En septiembre de 2009 me encontraron inconsciente en el estacionamiento de un hospital en la ciudad de Arecibo. Estuve casi dos meses en coma y desperté un día antes de Acción de Gracias, en noviembre de ese mismo año.
¿Qué cambió en mi vida? Todo.
Tuve que aprender de nuevo a hablar, caminar, comer y utilizar las extremidades que no habían sido afectadas. Fue comenzar desde cero, pero con la conciencia de que seguir vivo ya era una oportunidad.
Quince años después, estoy agradecido por todo lo que puedo hacer sin depender de nadie. Es cierto que no pude continuar mi carrera en el ámbito jurídico, pero la vida me obligó a descubrir otra parte de mí: mi cerebro creativo.
Completé una segunda maestría, terminé estudios en artes culinarias y también en escritura creativa. Aprendí que una pérdida no siempre significa el final; a veces es el inicio de una versión distinta, más fuerte y más consciente.
Y aquí estoy.