1. Invitado, ven y descarga gratuitamente el cuarto número de nuestra revista literaria digital "Eco y Latido"

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Nuestras pieles, muy juntas
tan llenas de nosotros,
henchidas de amor sobre la tierra,
donde amarnos es ignorar la lluvia,
es alegría de sentir ese canto tuyo y mío,
como el milagro de estar vivos,
con tus manos y mis manos
sosteniendo nuestro tiempo.

Ana Mercedes Villalobos

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    En el espacio que hay ente tu piel y mi piel
    no caben los silencios.
    Apenas el gemido de la tarde que precede la tormenta
    y un hilo de luz que se refleja en el lago de tus ojos.


    Yo amo esa manera tuya de amarme
    cuando vistes mi soledad con tus besos,
    con tus alas extendidas hacia el horizonte
    en tu palabra donde nace la dulzura
    que mece mi corazón.


    ¡Si yo pudiera contenerte en el ardor de
    la distancia!


    ¡Si mi voz se hiciera transparente
    para arrullar tu alma!


    Me sobran los días que se resbalan por mis dedos
    y es allí, donde escucho tus latidos
    donde palpas mis caderas al pie de la tarde
    tan cálidas, tan anchas,
    donde esas manos tuyas me dibujan
    y ya no tengo ganas de dejarte ir.

    Ana Mercedes Villalobos

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    En honor a Alejandra Pizarnik


    Sólo morir, ¡tan dolorida!
    con ese dolor que es puñal,
    afilada espada que te parte en dos.


    ¿Cuánto dolor puede caber en ese corazón?
    Callada, con o sin palabras eres tú.

    A la orilla del silencio, a la orilla de la vida.
    Contigo, con la otra que eras tú misma
    como un jardín en ruinas.


    “No hay una historia de amor sin amor”

    La esperanza se acaba, se deshace
    en la humedad de tus ojos, en la rebeldía de tus letras
    en el lugar en que todo sucede, en tu poesía.


    Allí tramaste tu muerte, oíste su voz junto al río.

    Ella te habló con su arpa y su vestido rojo,
    recitó tus poemas sin destinatarios,
    negándote la luz que tanto buscabas,
    en el mundo despoblado donde te sumerges.


    Te habló en el lugar del amor,
    abrazada a tus nostalgias, a tus miserias,
    en el tiempo que atraviesa los cuerpos.


    En tus poemas escritos en la piedra,
    a sangre y fuego, en ese dolor inacabable
    donde hallaste el motivo de tu muerte.


    ¡No escuchaste al poeta que te quería viva!

    Todo era oscuro, todo era silencio,
    no hubo alegrías en tus memorias,
    sólo ese espacio negro,
    donde te dejaste caer,
    en la espesura de la noche.


    “No quiero ir, nada más, que hasta el fondo.”

    Ana Mercedes Villalobos
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    Es la hora de los recuerdos,
    del tiempo sin ti,
    de las noches de estrellas fugaces,
    que recogíamos en las manos
    pidiendo nuestros deseos,
    corriendo las avenidas de los sueños,
    noches de amor que compartíamos como niños,
    encendiendo la llama de un amor
    que juramos permanecería
    eterno en nuestros corazones.


    Tu voz, tu aroma, tu piel,
    cabalgata de sentidos, como un diluvio
    en el que mis pechos excitados
    se ofrecían a tus labios sin recato,
    con la ilusión del amor que no sabía de heridas,
    de ausencias, o de despedidas.


    Yo nunca quise que te fueras,
    pero el amor también puede ser
    ese trago amargo que nos apaga la boca,
    cuando se entrega a destiempo.


    Ahora me gusta este silencio
    que me permite recrearme en la evocación,
    en la nostalgia, en pensamientos lejanos
    que ya no hacen resistencia
    y se diluyen como la gota de miel
    que alguna vez derramaste en mis labios.

    Ana Mercedes Villalobos

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    En este alboroto de ternuras
    en que se escriben nuestros besos,
    hilamos la historia de dos cuerpos

    que se aman, mientras la luna
    blanquea sus siluetas.

    Las pieles muy juntas,
    henchidas de amor
    ¡tan llenas de nosotros!
    en una entrega de amantes
    que se funden en perfecta correspondencia.


    Porque amor,
    es sentir el canto tuyo y mío
    como el milagro de estar vivos,
    es mojarnos bajo la lluvia
    y abrazarnos al tiempo
    que sostiene nuestras manos,
    es estar aquí
    con tu boca sobre mi boca.


    En un amor sin horas,
    que no se apaga nunca, aunque los cabellos
    se salpiquen de nieve.


