La mirada — Pedazos del alma (poetakabik) · Blog en MundoPoesía

La mirada

· 15 lecturas · 2 min de lectura
Hay miradas que no miran,
que se quedan en los ojos,
como una luz detenida
en el umbral de nosotros;
hay miradas que preguntan
sin pronunciar un asombro
y respuestas que aparecen
cuando callamos del todo.

Hay miradas que acarician
sin acercarse a la piel,
que atraviesan las distancias
sin saber cómo ni por qué;
y hay miradas que se quedan
cuando todo empieza a huir,
como se queda una estrella
cuando se apaga el jardín.

Una mirada conoce
lo que la palabra esconde,
sabe dónde está la herida
aunque nadie se la nombre;
puede encontrar en el silencio
lo que el corazón responde
y descubrir que dos almas
se comprenden sin saber dónde.

Yo he visto miradas llenas
de recuerdos y de ausencias,
ojos que guardan los años
como quien guarda una estrella;
y he visto también la infancia
renacer de pronto en ellas
si una pequeña alegría
abre sus antiguas puertas.

Hay miradas que se pierden
buscando lo que se ha ido,
y otras que miran de frente
sin preguntarle al destino;
unas buscan en el tiempo
lo que quedó en el camino,
otras viven el instante
como si fuera infinito.

La mirada es una puerta
que se abre con los ojos,
un camino silencioso
que va de uno hacia otro;
y a veces basta mirarnos
para sentir, poco a poco,
que aquello que nos separa
no fue nunca tan profundo.

Por eso miro despacio,
sin querer poseer nada,
miro la luz de la tarde,
miro el temblor de las ramas,
miro pasar a la gente
con sus tristezas calladas
y descubro que en sus ojos
también la vida se abraza.

Miro mis propias heridas,
sin esconderlas de mí,
y al mirarlas sin espanto
dejan de querer huir;
porque aquello que contemplas
con ternura, al fin,
no necesita esconderse
para poder existir.

Y cuando miro tus ojos
no busco saber quién eres,
ni preguntarte qué guardas,
ni adivinar lo que sientes;
solo quiero estar contigo
en ese instante en que puedes
mirarme sin decir nada
y yo entenderte sin verte.

Quizá mirar sea eso:
dejar que el mundo se muestre,
sin ponerle nuestras sombras,
sin pedirle que sea otro;
mirar es estar presente,
sin pasado ni horizonte,
y descubrir que en los ojos
también comienza el ahora.

Porque al final de la vida,
cuando todo se haya ido,
quizá solo quede aquello
que alguna vez hemos visto:
una mirada que amamos,
un rostro que conocimos,
y unos ojos que, en silencio,
nos dijeron: «Estoy contigo».
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