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MALCO
MANUEL LÓPEZ COSTA
©Todos los Derechos Reservados

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    Garcilaso de la Vega

    SONETO I

    Cuando me paro a contemplar mi estado
    y a ver los pasos por dó me ha traído,

    hallo, según por do anduve perdido,
    que a mayor mal pudiera haber llegado;

    mas cuando del camino estoy olvidado,
    a tanto mal no sé por dó he venido:
    sé que me acabo, y mas he yo sentido
    ver acabar conmigo mi cuidado.

    Yo acabaré, que me entregué sin arte
    a quien sabrá perderme y acabarme,
    si quisiere, y aun sabrá querello:

    que pues mi voluntad puede matarme,
    la suya, que no es tanto de mi parte,
    pudiendo, ¿qué hará sino hacello?


    SONETO II

    En fin, a vuestras manos he venido,
    do sé que he de morir tan apretado,
    que aun aliviar con quejas mi cuidado,
    como remedio, me es ya defendido;

    mi vida no sé en qué se ha sostenido,
    si no es en haber sido yo guardado
    para que sólo en mí fuese probado
    cuanto corta una espada en un rendido.

    Mis lágrimas han sido derramadas
    donde la sequedad y la aspereza
    dieron mal fruto dellas y mi suerte:

    ¡basten las que por vos tengo lloradas;
    no os venguéis más de mí con mi flaqueza;
    allá os vengad, señora, con mi muerte!


    SONETO XII

    Si para refrenar este deseo
    loco, imposible, vano, temeroso,
    y guarecer de un mal tan peligroso,
    que es darme a entender yo lo que no creo.

    No me aprovecha verme cual me veo,
    o muy aventurado o muy medroso,
    en tanta confusión que nunca oso
    fiar el mal de mí que lo poseo,

    ¿qué me ha de aprovechar ver la pintura
    de aquél que con las alas derretidas
    cayendo, fama y nombre al mar ha dado,

    y la del que su fuego y su locura
    llora entre aquellas plantas conocidas
    apenas en el agua resfríado?

    SONETO XV

    Si quejas y lamentos pueden tanto,
    que enfrenaron el curso de los ríos,
    y en los diversos montes y sombríos
    los árboles movieron con su canto;

    si convertieron a escuchar su llanto
    los fieros tigres, y peñascos fríos;
    si, en fin, con menos casos que los míos
    bajaron a los reinos del espanto,

    ¿por qué no ablandará mi trabajosa
    vida, en miseria y lágrimas pasada,
    un corazón conmigo endurecido?

    Con más piedad debría ser escuchada
    la voz del que se llora por perdido
    que la del que perdió y llora otra cosa.

    SONETO XXX

    Sospechas, que en mi triste fantasía
    puestas, hacéis la guerra a mi sentido,
    volviendo y revolviendo el afligido
    pecho, con dura mano noche y día;

    ya se acabó la resistencia mía
    y la fuerza del alma; ya rendido
    vencer de vos me dejo, arrepentido
    de haberos contrastado en tal porfía.

    Llevadme a aquel lugar tan espantable,
    que, por no ver mi muerte allí esculpida,
    cerrados hasta aquí tuve los ojos.

    Las armas pongo ya, que concedida
    no es tan larga defensa al miserable;
    colgad en vuestro carro mis despojos.

    Garcilaso de la Vega.

    *****************************************************************************

    Francisco de la Torre

    SONETO XXV

    Con toda la cabeza de Medusa
    tiranamente trata mi firmeza;
    muéstrame su rigor, y su belleza,
    por quien de mil tramas armas usa.

    Miro de transformados la confusa
    pesadumbre que infaman su dureza;
    quiero escusar mi mal, y la pereza
    del encanto crüel mi intento escusa.

    Quedo de mármol simulacro eterno
    a su templo terrible consagrado,
    como los que atrevidamente vieron;

    y hecho despojo del tirano tierno,
    no escusando poder tiranizado,
    me ofende como a aquellos que ofendieron.

    SIGO SILENCIO

    Sigo, silencio, tu estrellado manto,
    de transparentes lumbres guarnecido,
    enemiga del sol esclarecido,
    ave noturna de agorero canto.

    El falso mago Amor, con el encanto
    de palabras quebradas por olvido,
    convirtió mi razón y mi sentido,
    mi cuerpo no, por deshacelle en llanto.

    Tú, que sabes mi mal, y tú, que fuiste
    la ocasión principal de mi tormento,
    por quien fui venturoso y desdichado,

    oye tú solo mi dolor, que al triste
    a quien persigue cielo violento
    no le está bien que sepa su cuidado.

    Francisco de la Torre


    ************************************************************************************
    Pablo Neruda


    Soneto III

    Áspero amor, violeta coronada de espinas,

    matorral entre tantas pasiones erizado,
    lanza de los dolores, corola de la cólera,
    por qué caminos y cómo te dirigiste a mi alma?

    Por qué precipitaste tu fuego doloroso,
    de pronto, entre las hojas frías de mi camino?
    Quién te enseñó los pasos que hasta mí te llevaron?
    Qué flor, qué piedra, qué humo mostraron mi morada?

    Lo cierto es que tembló la noche pavorosa,
    el alba llenó todas las copas con su vino
    y el sol estableció su presencia celeste,

    mientras que el cruel amor me cercaba sin tregua
    hasta que lacerándome con espadas y espinas
    abrió en mi corazón un camino quemante.

