Zozobra.
Hay un canto azul en esta tarde,
vuelan por el aire las aves en
busca de sus nidos. Yo, aquí
perdido y confundido en la
vorágine del pensamiento.
Es un tormento empedernido que
cala los huesos, estoy preso de
la zozobra de los hechos que
ocurren al mi alrededor y no hay
medio para superarlo.
Cuanta tristeza me invade, dolor
y dilema no se vislumbra una
solución, ni una lacónica expresión
encuentro para dar alivio al corazón.
Llanto, Hades, como siempre, sombrío
y terrible, reina en el inframundo, donde
están llegando los idos de este mundo,
obligados a viajar por el Aqueronte, no
por su libre albedrío.
Sobre el río navegan, después que
fueron despedidos de la tarde con un
canto azul y blanco de las nubes del
cielo. No se asomaba tormenta.
Luego se convirtió en un gran penacho
gris y oscuro que dio inicio a la densa, relampagueante y tumultuosa
tormenta que se precipitó sobre el
triángulo del centro del continente.
Dr. Augusto Morales Velásquez.
Hay un canto azul en esta tarde,
vuelan por el aire las aves en
busca de sus nidos. Yo, aquí
perdido y confundido en la
vorágine del pensamiento.
Es un tormento empedernido que
cala los huesos, estoy preso de
la zozobra de los hechos que
ocurren al mi alrededor y no hay
medio para superarlo.
Cuanta tristeza me invade, dolor
y dilema no se vislumbra una
solución, ni una lacónica expresión
encuentro para dar alivio al corazón.
Llanto, Hades, como siempre, sombrío
y terrible, reina en el inframundo, donde
están llegando los idos de este mundo,
obligados a viajar por el Aqueronte, no
por su libre albedrío.
Sobre el río navegan, después que
fueron despedidos de la tarde con un
canto azul y blanco de las nubes del
cielo. No se asomaba tormenta.
Luego se convirtió en un gran penacho
gris y oscuro que dio inicio a la densa, relampagueante y tumultuosa
tormenta que se precipitó sobre el
triángulo del centro del continente.
Dr. Augusto Morales Velásquez.