1. Invitado, ven y descarga gratuitamente el cuarto número de nuestra revista literaria digital "Eco y Latido"

    !!!Te va a encantar, no te la pierdas!!!

    Cerrar notificación
Color
Color de fondo
Imagen de fondo
Color del borde
Fuente
Tamaño
  1. Fiebre en los ojos.

    No haber dormido predice

    luz de faro en los intestinos

    clavada, allí, en los intersticios

    que ocupan un perfil iracundo,

    un trono vacío, la laxa aspiración

    sin número ni rostro ni cara.

    Las alas abatidas del légamo de los huertos,

    donde se escuchan los silbidos de las lechugas,

    los tomates, extendiendo sus raíces arrugadas,

    las patatas, ingenuamente transitando por las vías

    cerúleas, sin emblema ni quitasoles.

    Me gusta dormir al viento

    cuando todos duermen yo visito los cielos

    y los infiernos acechan sus sueños

    como quebraduras de un límite ocaso.



    ©
  2. Nostalgia de arrabal

    premeditada búsqueda

    insana fatuidad garantizada

    hermosura, vuela rápida,

    origen conquistado tras el duermevela

    la implacable seguridad el trono vacante

    y su infame coloración pigmentada.

    Con qué enorme vehemencia

    sitúas los planos, las cosechas,

    de repente, tu mano se asemeja

    a un tigre de dios, bendecido

    por un arrullo de palomas vienesas.

    Búsqueda insufrible, esa lánguida palabra

    que oscuramente transita y agrede los

    recovecos sin tumulto, piedra con fe,

    sinuoso término de engaste.

    Dejo volar, surgen depósitos,

    vuelcos de bayonetas, viejas revoluciones

    industriales, conforme a decreto y edicto.

    Oh viejo Lutero, cuánto de ti

    existe en mí, rebelde sin causa,

    perdido, azul de apolíneas rabias.

    Índigo, de ciertas lunas con Whitman-.



    ©
  3. Hay quien nace buscándose.

    Y se busca tanto, y tan lejos,

    que se sumerge en mares olvidados.

    Hasta que acaba perdido.

    Y se acecha, al menor descuido, sobre

    un desfiladero, sobre la rosa blanca

    que duerme junto a la plaza, o se ve

    entre cordilleras, juntando anhelos.

    Y visita continentes, y alardea de ellos;

    y come con parientes lejanos. Confunde,

    al regresar, el idioma de los suyos.

    Entonces, se entristece, y rompe con todo.

    Finge estar desaparecido. Aunque muchos,

    conocen y saben de sus circunstancias.

    Él, que no sabe si regresar a un pasado inexistente,

    o tolerar el presente, habla

    en murmullos, que olvida al instante.

    Y cree ser sordo, y ciego, y mudo. Y la palabra

    tarde, se dibuja sobre su rostro cerúleo, como una

    nube sedienta que sólo quiere vengarse.

    Se deja atrapar por la cobardía, escarnecer

    por el esfuerzo de los años. Se deja llevar.

    Y abandona, sin abandonarse del todo.

    De repente, algo le domina, y lucha,

    buscando nuevos continentes. Es viejo,

    o casi viejo, pero la experiencia siempre

    fue un grado, le dijeron, y los contenidos,

    ya no le asustan.

    Hasta que al final, encuentra su alma,

    dormida, como nunca lo estuvo.



    ©
  4. Los ojos son como el tiempo.

    Un tiempo, hasta un clima,

    grisáceo, rostro perenne de

    la uva, saco sagrado de verdes

    almendras. Los ojos huelen;

    a tiempo, a tempestad, a huida

    por las cañas vegetales: tiempo,

    gris, uniforme, rutinario.

    Me agradan las peleas cotidianas,

    surgen de improviso, y lleno

    de objetos, las papeleras vaciadas.

    Los ojos hieden; a negrura, a tiempo

    exacto y perimetrado, a confidencia

    hecha saco de almendras, de acuosas

    almendras.

    ©
  5. Llenaron tu despensa

    de honor y medallas

    transitando por balsas iracundas

    momias infectas, trajes de corbata

    sudados, infames desdichas, contrarios

    abolengos; pusieron en tu lápida,

    el cobrador del frac, sus secuaces,

    militantes del abismo, sobras

    de la perspicacia, oh sí, antepusieron

    sus obras decadentes a tus articulaciones,

    los muy bastardos-.



    ©
  6. Vengativo en la entrega

    doliente como espesa niebla

    que acrecienta sus pastos terribles

    abruma la impactante noticia

    con pasos inciertos hasta el cajón

    de la desidia; bruñen espacios convencidos,

    como espadas de Satán puestas del revés,

    los equinoccios salen por detrás de las paredes,

    incrementando su exigencia. Oh sótanos

    de muerte, donde la vida se resume

    en inodoros y vertientes, donde aplicamos

    la voz, para no deteriorarnos en minutos.

    Y aquí metimos el alma, la brumosa satisfacción,

    la intransigente penuria, el beso prohibido,

    las flores galantes; el pertinente y exiguo

    corazón de las bambalinas, serpientes.

    No hay día

    día de vida o muerte

    donde no hable con los muertos

    y se me partan los dientes.

    ©
  7. Triturarán espacios convenidos

    caparazones serán derruidos en la mesa

    soñolientos los pareceres inundarán

    de pasquines violentos los atardeceres

    y las sombras; reptarán para tener hijos,

    devolviendo a su lugar, los compromisos

    olvidados; renaciendo de esos sitios

    con crepúsculos dorados y salvas al matrimonio.

    Soportarán a sus vástagos, con indicaciones

    metódicas, las pezuñas sobre las sillas deterioradas,

    el peligro bostezando de hastío o neurosis.