    Soneto V

    No te toque la noche ni el aire ni la aurora,
    sólo la tierra, la virtud de los racimos,
    las manzanas que crecen oyendo el agua pura,
    el barro y las resinas de tu país fragante.
    Desde Quinchamalí donde hicieron tus ojos
    hasta tus pies creados para mí en la Frontera
    eres la greda oscura que conozco:
    en tus caderas toco de nuevo todo el trigo.
    Tal vez tú no sabías, araucana,
    que cuando antes de amarte me olvidé de tus besos
    mi corazón quedó recordando tu boca
    y fui como un herido por las calles
    hasta que comprendí que había encontrado,
    amor, mi territorio de besos y volcanes.

    Soneto VIII

    Si no fuera porque tus ojos tienen color de luna,
    de día con arcilla, con trabajo, con fuego,
    y aprisionada tienes la agilidad del aire,
    si no fuera porque eres una semana de ámbar,
    si no fuera porque eres el momento amarillo
    en que el otoño sube por las enredaderas
    y eres aún el pan que la luna fragante
    elabora paseando su harina por el cielo,
    oh, bienamada, yo no te amaría!
    En tu abrazo yo abrazo lo que existe,
    la arena, el tiempo, el árbol de la lluvia,
    y todo vive para que yo viva:
    sin ir tan lejos puedo verlo todo:
    veo en tu vida todo lo viviente.


    Soneto IX

    Al golpe de la ola contra la piedra indócil
    la claridad estalla y establece su rosa
    y el círculo del mar se reduce a un racimo,
    a una sola gota de sal azul que cae.
    Oh radiante magnolia desatada en la espuma,
    magnética viajera cuya muerte florece
    y eternamente vuelve a ser y a no ser nada:
    sal rota, deslumbrante movimiento marino.
    Juntos tú y yo, amor mío, sellamos el silencio,
    mientras destruye el mar sus constantes estatuas
    y derrumba sus torres de arrebato y blancura,
    porque en la trama de estos tejidos invisibles
    del agua desbocada, de la incesante arena,
    sostenemos la única y acosada ternura.


    Soneto X


    Suave es la bella como si música y madera,
    ágata, telas, trigo, duraznos transparentes,
    hubieran erigido la fugitiva estatua.
    Hacia la ola dirige su contraria frescura.
    El mar moja bruñidos pies copiados
    a la forma recién trabajada en la arena
    y es ahora su fuego femenino de rosa
    una sola burbuja que el sol y el mar combaten.
    Ay, que nada te toque sino la sal del frío!
    Que ni el amor destruya la primavera intacta.
    Hermosa, reverbero de la indeleble espuma,
    deja que tus caderas impongan en el agua
    una medida nueva de cisne o de nenúfar
    y navegue tu estatua por el cristal eterno.


    Soneto XI

    Suave es la bella como si música y madera,
    ágata, telas, trigo, duraznos transparentes,
    hubieran erigido la fugitiva estatua.
    Hacia la ola dirige su contraria frescura.
    El mar moja bruñidos pies copiados
    a la forma recién trabajada en la arena
    y es ahora su fuego femenino de rosa
    una sola burbuja que el sol y el mar combaten.
    Ay, que nada te toque sino la sal del frío!
    Que ni el amor destruya la primavera intacta.
    Hermosa, reverbero de la indeleble espuma,
    deja que tus caderas impongan en el agua
    una medida nueva de cisne o de nenúfar
    y navegue tu estatua por el cristal eterno.



    Soneto XXII

    Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo,
    sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura,
    en regiones contrarias, en un mediodía quemante:
    eras sólo el aroma de los cereales que amo.
    Tal vez te vi, te supuse al pasar levantando una copa
    en Angol, a la luz de la luna de Junio,
    o eras tú la cintura de aquella guitarra
    que toqué en las tinieblas y sonó como el mar desmedido.
    Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria.
    En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato.
    Pero yo ya sabía cómo era. De pronto
    mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida:
    frente a mis ojos estabas, reinándome, y reinas.
    Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino.


    Soneto XXIII

    Fue luz el fuego y pan la luna rencorosa,
    el jazmín duplicó su estrellado secreto,
    y del terrible amor las suaves manos puras
    dieron paz a mis ojos y sol a mis sentidos.
    Oh amor, cómo de pronto, de las desgarraduras
    hiciste el edificio de la dulce firmeza,
    derrotaste las uñas malignas y celosas
    y hoy frente al mundo somos como una sola vida.
    Así fue, así es y así será hasta cuando,
    salvaje y dulce amor, bienamada Matilde,
    el tiempo nos señale la flor final del día.
    Sin ti, sin mí, sin luz ya no seremos:
    entonces más allá del la tierra y la sombra
    el resplandor de nuestro amor seguirá vivo.


    Soneto XXIV

    Amor, amor, las nubes a la torre del cielo
    subieron como triunfantes lavanderas,
    y todo ardió en azul, todo fue estrella:
    el mar, la nave, el día se desterraron juntos.
    Ven a ver los cerezos del agua constelada
    y la clave redonda del rápido universo,
    ven a tocar el fuego del azul instantáneo,
    ven antes de que sus pétalos se consuman.
    No hay aquí sino luz, cantidades, racimos,
    espacio abierto por las virtudes del viento
    hasta entregar los últimos secretos de la espuma.
    Y entre tantos azules celestes, sumergidos,
    se pierden nuestros ojos adivinando apenas
    los poderes del aire, las llaves submarinas.

