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De Pedro Calderón de la Barca, A las Flores (de "El príncipe constante")

De Pedro Calderón de la Barca, A las Flores (de "El príncipe constante") — lesmo — Blog · Blog en MundoPoesía

De Pedro Calderón de la Barca, A las Flores (de "El príncipe constante")

· 1.194 lecturas · 1 min de lectura
Estas que fueron pompa y alegría
despertando al albor de la mañana,
a la tarde serán lástima vana
durmiendo en brazos de la noche fría.

Este matiz que al cielo desafía,
iris listado de oro, nieve y grana,
será escarmiento de la vida humana:
¡tanto se aprende en término de un día!

A florecer las rosas madrugaron
y para envejecerse florecieron:
cuna y sepulcro en un botón hallaron.

Tales los hombres sus fortunas vieron:
en un día nacieron y expiraron;
que pasados los siglos horas fueron.

4 comentarios

F
Fulgencio Cibertraker ·
Tres obras seguidas de flores marchitas que vieron pasar los siglos, futilidad de la vida, coincidencia, no lo creo.
l
lesmo ·
Muchas gracias, amigo Fulgencio, por acompañar esta entrada con tu comentario. Es verdad eso de ... que pasados los siglos horas fueron.
Un fuerte abrazo.
Salvador.
F
Fulgencio Cibertraker ·
...y mientras más al fondo, más clarea.

Miedo infantil, amor adolescente,
¡cuánto esta luz de otoño os hermosea!,
¡agrios caminos de la vida fea,
que también os devoráis al sol poniente!

¡Cómo en la fuente donde el agua mora
resalta en piedra una leyenda escrita:
al ábaco del tiempo falta una hora!

¡Y cómo aquella ausencia en una cita,...

que pasados los siglos horas fueron
Cuando el péndulo del tiempo se detenga
llevaran ventaja los abrazos que os daría.
domin.
l
lesmo ·
A veces, buen Fulgencio, el comentario
os digo que por alto me supera,
por mucho que me suba a la escalera
que lleva con esfuerzo al campanario.

No digo que lo tenga por contrario,
pues siempre en mis espacios se le espera,
tan solo que mi mente no se entera
que poco es lo que tiene en inventario.

Por eso, don Fulgencio, pediría
se apiade de mi corta inteligencia
sabiendo se le estima y se le quiere.

No sea que llegara un cierto día
en el que cometiera la imprudencia
y algo disparatado le dijere.

Antes de que me fuere
le mando, como siempre, un fuerte abrazo
si acaso lo permite el barrigazo.

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