Corre el ocaso hacia la noche negra,
llevándose recuerdos y la vida;
y el eterno mañana nos espera
paciente al final de la partida.
Se apaga lentamente cada llama,
se inclina el corazón hacia el silencio;
mas nada de lo amado se derrama,
pues vive en el recuerdo y en el tiempo.
Somos tan solo un soplo en el camino,
viajeros de un instante y de un latido;
mas cada ahora guarda su destino.
Por eso, mientras dure lo vivido,
hagamos del presente nuestro vino
y bebamos la luz de estar aquí, reunidos.