    Soneto XXV

    Antes de amarte, amor, nada era mío:
    vacilé por las calles y las cosas:
    nada contaba ni tenía nombre:
    el mundo era del aire que esperaba.
    Yo conocí salones cenicientos,
    túneles habitados por la luna,
    hangares crueles que se despedían,
    preguntas que insistían en la arena.
    Todo estaba vacío, muerto y mudo,
    caído, abandonado y decaído,
    todo era inalienablemente ajeno,
    todo era de los otros y de nadie,
    hasta que tu belleza y tu pobreza
    llenaron el otoño de regalos.


    Soneto XXVI

    Ni el color de las dunas terribles en Iquique,
    ni el estuario del Río Dulce de Guatemala,
    cambiaron tu perfil conquistado en el trigo,
    tu estilo de uva grande, tu boca de guitarra.
    Oh corazón, oh mía desde todo el silencio,
    desde las cumbres donde reinó la enredadera
    hasta las desoladas planicies del platino,
    en toda patria pura te repitió la tierra.
    Pero ni huraña mano de montes minerales,
    ni nieve tibetana, ni piedra de Polonia,
    nada alteró tu forma de cereal viajero,
    como si greda o trigo, guitarras o racimos
    de Chillán defendieran en ti su territorio
    imponiendo el mandato de la luna silvestre.


    Soneto XXVII

    Desnuda eres tan simple como una de tus manos,
    lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente,
    tienes líneas de luna, caminos de manzana,
    desnuda eres delgada como el trigo desnudo.
    Desnuda eres azul como la noche en Cuba,
    tienes enredaderas y estrellas en el pelo,
    desnuda eres enorme y amarilla
    como el verano en una iglesia de oro.
    Desnuda eres pequeña como una de tus uñas,
    curva, sutil, rosada hasta que nace el día
    y te metes en el subterráneo del mundo
    como en un largo túnel de trajes y trabajos:
    tu claridad se apaga, se viste, se deshoja
    y otra vez vuelve a ser una mano desnuda.

    Soneto XXVIII

    Amor, de grano a grano, de planeta a planeta,
    la red del viento con sus países sombríos,
    la guerra con sus zapatos de sangre,
    o bien el día y la noche de la espiga.
    Por donde fuimos, islas o puentes o banderas,
    violines del fugaz otoño acribillado,
    repitió la alegría los labios de la copa,
    el dolor nos detuvo con su lección de llanto.
    En todas las repúblicas desarrollaba el viento
    su pabellón impune, su glacial cabellera
    y luego regresaba la flor a sus trabajos.
    Pero en nosotros nunca se calcinó el otoño.
    Y en nuestra patria inmóvil germinaba y crecía
    el amor con los derechos del rocío.


    Soneto XXIX

    Vienes de la pobreza de las casas del Sur,
    de las regiones duras con frío y terremoto
    que cuando hasta sus dioses rodaron a la muerte
    nos dieron la lección de la vida en la greda.
    Eres un caballito de greda negra, un beso
    de barro oscuro, amor, amapola de greda,
    paloma del crepúsculo que voló en los caminos,
    alcancía con lágrimas de nuestra pobre infancia.
    Muchacha, has conservado tu corazón de pobre,
    tus pies de pobre acostumbrados a las piedras,
    tu boca que no siempre tuvo pan o delicia.
    Eres del pobre Sur, de donde viene mi alma:
    en su cielo tu madre sigue lavando ropa
    con mi madre. Por eso te escogí, compañera.


    Soneto XXX

    Tienes del archipiélago las hebras del alerce,
    la carne trabajada por los siglos del tiempo,
    venas que conocieron el mar de las maderas,
    sangre verde caída del cielo a la memoria.
    Nadie recogerá mi corazón perdido
    entre tantas raíces, en la amarga frescura
    del sol multiplicado por la furia del agua,
    allí vive la sombra que no viaja conmigo.
    Por eso tú saliste del Sur como una isla
    poblada y coronada por plumas y maderas
    y yo sentí el aroma de los bosques errantes,
    hallé la miel oscura que conocí en la selva,
    y toqué en tus caderas los pétalos sombríos
    que nacieron conmigo y construyeron mi alma.

    Soneto XXXI

    Con laureles del Sur y orégano de Lota
    te corono, pequeña monarca de mis huesos,
    y no puede faltarte esa corona
    que elabora la tierra con bálsamo y follaje.
    Eres, como el que te ama, de las provincias verdes:
    de allá trajimos barro que nos corre en la sangre,
    en la ciudad andamos, como tantos, perdidos,
    temerosos de que cierren el mercado.
    Bienamada, tu sombra tiene olor a ciruela,
    tus ojos escondieron en el Sur sus raíces,
    tu corazón es una paloma de alcancía,
    tu cuerpo es liso como las piedras en el agua,
    tus besos son racimos con rocío,
    y yo a tu lado vivo con la tierra.


    Soneto XXXII

    La casa en la mañana con la verdad revuelta
    de sábanas y plumas, el origen del día
    sin dirección, errante como una pobre barca,
    entre los horizontes del orden y del sueño.
    Las cosas quieren arrastrar vestigios,
    adherencias sin rumbo, herencias frías,
    los papeles esconden vocales arrugadas
    y en la botella el vino quiere seguir su ayer.
    Ordenadora, pasas vibrando como abeja
    tocando las regiones perdidas por la sombra,
    conquistando la luz con tu blanca energía.
    Y se construye entonces la claridad de nuevo:
    obedecen las cosas al viento de la vida
    y el orden establece su pan y su paloma.