    Buscarán la proeza, salir girando de marmitas

    doradas, donde el viento ha quebrado su sustancia

    indecible; la crujiente masa olvidada,

    como palio de exequias. Caminarán

    con los vientos atronados, sustanciando

    los espacios abiertos, derrumbándose

    sobre columpios dados al placer y al metodismo.

    ©
  8. Quemados ya los rastrojos

    incinerados el viento y el aire

    soplando cerca de una ceniza

    muerta, registremos, pues, lo

    que nos queda; serán breves

    concesiones al pasado, treguas

    dinamitadas por la lección del

    silencio, y esa dura roca disuelta,

    que examina un alumno de la niebla.

    Calcinados ya tanto sombra

    como amuleto, inspiraciones

    de antiguos memorándum, y

    visitados los viejos cementerios

    de mi patria y tierra, clavemos

    pues, una hita en mitad de este

    desierto: que las esferas se alarguen,

    y emitan brillo, mientras cantan

    las luciérnagas del valle. Heridos

    de todos modos, juntemos por primera

    vez cuerpo y alma, alma y cuerpo,

    y dejemos las pesquisas para más tarde.

    ©®
  9. Reitero lo dicho, penumbras,

    casi impúberes, donde habitaban

    lunas y camellos en idéntica sucesión.

    Me falta un apoyo, un palio terrible,

    sobre la tierra exacta. Nombras

    la luz con energías frías y, en lo

    mencionado, acabas con humedades

    y toses abarrotadas. Me conmueve

    el pecho, la larga agonía del insecto;

    nubes magnéticas que articulan sus alas

    deslizantes. Derrotadas torres

    buscan la perforación de la transferencia.

    Exiges el tributo, la enagua tirada sobre

    las camas atribuibles, y en lo oscuro,

    flamea tu endurecida piel casquivana.

    Rayos de decadencia penetran la sala,

    donde habitaciones y cuerpos tendidos,

    pintan las cabeceras con enorme orgullo,

    con proféticas pinceladas, brazos sin flacidez,

    sin fragilidad ninguna: todo, en la estancia,

    se llena de luz, como un escombro concluido

    por las masas.





    ©®
  10. Me nutro de exigencias

    sin consuelo, de maderas

    orientales, de precipicios

    comunicantes que exaltan

    piras sin fundamento.

    Vislumbro los antiguos atardeceres,

    las cobras delineadas, los azules

    y terrestres mapas de la gloria antecedente:

    piso con verdadero ímpetu

    la cadena ilógica de mármoles tras

    sus balaustradas disidentes.

    Y de repente, la furia, acaba

    con el llanto, con el pie de rey,

    con las lagunas omitidas, y los

    cimientos de las catedrales.



    ©
  11. Tras las cortinas, tu mundo.

    Pequeño universo contrariado

    que existe gracias a ti y sólo a ti.

    Fuera de las paredes, quizás ,

    de los muros, apagados, taciturnos,

    melodías de cualquier bar que riza

    el rizo de manifestar su modesta juventud

    sin certezas ni complicaciones.

    Qué te llevas, pues, de allí?

    Una lumbre efímera, un candil,

    desesperanzado, o desesperado,

    como prefieras: un resplandor

    helado. Mentiras y un cuadro

    roto por la miseria. La cordura

    destrozada, como pieles que rasgan

    el baño, dúctiles, estiradas.©
  12. Ya bastante tristeza

    entre las palabras,

    entre esas que cuelgan,

    de las paredes, de los muros,

    de las mamposterías rellenas

    de huecos impuros de tesón

    y ruido, de alegría por el anonimato

    que en fin, nunca quisiste.

    Hacerte el alegre, el dichoso,

    pasear con cara de idiota

    por el mundo y por las calles,

    tener el cuidado preciso

    de no acabar en el desamparo

    más absoluto y delirante?

    No, tú no estás hecho para eso.

    En cambio, las lágrimas, siempre

    te atañen. ©
  13. Es hablar de dinero,

    y descomponerme del todo.

    No me sale el presupuesto,

    más que cuando lo tengo

    gastado.

    Es comentar algo sobre ello,

    e irme por la pata abajo. Es

    que me da miedo, sino pánico,

    tenerlo y no tenerlo. Es una cosa

    amena y práctica poseerlo. Algo

    de necios y despilfarradores, gastarlo

    a mansalva, sin obstáculos.

    Me sale la vena dramática

    cuando tengo el mes recién acabado.

    Pues suelen faltarme varios días

    para que las cuentas me cuadren.



    ©
  14. Bailo con el zapato

    y bailo prácticamente

    descalzo. No soy

    precisamente, propietario

    exclusivo de mis actos.

    Bailo o danzo, dando

    grandes zancos, excluyendo

    el término al fin impuesto,

    por servilletas de papel

    y huesos de aceituna. No,

    no es una luna, lo que crece

    sobre mis omóplatos, se trata

    solamente de un caballo gigante.

    Bailo con el zapato

    termino descalzo, andando

    sobre vidrios ardientes,

    como flores en marzo.



    ©
  15. El zapato estrellado

    contra el suelo del orbe

    mezclando obsidiana candor

    fuego drenado; siempre

    el mismo zapato enrejado,

    formando dibujos o bocetos,

    sentimientos de angustia, espanto.

    Oh, ese zapato agujereado por el cartón,

    cómo atrae mi atención; y capta

    la esencia de todo mi corazón.

    Espantoso zapato decorado con rejillas,

    orificios que insinuaron un sacrificio vulgar

    y anodino, oh, par de zapatos tan descastados,

    cómo ignoramos que los llevamos, todavía!

    Zapatos, sí, nuestra insignia metafísica,

    el austero diálogo del pasado siempre siendo

    presente-.



    07/05/21©