La vida va dejando || ceniza en los caminos,
igual que el viejo otoño || deshoja los jardines;
nos rompe lentamente || los falsos pedestales
y muestra en el silencio || verdades invisibles.
Buscamos en los otros || aquello que perdimos,
llenando nuestras manos || de efímeros perfiles;
mas sólo en lo profundo || del alma que nos duele
descansa la respuesta || que tantos años huimos.
Aprendo cada día || a ser quien soy realmente,
sin máscaras de humo || ni aplausos pasajeros,
dejando que el destino || transcurra libremente.
Y así, cuando la sombra || visite mis senderos,
miraré frente al tiempo || sereno y transparente,
como árbol que en invierno || aún sueña primaveros.