    Soneto XXXIII

    Amor, ahora nos vamos a la casa
    donde la enredadera sube por las escalas:
    antes que llegues tú llegó a tu dormitorio
    el verano desnudo con pies de madreselva.
    Nuestros besos errantes recorrieron el mundo:
    Armenia, espesa gota de miel desenterrada,
    Ceylán, paloma verde, y el Yang Tsé separando
    con antigua paciencia los días de las noches.
    Y ahora, bienamada, por el mar crepitante
    volvemos como dos aves ciegas al muro,
    al nido de la lejana primavera,
    porque el amor no puede volar sin detenerse:
    al muro o a las piedras del mar van nuestras vidas,
    a nuestro territorio regresaron los besos.

    ********************************************************************************

    Antonio Machado

    SONETOS

    I

    Tuvo mi corazón, encrucijada

    de cien caminos, todos pasajeros,
    un gentío sin cita ni posada,
    como en andén ruidoso de viajeros.

    Hizo a los cuatro vientos su jornada,
    disperso el corazón por cien senderos
    de llana tierra o piedra aborrascada,
    y a la suerte, en el mar, de cien veleros,

    Hoy, enjambre que torna a su colmena
    cuando el bando de cuervos enronquece
    en busca de su peña denegrida,

    vuelve mi corazón a su faena,
    con néctares del campo que florece
    v el luto de la tarde desabrida.

    II
    Verás la maravilla del camino,
    camino de soñada Compostela
    —¡oh monte lila y flavo!—, peregrino,
    en un llano, entre chopos de candela.

    Otoño con dos ríos ha dorado
    el cerco del gigante centinela
    de piedra y luz, prodigio torreado
    que en el azul sin mancha se modela.

    Verás en la llanura una jauría
    de agudos galgos y un señor de caza,
    cabalgando a lejana serranía,

    vano fantasma de una vieja raza.
    Debes entrar cuando en la tarde fría
    brille un balcón de la desierta plaza.

    III
    ¿Empañé tu memoria? ¡Cuántas veces!
    La vida baja como un ancho río,
    y cuando lleva al mar alto navío
    va con cieno verdoso y turbias heces

    Y más si hubo tormenta en sus orillas,
    y él arrastra el botín de la tormenta,
    si en su cielo la nube cenicienta
    se incendió de centellas amarillas.

    Pero aunque fluya hacia la mar ignota,
    es la vida también agua de fuente
    que de claro venero, gota a gota,

    o ruidoso penacho de torrente,
    bajo el azul, sobre la piedra brota.
    Y allí suena tu nombre ¡eternamente!

    IV
    Esta luz de Sevilla... Es el palacio
    donde nací, con su rumor de fuente.
    Mi padre, en su despacho.—La alta frente,
    la breve mosca, y el bigote lacio—.

    Mi padre, aun joven. Lee, escribe, hojea
    sus libros y medita. Se levanta;
    va hacia la puerta del jardín. Pasea.
    A veces habla solo, a veces canta.

    Sus grandes ojos de mirar inquieto
    ahora vagar parecen, sin objeto
    donde puedan posar, en el vacío.

    Ya escapan de su ayer a su mañana;
    ya miran en el tiempo, ¡padre mío!,
    piadosamente mi cabeza cana.

    V
    Huye del triste amor, amor pacato,
    sin peligro, sin venda ni aventura,
    que espera del amor prenda segura,
    porque en amor locura es lo sensato.

    Ese que el pecho esquiva al niño ciego
    y blasfemó del fuego de la vida,
    de una brasa pensada, y no encendida,
    quiere ceniza que le guarde el fuego.

    Y ceniza hallará, no de su llama,
    cuando descubra el torpe desvarío
    que pedía, sin flor, fruto en la rama.

    Con negra llave el aposento frío
    de su tiempo abrirá. ¡Desierta cama,
    y turbio espejo y corazón vacío!

    ***************************************************************************











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    Garcilaso de la Vega

    SONETO I

    Cuando me paro a contemplar mi estado
    y a ver los pasos por dó me ha traído,

    hallo, según por do anduve perdido,
    que a mayor mal pudiera haber llegado;

    mas cuando del camino estoy olvidado,
    a tanto mal no sé por dó he venido:
    sé que me acabo, y mas he yo sentido
    ver acabar conmigo mi cuidado.

    Yo acabaré, que me entregué sin arte
    a quien sabrá perderme y acabarme,
    si quisiere, y aun sabrá querello:

    que pues mi voluntad puede matarme,
    la suya, que no es tanto de mi parte,
    pudiendo, ¿qué hará sino hacello?


    SONETO II

    En fin, a vuestras manos he venido,
    do sé que he de morir tan apretado,
    que aun aliviar con quejas mi cuidado,
    como remedio, me es ya defendido;

    mi vida no sé en qué se ha sostenido,
    si no es en haber sido yo guardado
    para que sólo en mí fuese probado
    cuanto corta una espada en un rendido.

    Mis lágrimas han sido derramadas
    donde la sequedad y la aspereza
    dieron mal fruto dellas y mi suerte:

    ¡basten las que por vos tengo lloradas;
    no os venguéis más de mí con mi flaqueza;
    allá os vengad, señora, con mi muerte!


    SONETO XII

    Si para refrenar este deseo
    loco, imposible, vano, temeroso,
    y guarecer de un mal tan peligroso,
    que es darme a entender yo lo que no creo.

    No me aprovecha verme cual me veo,
    o muy aventurado o muy medroso,
    en tanta confusión que nunca oso
    fiar el mal de mí que lo poseo,

    ¿qué me ha de aprovechar ver la pintura
    de aquél que con las alas derretidas
    cayendo, fama y nombre al mar ha dado,

    y la del que su fuego y su locura
    llora entre aquellas plantas conocidas
    apenas en el agua resfríado?