    Como dos almas que se vuelven una
    al compás de una música mágica,
    como la ternura que sin tregua
    nos convoca a un amor
    que atraviese todas las esquinas
    del universo.

    Ana Mercedes Villalobos
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    Quizás sea esa fuerza disuasoria
    lo que nos ayude a caminar
    pero no a permanecer lejanos,
    a ser temerarios, a colgarnos de sus alas

    para no dejarla escapar, no otra vez!

    Tendrá que ser constancia,
    un permanente latido
    que se haga indestructible
    a pesar del hambre, la avaricia,
    lo imprevisto de la tormenta
    o la reminiscencia del trueno
    que desampara nuestra historia.


    No importa como llegues,
    no importa lo frágil que parezcas,
    aquí estaremos para auparte, para ayudarte,
    para levantarte y hacerte de nuevo nuestra,
    en una oportuna gestación del Universo.


    Ya no serás la dama ausente más bien
    la anhelada fuerza que nutra
    cada rincón de nuestra insaciable

    Tierra.

    Serás la Paz y finalmente
    reinarás eternamente,
    en un mundo
    que se reunirá en torno
    a tu cintura a adorarte.

    Ana Mercedes Villalobos
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    Traspasé el umbral y - sin pensarlo -
    me arrojé a tus brazos,

    estrenando sentimientos que
    - en osada irreflexión -
    dejé caer sobre tu vientre.


    Paciente y generoso
    se abrió tu corazón para acogerme,
    te hiciste eco de mi voz guiando mis manos,
    desnudando palabras que vestí de letras
    abrasada en la llama que encendía mis dedos
    y cobijada en tu calor, fui azul recorriendo tus paisajes
    y sedienta de tí te llamé cielo,
    en la añoranza de una sola de tus lágrimas.

    La luna mi guitarra y tú me acompañaron
    al encuentro de ese amor
    que se asomó sin hacer ruido, cuando
    mi piel bajo tus besos se aferró a la noche.

    De pie bajo la lluvia fuí elevando mi vuelo
    para atravesar el silencio en el que la luna
    sonrió cerca de tu abrazo,
    allí soñé mil sueños en tus ojos y
    me llené de desconsuelo en la desnudez de un otoño
    que murió de sed en el atardecer.

    Voy desdibujando el rumor de mi ausencia
    entre tus manos, mientras
    en mis ojos repletos de mañana,
    comenzó octubre a levantarse.

    Oyendo la lluvia, voy sintiendo
    el cansancio que quiebra mis hombros,
    como presagio de esas manos náufragas
    que huían lejos, antes de mí.

    Sin ser poetisa escribí bajo la luz de las estrellas

    esperándote, día con día dejando que el silencio
    nos alcanzara, para amanecer entre tus besos.

    Y llegó tu carta de amor
    dedicada a la mujer que siempre fuí.

    Abril llegó entre las musas, hablando de poesía
    en esa geografía que imagino, salpicando la mañana
    de nubes, refugio del tiempo de un te quiero,
    en que nací entre tus manos.

    Desnudando palabras entre tu boca y la mía
    estoy aquí, en medio del deseo que me inflama
    aquí donde sueño mis sueños, en ese inexplicable
    momento en que la vida fue el aplauso de las ocho
    y nuestras manos dibujaban nuestras bocas
    inocentes de nosotros.

    Después quizás mañana
    cuando la lluvia inunde mi tristeza,
    serás mi hogar aunque las pieles pierdan su magia
    y el amor resulte traicionero,
    llegarán los requiebros,
    que como si fueran ciertos,
    nos aclararen los abismos con sus risas
    aunque el amor nos quede lejos.

    Prisionera de tus labios
    con mi cuerpo temblando de quererte,
    nos leemos como un poema
    cuando el amor es cuestión de piel
    y tus labios son mi fortuna.

    Llegó mayo y soñamos cada día
    sosteniendo tu nombre en mis labios,
    mientras la tormenta hablaba de nosotros.

    Con el tiempo apretado entre los labios
    jugamos al amor y llegó la primavera
    a besarnos, mientras caminamos de espaldas al sol.

    Estando ausente, recordé el roce de tus manos
    que ocasionaron tanto, tanto naufragio
    en nuestro ahora,
    pero mi piel contra tu piel
    me hizo pensar que hoy tengo ganas de extrañarte
    y que si pudiera, buscara a un loco enamorado
    que me quitara las nostalgias
    y me abrazara hasta convertirme en poema.

