claridad epistemológica en esto de los que pretenden que estas convenciones tengan consecuencias métricas lleva a ridículas distorsiones. La sílaba convencional es parte de las palabras, excluyendo por lo tanto la sinalefa, primer asunto que lleva a considerar a la sinalefa como «licencia poética» cuando es absolutamente evidente que es un fenómeno del habla cotidiana. Se establecieron criterios convencionales para la existencia o no de diptongo dentro de la palabra, por ejemplo que este no se produce en los encuentros de las vocales bajas o medias «a,e,o»; hay casos evidentes de sinéresis en el habla que contradicen esta regla, por ejemplo en palabras esdrújulas terminadas en «eo» o «ea» como «óleo» o «nívea»: resulta también abusivo tratar a este fenómeno como «licencia poética». Estos casos ilustran la dificultad epistemológica, que el autor no considera, a mi juicio, con la necesaria amplitud: las necesarias reglas ortográficas se basan en esta noción convencional de sílaba. La palabra «óleo» lleva tilde porque es, desde el punto de vista convencional, esdrújula, aunque sea bisílaba en nuestra pronunciación. Parece imposible basar la rigidez de las reglas ortográficas en la prosodia, dada la complejidad y la variabilidad de esta. Y esta rigidez parece necesaria para mantener la unidad de nuestra lengua escrita, más allá de la diversidad de sus manifestaciones fonéticas. Es un tema delicado, visto que existe también en literatura la necesidad de expresar por escrito esta variabilidad fonética, sobre todo en la literatura con fuerte color local donde la descripción de la manera de hablar de los personajes es esencial.
El autor discute diversos ejemplos de sinéresis naturales (es decir zeuxis en casos en que la gramática establece hiato convencional) y también varios casos de hiatos naturales (es decir azeuxis donde la gramática establece diptongo convencional).
Desgraciadamente la crítica del autor se basa fundamentalmente en el «Esbozo de una nueva gramática de la lengua española», (RAE, 1973), referencia muy desactualizada. El tema de la fonética y fonología ha sido encarado por la Asociación de Academias de la Lengua Española con gran profundidad en el tomo 3 de la «Nueva Gramática de la Lengua Española» (RAE, 2011), aunque en este libro fundamental el tema de los encuentros de vocales está tratado bastante someramente.
2.2. La dislocación del acento.
Tradicionalmente se ha considerado que en los diptongos que portan el acento la vocal acentuada es la más baja, haciendo extensiva esta idea a todo tipo de zeuxis. Dicho de otra manera, la ejecución de una sinalefa en la que la hay una vocal acentuada exigiría, si esta es la más alta del encuentro, una dislocación del acento (desplazándolo a la vocal más baja del encuentro) que podría alterar el significado (esta descripción del hecho figura por ejemplo en el libro de Tomás Navarro Tomás «Manual de pronunciación española» (Madrid, 1918), p.126. Esta idea ha sido usada como fundamento para propiciar el hiato en estos casos.
En mi opinión, ya que el autor no menciona este término, la alternativa para el análisis es la «elisión» de la vocal más baja, reduciendo su pronunciación a la de una vocal neutra.
Cita textualmente el autor un párrafo del «Esbozo...»:
«Otra curiosa «licencia» poética, que en este caso afecta también a
la rima, aparece en el endecasílabo de Garcilaso (Égloga I, v. 122): Y
por nuevo camino el agua SE Iba, donde se computa como una sílaba
el grupo final /éi/, con dislocación del acento, lo que no impide que
iba sea consonante de estiva. Lo mismo ocurre en Góngora (Sonetos
completos, ed. 1969, p. 27): Que a Júpiter ministra el garzón DE Ida,
verso aconsonantado en –ida a pesar de la sinalefa /éi/, o en Ponga,
pues, fin a las querellas QUE Usa (ibíd., 127), con sinalefa /éu/, pero
con rima –usa.»
