Soy junco en la ribera de la vida,
y quiero ser un árbol en la altura;
me basta con andar cada caída,
y ansío una invencible arquitectura.
Conozco mi flaqueza y mis temores,
y sueño con un pecho inquebrantable;
acepto mis espinas y dolores,
y busco un horizonte más amable.
—Soy este que se mira y se comprende,
—Y yo, quien cada día lo mejora,
—Soy barro que al vivir también aprende.
—Y yo, la luz que al barro lo enamora.
Y al fin una verdad de ambos desciende:
quien busca ser mejor, ya se atesora.