    Tenue llegaron los anhelos
    por esa vieja canción, tú y yo,
    como un esbozo en blanco y negro
    para decirte que te quiero prometiendo
    amarte después del amor sin soledades,
    sin despedidas, quiero estar donde tú estés
    y dormir contigo con tu risa arrimada a mi costado.
    mientras los sueños nacen la alborada.

    Finalmente fue otoño y quemamos los silencios
    entre nardos y tulipanes,
    había ¡tanto de extrañarte en ese anhelo!
    Nosotros, irreverentes,
    nos ofrecimos una dosis de ternura,
    para volver sobre los versos de un poema enamorado
    o de una inspiración de una noche entre tus brazos
    con ese vértigo del eco y el silencio,
    en la mínima memoria de un río sin cauce.

    Y quedaron los besos pendientes en el brillo
    de tus ojos que perfumaron los instantes de ser así,
    el momento perfecto para amarte
    y seguirte amando mientras inventábamos el amor
    de nuevo, como una postal a la nostalgia,
    llenando de espuma las miradas,
    mientras la vida nos invita a disfrutar de la luna de agosto
    que entre tu rodilla y mi rodilla,
    le dió color a la ilusión.

    En el brevísimo instante de tu risa,
    entre fresas e ilusiones, me llega el aroma de tu piel
    como antes, como cuando escribimos esa tonta historia de amor.
    Acurrucada a tu costado,
    entre el vértigo y el temblor de una mirada
    quedábamos nosotros y ya no estamos.

    Y ahora que se acerca la Navidad
    se hace inminente el momento de tu partida

    hacia el año que amanece horadándome la piel.

    En tus ojos que son mi remanso quedan mis labios

    llenos de nostalgias con mis besos apretados en tus mejillas,
    que desahuciados se pasean por la plaza de los sueños
    en cada primavera.

    Tú que en todas las formas te recuestas en mi piel,
    haces de tu ausencia un efímero momento
    de esos, que en dulce aroma
    se van fundiendo en el fulgor de una mirada,
    cuento las horas hasta el alba vaciando mi tintero
    y no es que se no se haga costra la garganta
    en algún silencio que no encuentre salida.
    pero en ti se quedan las palabras, mi poesía,
    el beso que me diste y hasta la rosa que
    sostienes en tus manos,
    siempre tú conmigo,
    dejando que tus dedos nazcan en mi espalda,
    ainn cuando cayeron los besos desde los balcones
    en una oración que hicimos desde el silencio.

    03 de Abril de 2.021
    A cuatro años de aquella primera vez
    agradeciendo, compartiendo entre poesías.


    Ana Mercedes Villalobos
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    En tus tonos de grises azulados
    que asoman los suspiros a mi vida
    despierta mi cuerpo adormecido
    con tu aliento que roza mis mejillas.


    El alba que se asoma a nuestra cama
    nos despierta con su dulce sinfonía
    te veo recostado junto a mí
    y mi alma se sonroja como niña.


    Me gusta ser de ti, ser yo contigo
    curar con nuestros besos las heridas,
    y que tu nombre al lado de mi nombre
    sea ilusión que sople como brisa.

    Gozar del temporal sin que se apague
    mientras vistes mi piel de las caricias
    que escondes con ternura entre tus labios.
    Y en esa devoción casi divina
    se enlazan con amor nuestras miradas
    y hacemos del momento poesía.

    Ana Mercedes Villalobos

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    En el empinado trayecto de mi boca
    a tu boca se apaga mi voz,
    zozobra ante el viento que te habita.


    El tiempo parece un camino sin salida
    donde las horas se arrastran sobre la nieve
    de un invierno que congeló nuestro aliento
    nuestras noches, nuestros labios.

    ¿Cuántos besos bastarán
    para volverlos a la vida?

    ¿Cuántas manos
    para calmar mi angustia?


    Mi cuerpo yace inerte lleno de silencios
    flotando en la pálida memoria
    de esas risas que inventamos,
    que nos brillaban en los ojos
    que encendían los amaneceres
    cuando mis días comenzaban en tus brazos.

    Ana Mercedes Villalobos
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    Peregrinos de sueños lejanos
    de hogueras encendidas
    como esa flor que abre a la vida
    para regalar su aroma al viento,
    tejiendo de promesas cada pétalo.


    Un lienzo escrito sin palabras
    aferrados a la luz de una mirada
    que se pierde en la sombra,
    o como ilusiones peregrina
    en el silencio que se apaga.


    O quizás amor eterno,
    como el agua de río que retoza
    incapaz de sosegarse,
    o un lucero encendido
    como las horas del tiempo
    que pasan y pasan.