Los tres casos mencionados se resuelven con una elisión natural: «s'iba»,
«d'ida», «qu´usa».
Más difícil resulta admitir la elisión en otros casos que el autor menciona:
Ver cómo se mece el árbol,
oír el hilo de la fuente...
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
Aún no nos damos por vencidos. Dicen
que se perdió una guerra. No sé nada...
BLAS DE OTERO
En el segundo verso citado de Juan Ramón Jiménez, don Juan Ramón hace sinéresis en «oír», en el primero Blas de Otero la hace en «aún». He visto a JRJ hacer sinéresis en «sonreír», que me parece más fácil como elisión: «sonr'ír». Tema polémico e interesante, veremos más adelante algunos casos tratados por Miguel Ángel Márquez. El autor afirma que en estos casos no hay desplazamiento del acento, sino una virtual desaparición de la vocal más baja frente al acento de la alta. Hay en Garcilaso varios ejemplos de sinéresis en «río», «mío», ya señalados por Fernando de Herrera como extraños (lo que permite descartar el factor histórico en la pronunciación).
2.3. ¿Son enteramente análogos los encuentros de vocales dentro de una palabra con los que hay entre palabras? El autor afirma rotundamente que sí, que el espacio entre palabras no se pronuncia y por lo tanto no juega ningún papel. Andrés Bello se preguntaba por qué resulta más fácil la unión de vocales entre palabras distintas que dentro de una palabra, dando el hecho por evidente. Tomás Navarro Tomás afirma que enlazamos las vocales del mismo modo en «de oro» y «beodo», «lo echa» y «poeta», «a esta» y «maestra», «su ave» y «suave», etc., pero sostiene que las vocales se unen con más facilidad cuando están en palabras distintas (op. cit.,p.117). Me parece que este asunto merece más atención. La claridad de la pronunciación en salvaguarda del significado podría intervenir a favor de algunas azeuxis internas de las palabras. Por supuesto no soy yo quien para esclarecer el asunto.
2.4. El autor, especialista en métrica comparada, pone mucho énfasis en destacar que la pronunciación en la poesía española es la del lenguaje coloquial. Aún admitiendo el hecho en general, sobre todo en contraste con otros casos como el del francés, creo que admite ciertos matices. Es cierto, por supuesto, que la generalidad de las zeuxis y azeuxis de la poesía son naturales, propias del lenguaje coloquial, pero no deja de haber casos que requieren una lectura esmerada por parte del ejecutante. Los acentos, factores esenciales del ritmo, son también material del énfasis en el recitado. El énfasis elabora las pausas, las pausas influyen en los encuentros de vocales.
3. ¿Un nuevo mito?
El autor argumenta basándose en la etimología, manifestada en la «conciencia lingüística del hablante», para fundamentar la imposibilidad de ciertas azeuxis, por ejemplo en las palabras «bien» y «bueno». Sin duda la paleontología lingúística es un asunto interesante, pero parece dudoso que sus trazas se expresen directamente en la conciencia lingüística del hablante común: más bien es de creer que se expresen en la ortografía de las palabras, en la disposición de las vocales y consonantes. Este aspecto, el de la influencia del contexto cercano en las azeuxis, no es tratado por el autor (se ha argumentado, por ejemplo, que en palabras como «ruina» o «cruel» la tendencia a la azeuxis tiene origen en la repugnancia de los fonemas que preceden al diptongo a ser seguidos por una consonante, lo que sucedería si se pronunciara con zeuxis).
4. Una omisión.
El autor no trata un tema esencial: la influencia en el comportamiento de los encuentros de vocales de la posición del encuentro en el grupo fónico (o en el verso, lo que es frecuentemente lo mismo). Este factor, cuyas manifestaciones históricas más evidentes son las azeuxis en el último acento del verso desde el siglo XVI, no debería ser eludido en el análisis.