    SONETO XV

    Si quejas y lamentos pueden tanto,
    que enfrenaron el curso de los ríos,
    y en los diversos montes y sombríos
    los árboles movieron con su canto;

    si convertieron a escuchar su llanto
    los fieros tigres, y peñascos fríos;
    si, en fin, con menos casos que los míos
    bajaron a los reinos del espanto,

    ¿por qué no ablandará mi trabajosa
    vida, en miseria y lágrimas pasada,
    un corazón conmigo endurecido?

    Con más piedad debría ser escuchada
    la voz del que se llora por perdido
    que la del que perdió y llora otra cosa.

    SONETO XXX

    Sospechas, que en mi triste fantasía
    puestas, hacéis la guerra a mi sentido,
    volviendo y revolviendo el afligido
    pecho, con dura mano noche y día;

    ya se acabó la resistencia mía
    y la fuerza del alma; ya rendido
    vencer de vos me dejo, arrepentido
    de haberos contrastado en tal porfía.

    Llevadme a aquel lugar tan espantable,
    que, por no ver mi muerte allí esculpida,
    cerrados hasta aquí tuve los ojos.

    Las armas pongo ya, que concedida
    no es tan larga defensa al miserable;
    colgad en vuestro carro mis despojos.

    Garcilaso de la Vega.

    *****************************************************************************

    Francisco de la Torre

    SONETO XXV

    Con toda la cabeza de Medusa
    tiranamente trata mi firmeza;
    muéstrame su rigor, y su belleza,
    por quien de mil tramas armas usa.

    Miro de transformados la confusa
    pesadumbre que infaman su dureza;
    quiero escusar mi mal, y la pereza
    del encanto crüel mi intento escusa.

    Quedo de mármol simulacro eterno
    a su templo terrible consagrado,
    como los que atrevidamente vieron;

    y hecho despojo del tirano tierno,
    no escusando poder tiranizado,
    me ofende como a aquellos que ofendieron.

    SIGO SILENCIO

    Sigo, silencio, tu estrellado manto,
    de transparentes lumbres guarnecido,
    enemiga del sol esclarecido,
    ave noturna de agorero canto.

    El falso mago Amor, con el encanto
    de palabras quebradas por olvido,
    convirtió mi razón y mi sentido,
    mi cuerpo no, por deshacelle en llanto.

    Tú, que sabes mi mal, y tú, que fuiste
    la ocasión principal de mi tormento,
    por quien fui venturoso y desdichado,

    oye tú solo mi dolor, que al triste
    a quien persigue cielo violento
    no le está bien que sepa su cuidado.

    Francisco de la Torre


    ************************************************************************************
    Pablo Neruda


    Soneto III

    Áspero amor, violeta coronada de espinas,

    matorral entre tantas pasiones erizado,
    lanza de los dolores, corola de la cólera,
    por qué caminos y cómo te dirigiste a mi alma?

    Por qué precipitaste tu fuego doloroso,
    de pronto, entre las hojas frías de mi camino?
    Quién te enseñó los pasos que hasta mí te llevaron?
    Qué flor, qué piedra, qué humo mostraron mi morada?

    Lo cierto es que tembló la noche pavorosa,
    el alba llenó todas las copas con su vino
    y el sol estableció su presencia celeste,

    mientras que el cruel amor me cercaba sin tregua
    hasta que lacerándome con espadas y espinas
    abrió en mi corazón un camino quemante.

    Soneto V

    No te toque la noche ni el aire ni la aurora,
    sólo la tierra, la virtud de los racimos,
    las manzanas que crecen oyendo el agua pura,
    el barro y las resinas de tu país fragante.
    Desde Quinchamalí donde hicieron tus ojos
    hasta tus pies creados para mí en la Frontera
    eres la greda oscura que conozco:
    en tus caderas toco de nuevo todo el trigo.
    Tal vez tú no sabías, araucana,
    que cuando antes de amarte me olvidé de tus besos
    mi corazón quedó recordando tu boca
    y fui como un herido por las calles
    hasta que comprendí que había encontrado,
    amor, mi territorio de besos y volcanes.

    Soneto VIII

    Si no fuera porque tus ojos tienen color de luna,
    de día con arcilla, con trabajo, con fuego,
    y aprisionada tienes la agilidad del aire,
    si no fuera porque eres una semana de ámbar,
    si no fuera porque eres el momento amarillo
    en que el otoño sube por las enredaderas
    y eres aún el pan que la luna fragante
    elabora paseando su harina por el cielo,
    oh, bienamada, yo no te amaría!
    En tu abrazo yo abrazo lo que existe,
    la arena, el tiempo, el árbol de la lluvia,
    y todo vive para que yo viva:
    sin ir tan lejos puedo verlo todo:
    veo en tu vida todo lo viviente.


    Soneto IX

    Al golpe de la ola contra la piedra indócil
    la claridad estalla y establece su rosa
    y el círculo del mar se reduce a un racimo,
    a una sola gota de sal azul que cae.
    Oh radiante magnolia desatada en la espuma,
    magnética viajera cuya muerte florece
    y eternamente vuelve a ser y a no ser nada:
    sal rota, deslumbrante movimiento marino.
    Juntos tú y yo, amor mío, sellamos el silencio,
    mientras destruye el mar sus constantes estatuas
    y derrumba sus torres de arrebato y blancura,
    porque en la trama de estos tejidos invisibles
    del agua desbocada, de la incesante arena,
    sostenemos la única y acosada ternura.


