Inocencia — Pedazos del alma (poetakabik) · Blog en MundoPoesía

Inocencia

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Cuando era niño miraba
sin saber que estaba viendo,
y encontraba en cualquier cosa
un motivo para el juego;
una piedra era un tesoro,
una nube, un barco lento,
y el mundo cabía entero
en la palma de mi sueño.

No sabía que los días
se marchaban con el viento,
ni que el tiempo iba dejando
sus preguntas y sus ecos;
yo vivía cada instante
sin buscarle otro momento,
porque el ahora era el mundo
y el mundo era todo aquello.

No sabía de tristezas
que se esconden en los gestos,
ni de heridas que se llevan
sin que nadie pueda verlos;
yo creía que la vida
era siempre comenzar,
y que detrás de cada noche
había un sol para estrenar.

La inocencia no era ignorar,
era mirar sin defensa,
era abrirse a lo que llega
sin ponerle resistencia;
era darle al mundo entero
la confianza de una estrella
y creer que toda puerta
tenía luz detrás de ella.

Con los años fui aprendiendo
que la vida también duele,
que hay silencios que se quedan
cuando alguien ya no vuelve;
que los sueños se hacen viejos,
que las sombras nos sorprenden,
y que a veces hasta el alma
se cansa de ser valiente.

Pero un día, ya de adulto
cuando todo parecía perdido,
descubrí que aquella infancia
no se había despedido;
solo estaba en otro sitio,
esperando ser llamada,
como un pájaro escondido
en la memoria del alma.

Y volví a mirar las cosas
sin querer saber sus nombres,
a escuchar el agua limpia,
a observar cómo se esconde
el sol detrás de los árboles
cuando la tarde se rompe,
y sentí que aquella luz
todavía me conoce.

Entonces supe que el tiempo
no destruye lo que fuimos,
solo cubre con sus hojas
los caminos recorridos;
y que basta una mirada,
una canción, un olor antiguo,
para que vuelva aquel niño
que aún camina conmigo.

Hoy no quiero ser más sabio
si la sabiduría me aparta
de la humilde maravilla
de una flor recién mojada;
prefiero seguir mirando
con el alma despejada
y encontrar en lo pequeño
la grandeza de la nada.

Porque acaso la inocencia
no se pierde con los años:
se transforma en una forma
más serena de mirarnos;
es saber que hemos sufrido
sin dejar de maravillarnos,
y poder seguir amando
sin vivir siempre esperando.

Así regreso a la vida
con los ojos más abiertos,
ya conozco sus inviernos,
pero abrazo sus comienzos;
y si alguna vez me pierdo
entre dudas y silencios,
buscaré dentro de mí
aquel niño que aún está despierto.

Porque el día que perdamos
la capacidad de asombro,
aunque tengamos cien años
seremos viejos de pronto;
pero mientras una estrella
nos conmueva poco a poco,
seguirá siendo inocente
el corazón que la ha visto.
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