5. Epílogo.
Esta nota es fundamentalmente una invitación a la lectura. Ahí están los artículos en la red para quien quiera leerlos, o echarles al menos un vistazo. Es, también, un llamado a la reflexión para aquellos que consideren que los problemas tratados ya están resueltos. Son asuntos de extraordinaria complejidad, y vemos en estos artículos de un académico de primer nivel cierto grado de perplejidad ante ellos. Hay una circunstancia paradojal en este tema: el finísimo oído de algunos de nuestros mejores poetas sentó, desde hace siglos, precedentes en zeuxis y azeuxis que a la lingüística le resulta difícil explicar. En la continuación de esta nota se verán algunos casos de Juan Ramón Jiménez analizados por Miguel Ángel Márquez.
6. Reconocimientos.
Seguramente varios de los comentarios que aquí aparecen guardan rastros de Jmacgar y Elhi Delsue, amigos con quienes he discutido estos artículos. Les agradezco aquí su amistad y el interés que compartimos.
ZEUXIS Y AZEUXIS EN LA CONFIGURACIÓN SILÁBICA
ESTEBAN TORRE
Universidad de Sevilla
Rhythmica, IX, 2011
http://revistas.uned.es/index.php/rhythmica/article/download/13087/12066
ZEUXIS Y AZEUXIS: MÁS SOBRE VOCALES EN CONTACTO
ESTEBAN TORRE
Universidad de Sevilla
Rhythmica, XI, 2013
http://revistas.uned.es/index.php/rhythmica/article/view/13054/12044
Introducción
Ambos artículos, un poco reiterativos en sus contenidos, están dedicados básicamente a la crítica de ciertos prejuicios acerca del tema de encuentros de vocales, difundidos algunos por las publicaciones de la Real Academia acerca de gramática, otros por obra de algunos filólogos de inclinaciones preceptistas muchas veces teñidas de falta de cientificidad.
1. Zeuxis y azeuxis.
El autor propone introducir estos dos términos, derivados del griego, para referirse respectivamente a la unión (diptongos, sinalefas, sinéresis, sinafías) y a la desunión (hiatos, dialefas, diéresis) de vocales en los encuentros. Esta propuesta entraña, a mi modo de ver, diversas ideas interesantes. En primer lugar se pone, al unificar en solo dos términos opuestos los diversos conceptos, un enfoque único para el fenómeno. Fundamentalmente, deja de considerarse esencial la distinción entre encuentros dentro de una palabra y encuentros entre palabras distintas. En segundo lugar, la introducción de estos términos novedosos para referirse a fenómenos sobre los que hay tanto escrito, exigiría una puesta al día de los conceptos en el tema, es decir que la propuesta terminológica es parte de la actitud crítica del autor que, a mi modo de ver, propone partir de cero dando poco y nada por sentado en el tema.
2. Crítica de algunos prejuicios.
2.1. Acerca de los gramáticos.
Hay un asunto delicado en torno al concepto de sílaba. La gramática, muchas veces obligada por la necesidades de la educación, ha forjado una noción convencional de sílaba, desligada con frecuencia de los hechos fonéticos. La falta de claridad epistemológica en esto de los que pretenden que estas convenciones tengan consecuencias métricas lleva a ridículas distorsiones. La sílaba convencional es parte de las palabras, excluyendo por lo tanto la sinalefa, primer asunto que lleva a considerar a la sinalefa como «licencia poética» cuando es absolutamente evidente que es un fenómeno del habla cotidiana. Se establecieron criterios convencionales para la existencia o no de diptongo dentro de la palabra, por ejemplo que este no se produce en los encuentros de las vocales bajas o medias «a,e,o»; hay casos evidentes de sinéresis en el habla que contradicen esta regla, por ejemplo en palabras esdrújulas terminadas en «eo» o «ea» como «óleo» o «nívea»: resulta también abusivo tratar a este fenómeno como «licencia poética». Estos casos ilustran la dificultad epistemológica, que el autor no considera, a mi juicio, con la necesaria amplitud: las necesarias reglas ortográficas se basan en esta noción convencional de sílaba. La palabra «óleo» lleva tilde porque es, desde el punto de vista convencional, esdrújula, aunque sea bisílaba en nuestra pronunciación. Parece imposible basar la rigidez de las reglas ortográficas en la prosodia, dada la complejidad y la variabilidad de esta. Y esta rigidez parece necesaria para mantener la unidad de nuestra lengua escrita, más allá de la diversidad de sus manifestaciones fonéticas. Es un tema delicado, visto que existe también en literatura la necesidad de expresar por escrito esta variabilidad fonética, sobre todo en la literatura con fuerte color local donde la descripción de la manera de hablar de los personajes es esencial.
