Sonríe quien ha aprendido
que vivir ya es un regalo;
sin esperar que la suerte
le vaya llevando en brazos.
No precisa de motivos
para iluminar el paso;
lleva la luz en el pecho
y la reparte despacio.
Hay sonrisas que florecen
como almendros en marzo,
sin preguntar a la lluvia
si llegará este año.
No nacen de la abundancia,
ni del aplauso mundano;
brotan de un alma serena
que hizo las paces despacio.
Cuando sonríes sin causa,
todo parece más claro;
el dolor pierde asperezas,
el miedo afloja sus lazos.
Es un lenguaje sin voces,
un silencioso milagro;
dice más una sonrisa
que cien discursos humanos.
Quien sonríe porque vive
ya posee un gran tesoro:
ha descubierto que el gozo
no depende de lo externo.
Sonríe, aunque el día sea
gris, incierto o complicado;
quizá tu sonrisa encienda
la esperanza de otro hermano.