Nadie vio cómo la vida
iba cambiando despacio;
solo el silencio contaba
los pasos de aquel fracaso.
No hubo lágrimas ni aplausos,
ni palabras memorables;
solo un corazón luchando
por seguir siendo de alguien.
Las noches fueron muy largas,
los días, iguales todos;
la esperanza resistía
sin hacer ruido en los ojos.
Quien ama no necesita
que el mundo premie su entrega;
le basta saber que estuvo
cuando más falta hiciera.
Sin testigos fue el cariño,
sin discursos ni medallas;
las manos hablaron siempre
donde callaban las palabras.
Y comprendí que el amor
no busca ser admirado;
crece mejor en silencio,
como el trigo en los sembrados.
Tal vez las obras más grandes
.jamás ocupen portadas;
pero Dios las va escribiendo
en el libro de las almas.