El autor discute diversos ejemplos de sinéresis naturales (es decir zeuxis en casos en que la gramática establece hiato convencional) y también varios casos de hiatos naturales (es decir azeuxis donde la gramática establece diptongo convencional).
Desgraciadamente la crítica del autor se basa fundamentalmente en el «Esbozo de una nueva gramática de la lengua española», (RAE, 1973), referencia muy desactualizada. El tema de la fonética y fonología ha sido encarado por la Asociación de Academias de la Lengua Española con gran profundidad en el tomo 3 de la «Nueva Gramática de la Lengua Española» (RAE, 2011), aunque en este libro fundamental el tema de los encuentros de vocales está tratado bastante someramente.
2.2. La dislocación del acento.
Tradicionalmente se ha considerado que en los diptongos que portan el acento la vocal acentuada es la más baja, haciendo extensiva esta idea a todo tipo de zeuxis. Dicho de otra manera, la ejecución de una sinalefa en la que la hay una vocal acentuada exigiría, si esta es la más alta del encuentro, una dislocación del acento (desplazándolo a la vocal más baja del encuentro) que podría alterar el significado (esta descripción del hecho figura por ejemplo en el libro de Tomás Navarro Tomás «Manual de pronunciación española» (Madrid, 1918), p.126. Esta idea ha sido usada como fundamento para propiciar el hiato en estos casos.
En mi opinión, ya que el autor no menciona este término, la alternativa para el análisis es la «elisión» de la vocal más baja, reduciendo su pronunciación a la de una vocal neutra.
Cita textualmente el autor un párrafo del «Esbozo...»:
«Otra curiosa «licencia» poética, que en este caso afecta también a
la rima, aparece en el endecasílabo de Garcilaso (Égloga I, v. 122): Y
por nuevo camino el agua SE Iba, donde se computa como una sílaba
el grupo final /éi/, con dislocación del acento, lo que no impide que
iba sea consonante de estiva. Lo mismo ocurre en Góngora (Sonetos
completos, ed. 1969, p. 27): Que a Júpiter ministra el garzón DE Ida,
verso aconsonantado en –ida a pesar de la sinalefa /éi/, o en Ponga,
pues, fin a las querellas QUE Usa (ibíd., 127), con sinalefa /éu/, pero
con rima –usa.»
Los tres casos mencionados se resuelven con una elisión natural: «s'iba»,
«d'ida», «qu´usa».
Más difícil resulta admitir la elisión en otros casos que el autor menciona:
Ver cómo se mece el árbol,
oír el hilo de la fuente...
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
Aún no nos damos por vencidos. Dicen
que se perdió una guerra. No sé nada...
BLAS DE OTERO
En el segundo verso citado de Juan Ramón Jiménez, don Juan Ramón hace sinéresis en «oír», en el primero Blas de Otero la hace en «aún». He visto a JRJ hacer sinéresis en «sonreír», que me parece más fácil como elisión: «sonr'ír». Tema polémico e interesante, veremos más adelante algunos casos tratados por Miguel Ángel Márquez. El autor afirma que en estos casos no hay desplazamiento del acento, sino una virtual desaparición de la vocal más baja frente al acento de la alta. Hay en Garcilaso varios ejemplos de sinéresis en «río», «mío», ya señalados por Fernando de Herrera como extraños (lo que permite descartar el factor histórico en la pronunciación).
