Ternura — Pedazos del alma (poetakabik) · Blog en MundoPoesía

Ternura

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La ternura no hace ruido,
no necesita palabras,
llega despacio a la vida
como la luz a la mañana;
se posa sobre las cosas
con sus manos delicadas,
y convierte en primavera,
la tristeza más cansada.

Es la mano que se acerca
sin preguntar qué te pasa,
la que conoce el silencio
y se queda cuando callas;
es saber que no hace falta
explicar ninguna lágrima
cuando alguien mira tus ojos
y comprende lo que guardas.

La ternura es una forma
de mirar sin exigir,
de aceptar al otro entero
sin quererlo corregir;
y es dejar que cada cual
encuentre su propio camino
y caminar a su lado
sin obligarle a seguirte.

Es cuidar sin que se note,
es quedarse sin promesas,
es llevar un poco de agua
a quien camina con sed;
es poner luz en la noche
sin preguntar por qué llega
y sentarse junto al miedo
hasta que el miedo se duerma.

La ternura está en las manos
que sostienen sin apretar,
en los ojos que acompañan
sin querer protagonizar;
en quien escucha despacio
si otro necesita hablar
y en quien sabe que a veces
amar es tan solo estar.

También vive en las pequeñas
cosas que nadie recuerda:
en arropar a quien duerme,
en cerrar despacio una puerta,
en guardar una palabra
para que el dolor no crezca,
en mirar hacia otro lado
cuando perdonar es la respuesta.

La ternura no es debilidad,
aunque parezca tan frágil;
es la fuerza de quien sabe
que la vida puede dañarte
y, aun así, decide siempre
no devolver daño a nadie;
es conservar en el pecho
un lugar para salvarse.

Quizá nacemos con ella
y después se va perdiendo
entre prisas y ambiciones,
entre miedos y pensamientos;
pero basta una mirada,
un abrazo verdadero,
para que vuelva aquella luz
que olvidamos con el tiempo.

La ternura es la inocencia
cuando aprende a comprender,
es la herida que ha sanado
y sin dejar de querer;
es el cuerpo que recuerda
sin volver a padecer,
es desnudarnos el alma
y no tener que esconder.

Es también estar presente
cuando el presente se quiebra,
sostener el breve instante
como quien sostiene una estrella;
saber que todo se marcha
y que nada nos pertenece,
pero amar mientras tenemos
la vida entre nuestras manos.

Y cuando llegue la hora
de marcharnos lentamente,
quizá no quede en nosotros
ni una palabra siquiera;
pero queda la ternura
que entregamos a la gente,
esa forma de haber amado
que nunca desaparece.

Porque al final lo que somos,
cuando el tiempo nos despoja,
no son los años vividos
ni las cosas que se compran;
somos la luz que dejamos
en las almas que nos rozan,
la caricia que permanece
cuando nuestras manos sobran.

Por eso, si he de dejar algo
cuando termine mi andar,
que no sean grandes palabras
ni deseos de perdurar;
que sea una pequeña huella
en algún corazón cansado,
y que alguien, al recordarme,
sienta ganas de abrazar.

Y así termina este viaje
por la memoria y la vida:
con el ahora en los ojos,
con el alma ya desnuda,
con el cuerpo que recuerda,
con la inocencia encendida,
y con la humilde certeza
de que amar es la ternura.

Porque después de todo,
cuando ya no queda nada,
cuando el silencio nos cubre
y se apagan las palabras,
quizá solo permanezca
lo que dimos sin pedir:
una mirada, una presencia,
y la ternura de vivir.
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