Para que alguna vez, cuando yo muera,
digas: "el cazador, el silencioso"...
te he de explicar porqué no maté al oso
cuando tu voz ansiosa lo exigiera.
Primero, yo no mato en primavera.
Segundo, en el invierno duerme el oso.
Tercero, en el verano es tan gracioso
que no puedo matarlo aunque quisiera.
Por eso, Paula, quiero que recuerdes
a un viejo cazador de ojos verdes
que dejó su fusil y su cuchillo
para contarte una pequeña historia,
sin oso, sin angustia, sin memoria,
un cuento nada más, claro y sencillo.
fuente.
Agradezco a Dios por Roberto Themis Speroni
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