2.3. ¿Son enteramente análogos los encuentros de vocales dentro de una palabra con los que hay entre palabras? El autor afirma rotundamente que sí, que el espacio entre palabras no se pronuncia y por lo tanto no juega ningún papel. Andrés Bello se preguntaba por qué resulta más fácil la unión de vocales entre palabras distintas que dentro de una palabra, dando el hecho por evidente. Tomás Navarro Tomás afirma que enlazamos las vocales del mismo modo en «de oro» y «beodo», «lo echa» y «poeta», «a esta» y «maestra», «su ave» y «suave», etc., pero sostiene que las vocales se unen con más facilidad cuando están en palabras distintas (op. cit.,p.117). Me parece que este asunto merece más atención. La claridad de la pronunciación en salvaguarda del significado podría intervenir a favor de algunas azeuxis internas de las palabras. Por supuesto no soy yo quien para esclarecer el asunto.
2.4. El autor, especialista en métrica comparada, pone mucho énfasis en destacar que la pronunciación en la poesía española es la del lenguaje coloquial. Aún admitiendo el hecho en general, sobre todo en contraste con otros casos como el del francés, creo que admite ciertos matices. Es cierto, por supuesto, que la generalidad de las zeuxis y azeuxis de la poesía son naturales, propias del lenguaje coloquial, pero no deja de haber casos que requieren una lectura esmerada por parte del ejecutante. Los acentos, factores esenciales del ritmo, son también material del énfasis en el recitado. El énfasis elabora las pausas, las pausas influyen en los encuentros de vocales.
3. ¿Un nuevo mito?
El autor argumenta basándose en la etimología, manifestada en la «conciencia lingüística del hablante», para fundamentar la imposibilidad de ciertas azeuxis, por ejemplo en las palabras «bien» y «bueno». Sin duda la paleontología lingúística es un asunto interesante, pero parece dudoso que sus trazas se expresen directamente en la conciencia lingüística del hablante común: más bien es de creer que se expresen en la ortografía de las palabras, en la disposición de las vocales y consonantes. Este aspecto, el de la influencia del contexto cercano en las azeuxis, no es tratado por el autor (se ha argumentado, por ejemplo, que en palabras como «ruina» o «cruel» la tendencia a la azeuxis tiene origen en la repugnancia de los fonemas que preceden al diptongo a ser seguidos por una consonante, lo que sucedería si se pronunciara con zeuxis).
4. Una omisión.
El autor no trata un tema esencial: la influencia en el comportamiento de los encuentros de vocales de la posición del encuentro en el grupo fónico (o en el verso, lo que es frecuentemente lo mismo). Este factor, cuyas manifestaciones históricas más evidentes son las azeuxis en el último acento del verso desde el siglo XVI, no debería ser eludido en el análisis.
5. Epílogo.
Esta nota es fundamentalmente una invitación a la lectura. Ahí están los artículos en la red para quien quiera leerlos, o echarles al menos un vistazo. Es, también, un llamado a la reflexión para aquellos que consideren que los problemas tratados ya están resueltos. Son asuntos de extraordinaria complejidad, y vemos en estos artículos de un académico de primer nivel cierto grado de perplejidad ante ellos. Hay una circunstancia paradojal en este tema: el finísimo oído de algunos de nuestros mejores poetas sentó, desde hace siglos, precedentes en zeuxis y azeuxis que a la lingüística le resulta difícil explicar. En la continuación de esta nota se verán algunos casos de Juan Ramón Jiménez analizados por Miguel Ángel Márquez.
6. Reconocimientos.
Seguramente varios de los comentarios que aquí aparecen guardan rastros de Jmacgar y Elhi Delsue, amigos con quienes he discutido estos artículos. Les agradezco aquí su amistad y el interés que compartimos.
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