    Soneto X


    Suave es la bella como si música y madera,
    ágata, telas, trigo, duraznos transparentes,
    hubieran erigido la fugitiva estatua.
    Hacia la ola dirige su contraria frescura.
    El mar moja bruñidos pies copiados
    a la forma recién trabajada en la arena
    y es ahora su fuego femenino de rosa
    una sola burbuja que el sol y el mar combaten.
    Ay, que nada te toque sino la sal del frío!
    Que ni el amor destruya la primavera intacta.
    Hermosa, reverbero de la indeleble espuma,
    deja que tus caderas impongan en el agua
    una medida nueva de cisne o de nenúfar
    y navegue tu estatua por el cristal eterno.


    Soneto XI

    Suave es la bella como si música y madera,
    ágata, telas, trigo, duraznos transparentes,
    hubieran erigido la fugitiva estatua.
    Hacia la ola dirige su contraria frescura.
    El mar moja bruñidos pies copiados
    a la forma recién trabajada en la arena
    y es ahora su fuego femenino de rosa
    una sola burbuja que el sol y el mar combaten.
    Ay, que nada te toque sino la sal del frío!
    Que ni el amor destruya la primavera intacta.
    Hermosa, reverbero de la indeleble espuma,
    deja que tus caderas impongan en el agua
    una medida nueva de cisne o de nenúfar
    y navegue tu estatua por el cristal eterno.



    Soneto XXII

    Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo,
    sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura,
    en regiones contrarias, en un mediodía quemante:
    eras sólo el aroma de los cereales que amo.
    Tal vez te vi, te supuse al pasar levantando una copa
    en Angol, a la luz de la luna de Junio,
    o eras tú la cintura de aquella guitarra
    que toqué en las tinieblas y sonó como el mar desmedido.
    Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria.
    En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato.
    Pero yo ya sabía cómo era. De pronto
    mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida:
    frente a mis ojos estabas, reinándome, y reinas.
    Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino.


    Soneto XXIII

    Fue luz el fuego y pan la luna rencorosa,
    el jazmín duplicó su estrellado secreto,
    y del terrible amor las suaves manos puras
    dieron paz a mis ojos y sol a mis sentidos.
    Oh amor, cómo de pronto, de las desgarraduras
    hiciste el edificio de la dulce firmeza,
    derrotaste las uñas malignas y celosas
    y hoy frente al mundo somos como una sola vida.
    Así fue, así es y así será hasta cuando,
    salvaje y dulce amor, bienamada Matilde,
    el tiempo nos señale la flor final del día.
    Sin ti, sin mí, sin luz ya no seremos:
    entonces más allá del la tierra y la sombra
    el resplandor de nuestro amor seguirá vivo.


    Soneto XXIV

    Amor, amor, las nubes a la torre del cielo
    subieron como triunfantes lavanderas,
    y todo ardió en azul, todo fue estrella:
    el mar, la nave, el día se desterraron juntos.
    Ven a ver los cerezos del agua constelada
    y la clave redonda del rápido universo,
    ven a tocar el fuego del azul instantáneo,
    ven antes de que sus pétalos se consuman.
    No hay aquí sino luz, cantidades, racimos,
    espacio abierto por las virtudes del viento
    hasta entregar los últimos secretos de la espuma.
    Y entre tantos azules celestes, sumergidos,
    se pierden nuestros ojos adivinando apenas
    los poderes del aire, las llaves submarinas.

    Soneto XXV

    Antes de amarte, amor, nada era mío:
    vacilé por las calles y las cosas:
    nada contaba ni tenía nombre:
    el mundo era del aire que esperaba.
    Yo conocí salones cenicientos,
    túneles habitados por la luna,
    hangares crueles que se despedían,
    preguntas que insistían en la arena.
    Todo estaba vacío, muerto y mudo,
    caído, abandonado y decaído,
    todo era inalienablemente ajeno,
    todo era de los otros y de nadie,
    hasta que tu belleza y tu pobreza
    llenaron el otoño de regalos.


    Soneto XXVI

    Ni el color de las dunas terribles en Iquique,
    ni el estuario del Río Dulce de Guatemala,
    cambiaron tu perfil conquistado en el trigo,
    tu estilo de uva grande, tu boca de guitarra.
    Oh corazón, oh mía desde todo el silencio,
    desde las cumbres donde reinó la enredadera
    hasta las desoladas planicies del platino,
    en toda patria pura te repitió la tierra.
    Pero ni huraña mano de montes minerales,
    ni nieve tibetana, ni piedra de Polonia,
    nada alteró tu forma de cereal viajero,
    como si greda o trigo, guitarras o racimos
    de Chillán defendieran en ti su territorio
    imponiendo el mandato de la luna silvestre.


    Soneto XXVII

    Desnuda eres tan simple como una de tus manos,
    lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente,
    tienes líneas de luna, caminos de manzana,
    desnuda eres delgada como el trigo desnudo.
    Desnuda eres azul como la noche en Cuba,
    tienes enredaderas y estrellas en el pelo,
    desnuda eres enorme y amarilla
    como el verano en una iglesia de oro.
    Desnuda eres pequeña como una de tus uñas,
    curva, sutil, rosada hasta que nace el día
    y te metes en el subterráneo del mundo
    como en un largo túnel de trajes y trabajos:
    tu claridad se apaga, se viste, se deshoja
    y otra vez vuelve a ser una mano desnuda.

