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Me cago en el amor
Entrada de blog en MundoPoesía — poesía, reflexiones y prosa libre de nuestra comunidad literaria.
Me cago en el amor porque el amor se caga en mí,
porque llega con su cara de ángel sucio
y me dice “aquí estoy”,
como si no supiera que lo estuve esperando,
como si no me hubiera partido la boca de tanto llamarlo.
Me cago en el amor porque tiene manos de promesa
y lengua de incendio,
porque me muerde el cuello como un lobo dulce
y después me suelta en la boca de la nada.
Porque viene,
se instala en el pecho como un inquilino desordenado,
y cuando le da la gana se larga
dejando el colchón tibio y las sábanas frías,
el olor en la almohada,
el eco de su risa todavía temblando en el aire.
Porque el amor me mira con sus ojos de abismo
y me empuja sin avisar.
Porque es cruel como un niño aburrido,
porque me promete un siempre con la boca
y me deja un nunca en los huesos.
Me cago en el amor porque me ha escrito versos
en la piel con tinta de fuego
y luego ha quemado el papel.
Porque me ha dejado con los bolsillos llenos de viento,
con la risa atragantada,
con el cuerpo vacío de abrazos.
Pero sobre todo,
me cago en el amor
porque sé que mañana,
como un idiota,
volveré a esperarlo.
Nos miramos como quien revisa un espejo con una grieta en el centro, sabiendo que la imagen nunca será del todo nítida. Así somos, fragmentados en instantes de lucidez y torpeza, entre lo que queremos decir y lo que realmente decimos.
A veces nos hablamos en preguntas que no esperan respuesta, porque las respuestas se escurren entre los dedos como agua tibia. Otras veces nos quedamos callados, sosteniendo las palabras entre los dientes, como si el silencio pudiera salvarnos de la confesión inevitable.
Nos buscamos en los gestos, en las pausas, en los intersticios de las conversaciones que nunca terminan de cuajar. Jugamos a perdernos en los ojos del otro, aunque sepamos que, al final, el retorno es siempre al mismo punto de partida.
Nos reímos con una risa que tiene algo de metáfora y algo de resignación. Nos abrazamos con la certeza de que todo lo que nos une es, también, lo que nos separa.
Y así somos. Como un cuento que empieza en la mitad de una frase, como una ciudad que cambia de nombre en cada esquina, como un tren que nunca se detiene del todo pero tampoco llega a ninguna parte.
En la noche oscura, donde el silencio grita,
las sombras se entrelazan con mis pensamientos,
como un amor que no se olvida,
que duele en cada rincón de mi ser.
Camino por calles desiertas,
donde las luces titilan como estrellas perdidas,
y el eco de tu risa resuena en el aire,
un susurro que aún me abraza y me hiere.
La vida es un juego de palabras mudas,
un laberinto donde busco tu sombra,
y aunque el tiempo dibuje arrugas en mi piel,
mi corazón sigue siendo joven por ti.
Vuelvo a escribirte en cada verso olvidado,
en cada lágrima que cae como lluvia suave.
Porque amarte es un arte y una condena,
y aquí estoy, atrapado entre lo dulce y lo amargo.