    Un amor habitando otros cuerpos
    como labios sedientos de labios
    para robar unos besos,
    o esos anhelos inconclusos
    atados a un recuerdo
    que se evoca y se evoca
    aunque no se haya vivido.

    Ana Mercedes Villalobos
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    Para la más grande y dulce Anamer
    su merecido poema,
    que le guste y emocione,

    pues de mis flores es la reina.


    Leyendo en el portal la pillé
    corrigiendo con pena
    y con mucha delicadeza
    todas mis faltas y errores.


    Me ponía sus deberes
    y me daba mucha caña.


    Me hacía repetir mil veces
    poemas que me gustaban,
    enseñando a mi mente
    lo que es escribir sin faltas
    y con un espejo enfrente
    leerlos en voz alta,
    para escuchar donde la letra escuece.


    Dándome su palabra
    para que ponga ganas y estudie
    así pronto poder lograrlo.


    Mi poema quiere darte
    mil millones de gracias
    por tu gran cariño y amabilidad
    un beso infinito y decirte

    lo que siempre me repetías.


    ¡Leyendo al poeta, todo es posible!

    Techuaym(mío)

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    Scintille le soir, tout gorgé d’heures.
    La pluie s’étire à la fenêtre
    Et la nostalgie, toile de fond,
    Se pose lentement sur le Monde.

    Ses gouttes inventent des histoires dans le cristal.
    Déjà, tu sais, il commence à bruiner
    Et s’ancre la tristesse à son tumulte fou.

    C’est comme partager un silence
    Allongée dans la mémoire d’une vieille chanson
    Ou laisser que la brise d’automne
    Décoiffe nos rêves,
    Tandis que le Temps
    S’imbibe de nous.

    Je ne sais qui allume les étoiles
    Mais j’attendrai son retour,
    Avant que de me dire... absente.

    Ana Mercedes Villalobos
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    Los besos que me mandas, los aprieto
    al lado de mi cara, en las mejillas,
    mas quieren desplazarse, y los sujeto,
    al centro de mi boca y sus orillas.


    Dibujan su contorno en un boceto;
    quedándose el deseo entre mantillas
    me dan para tejer este soneto

    escrito en mis purísimas cuartillas.

    Escapan al pudor y a la licencia
    las cuentas que le cuento a mi rosario,

    al casto beso y la atrevida urgencia.

    Queriéndolo agregar al inventario,
    por mor de tu decoro y mi decencia
    los guarda el corazón en relicario.

    Deogracias González de la Aleja

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    Llegas como un trazo de mi vida
    a delinear el deseo en el lienzo
    que firmas con mi nombre,
    un lienzo que moría

    de ausencia, de olvido.


    Dibujas el amor a tu medida,
    amor que se desborda,
    que nos quema la piel
    con la ebriedad del desierto
    que muere en la orilla del mar.


    Tendidos en la arena,
    como un concierto,
    las olas llegan, se van,
    regresan a lamernos los pies.


    Tus manos,
    alas de transparente esencia
    entregan sus caricias en mi rostro,
    transitan por mi cuello.


    De tu boca se derraman besos
    que se deshacen en mi piel
    hermosa sensación de ser tuya,
    en un amor que se reconoce nuestro,
    mientras el mar nos arrulla con su canto.

    Ana Mercedes Villalobos
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    Llegué tarde a tu amor no tuve suerte.

    Navegando en tu noche, distraída

    anduvo mi alma triste, inadvertida
    y sólo consiguió quedar inerte.


    Ansiaba caminar pisando fuerte,
    acercarme a tus brazos, a tu vida,
    equivoqué la ruta en la partida,
    llegué tarde a tu adiós y fue mi muerte.

    Cansada de este andar, ya sin aliento,
    - sabiendo errado el toque de Cupido -
    apreté entre los labios mi lamento

    rogando con fervor, llegue el olvido
    audaz reto a mi arquero en nuevo intento,
    y que haga diana al centro de mi nido.


    Ana Mercedes Villalobos
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    Podría decirte que para hablar de amor
    sólo necesito pronunciar tu nombre,
    o mirarme en la ternura de tus ojos,
    y como suave brisa colarme entre tus brazos.


    O decirte que los minutos de mis horas

    tienen tu rostro tatuado,
    y que el sol llega a mi ventana
    con tu beso adornándome los labios.


    O que la luna se viste en tus pupilas

    iluminando los matices de mi cuerpo,
    que en declarada rebeldía
    se extravía entre la huella de tus dedos.


    Y que en la dulce cercanía de tu aliento,

    podría escaparme al gris de tu mirada
    y en tenue murmullo enamorado
    simplemente decirte que te amo.


    Ana Mercedes Villalobos

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