    Soneto XXVIII

    Amor, de grano a grano, de planeta a planeta,
    la red del viento con sus países sombríos,
    la guerra con sus zapatos de sangre,
    o bien el día y la noche de la espiga.
    Por donde fuimos, islas o puentes o banderas,
    violines del fugaz otoño acribillado,
    repitió la alegría los labios de la copa,
    el dolor nos detuvo con su lección de llanto.
    En todas las repúblicas desarrollaba el viento
    su pabellón impune, su glacial cabellera
    y luego regresaba la flor a sus trabajos.
    Pero en nosotros nunca se calcinó el otoño.
    Y en nuestra patria inmóvil germinaba y crecía
    el amor con los derechos del rocío.


    Soneto XXIX

    Vienes de la pobreza de las casas del Sur,
    de las regiones duras con frío y terremoto
    que cuando hasta sus dioses rodaron a la muerte
    nos dieron la lección de la vida en la greda.
    Eres un caballito de greda negra, un beso
    de barro oscuro, amor, amapola de greda,
    paloma del crepúsculo que voló en los caminos,
    alcancía con lágrimas de nuestra pobre infancia.
    Muchacha, has conservado tu corazón de pobre,
    tus pies de pobre acostumbrados a las piedras,
    tu boca que no siempre tuvo pan o delicia.
    Eres del pobre Sur, de donde viene mi alma:
    en su cielo tu madre sigue lavando ropa
    con mi madre. Por eso te escogí, compañera.


    Soneto XXX

    Tienes del archipiélago las hebras del alerce,
    la carne trabajada por los siglos del tiempo,
    venas que conocieron el mar de las maderas,
    sangre verde caída del cielo a la memoria.
    Nadie recogerá mi corazón perdido
    entre tantas raíces, en la amarga frescura
    del sol multiplicado por la furia del agua,
    allí vive la sombra que no viaja conmigo.
    Por eso tú saliste del Sur como una isla
    poblada y coronada por plumas y maderas
    y yo sentí el aroma de los bosques errantes,
    hallé la miel oscura que conocí en la selva,
    y toqué en tus caderas los pétalos sombríos
    que nacieron conmigo y construyeron mi alma.

    Soneto XXXI

    Con laureles del Sur y orégano de Lota
    te corono, pequeña monarca de mis huesos,
    y no puede faltarte esa corona
    que elabora la tierra con bálsamo y follaje.
    Eres, como el que te ama, de las provincias verdes:
    de allá trajimos barro que nos corre en la sangre,
    en la ciudad andamos, como tantos, perdidos,
    temerosos de que cierren el mercado.
    Bienamada, tu sombra tiene olor a ciruela,
    tus ojos escondieron en el Sur sus raíces,
    tu corazón es una paloma de alcancía,
    tu cuerpo es liso como las piedras en el agua,
    tus besos son racimos con rocío,
    y yo a tu lado vivo con la tierra.


    Soneto XXXII

    La casa en la mañana con la verdad revuelta
    de sábanas y plumas, el origen del día
    sin dirección, errante como una pobre barca,
    entre los horizontes del orden y del sueño.
    Las cosas quieren arrastrar vestigios,
    adherencias sin rumbo, herencias frías,
    los papeles esconden vocales arrugadas
    y en la botella el vino quiere seguir su ayer.
    Ordenadora, pasas vibrando como abeja
    tocando las regiones perdidas por la sombra,
    conquistando la luz con tu blanca energía.
    Y se construye entonces la claridad de nuevo:
    obedecen las cosas al viento de la vida
    y el orden establece su pan y su paloma.


    Soneto XXXIII

    Amor, ahora nos vamos a la casa
    donde la enredadera sube por las escalas:
    antes que llegues tú llegó a tu dormitorio
    el verano desnudo con pies de madreselva.
    Nuestros besos errantes recorrieron el mundo:
    Armenia, espesa gota de miel desenterrada,
    Ceylán, paloma verde, y el Yang Tsé separando
    con antigua paciencia los días de las noches.
    Y ahora, bienamada, por el mar crepitante
    volvemos como dos aves ciegas al muro,
    al nido de la lejana primavera,
    porque el amor no puede volar sin detenerse:
    al muro o a las piedras del mar van nuestras vidas,
    a nuestro territorio regresaron los besos.

    ********************************************************************************

    Antonio Machado

    SONETOS

    I

    Tuvo mi corazón, encrucijada

    de cien caminos, todos pasajeros,
    un gentío sin cita ni posada,
    como en andén ruidoso de viajeros.

    Hizo a los cuatro vientos su jornada,
    disperso el corazón por cien senderos
    de llana tierra o piedra aborrascada,
    y a la suerte, en el mar, de cien veleros,

    Hoy, enjambre que torna a su colmena
    cuando el bando de cuervos enronquece
    en busca de su peña denegrida,

    vuelve mi corazón a su faena,
    con néctares del campo que florece
    v el luto de la tarde desabrida.

    II
    Verás la maravilla del camino,
    camino de soñada Compostela
    —¡oh monte lila y flavo!—, peregrino,
    en un llano, entre chopos de candela.

    Otoño con dos ríos ha dorado
    el cerco del gigante centinela
    de piedra y luz, prodigio torreado
    que en el azul sin mancha se modela.

    Verás en la llanura una jauría
    de agudos galgos y un señor de caza,
    cabalgando a lejana serranía,

    vano fantasma de una vieja raza.
    Debes entrar cuando en la tarde fría
    brille un balcón de la desierta plaza.

    III
    ¿Empañé tu memoria? ¡Cuántas veces!
    La vida baja como un ancho río,
    y cuando lleva al mar alto navío
    va con cieno verdoso y turbias heces

    Y más si hubo tormenta en sus orillas,
    y él arrastra el botín de la tormenta,
    si en su cielo la nube cenicienta
    se incendió de centellas amarillas.

    Pero aunque fluya hacia la mar ignota,
    es la vida también agua de fuente
    que de claro venero, gota a gota,

    o ruidoso penacho de torrente,
    bajo el azul, sobre la piedra brota.
    Y allí suena tu nombre ¡eternamente!

    IV
    Esta luz de Sevilla... Es el palacio
    donde nací, con su rumor de fuente.
    Mi padre, en su despacho.—La alta frente,
    la breve mosca, y el bigote lacio—.

    Mi padre, aun joven. Lee, escribe, hojea
    sus libros y medita. Se levanta;
    va hacia la puerta del jardín. Pasea.
    A veces habla solo, a veces canta.

    Sus grandes ojos de mirar inquieto
    ahora vagar parecen, sin objeto
    donde puedan posar, en el vacío.

    Ya escapan de su ayer a su mañana;
    ya miran en el tiempo, ¡padre mío!,
    piadosamente mi cabeza cana.

    V
    Huye del triste amor, amor pacato,
    sin peligro, sin venda ni aventura,
    que espera del amor prenda segura,
    porque en amor locura es lo sensato.

    Ese que el pecho esquiva al niño ciego
    y blasfemó del fuego de la vida,
    de una brasa pensada, y no encendida,
    quiere ceniza que le guarde el fuego.

    Y ceniza hallará, no de su llama,
    cuando descubra el torpe desvarío
    que pedía, sin flor, fruto en la rama.

    Con negra llave el aposento frío
    de su tiempo abrirá. ¡Desierta cama,
    y turbio espejo y corazón vacío!

    ***************************************************************************











  3. [​IMG]

    Al sueño

    Imagen espantosa de la muerte,
    sueño cruel, no turbes más mi pecho,
    mostrándome cortado el nudo estrecho,
    consuelo solo de mi adversa suerte.

    Busca de algún tirano el muro fuerte,
    de jaspe las paredes, de oro el techo,
    o el rico avaro en el angosto lecho
    haz que temblando con sudor despierte.

    El uno vea popular tumulto
    romper con furia las herradas puertas,
    o al sobornado siervo el hierro oculto;

    el otro, sus riquezas descubiertas
    con llave falsa o con violento insulto:
    y déjale al Amor sus glorias ciertas.

    Lupercio Leonardo de Argensola


    Al Amor

    Si quiere Amor que siga sus antojos
    y a sus hierros de nuevo rinda el cuello;
    que por ídolo adore un rostro bello
    y que vistan su templo mis despojos,

    la flaca luz renueve de mis ojos,
    restituya a mi frente su cabello,
    a mis labios la rosa y primer vello,
    que ya pendiente y yerto es dos manojos.

    Y entonces, como sierpe renovada,
    a la puerta de Filis inclemente
    resistiré a la lluvia y a los vientos.

    Mas si no ha de volver la edad pasada
    y todo con la edad es diferente,
    ¿por qué no lo han de ser mis pensamientos?

    Lupercio Leonardo de Argensola

    *******************************************************************

    Soneto

    Yo os quiero confesar, don Juan, primero,
    que ese blanco y carmín de doña Elvira
    no tiene de ella más, si bien se mira,
    que el haberle costado su dinero.

    Pero también que confeséis yo quiero
    que es tanta la beldad de su mentira,
    que en vano a competir con ella aspira
    belleza igual en rostro verdadero.

    ¿Qué, pues, que yo mucho perdido ande
    por un engaño tal, ya que sabemos
    que nos engaña igual Naturaleza?

    Porque ese cielo azul que todos vemos
    ni es cielo ni es azul; ¿y es menos grande,
    por no ser realidad, tanta belleza?

    Bartolomé Leonardo de Argensola o quizás Lupercio

    ****************************************************************

    Rodrigo

    Cesa en la octava noche el ronco estruendo
    de la sangrienta militar porfía;
    el campo godo destrozado ardía
    con llama que descubre estrago horrendo.

    Rodrigo en tanto, su peligro viendo,
    por ignorada senda se desvía
    y, muerto Orelio, entre la sombra fría
    herido y débil se acelera huyendo.

    En vano el Lete con raudal undoso
    el paso estorba al príncipe, a quien ciega
    de cadena o suplicio el justo espanto.

    Surca las aguas, cede al poderoso
    ímpetu, expira el infeliz y entrega
    el cuerpo al fondo, a la corriente el manto.

    Leandro Fernández de Moratín.

    *******************************************************************

    Aplauso a Dorisa

    Bendita sea la hora, el año, el día
    y la ocasión y el venturoso instante
    en que rendí mi corazón amante
    a aquellos ojos donde Febo ardía.

    Bendito el esperar y la porfía
    y el alto empeño de mi fe constante
    y las saetas y arco fulminante
    con que abrasó Cupido el alma mía.

    Bendita la aflicción que he tolerado
    en las cadenas de mi dulce dueño
    y los suspiros, llantos y esquiveces,

    los versos que a su gloria he consagrado
    y han de vencer del duro tiempo el ceño,
    y ella bendita innumerables veces.

    Nicolás Fernández de Moratín. (Es imitación del Petrarca, Canz., 67)

    Atrevimiento amoroso

    Amor, tú que me diste los osados
    intentos y la mano dirigiste
    y en el cándido seno la pusiste
    de Dorisa, en parajes no tocados;

    si miras tantos rayos, fulminados
    de sus divinos ojos contra un triste,
    dame el alivio, pues el daño hiciste
    o acaben ya mi vida y mis cuidados.

    Apiádese mi bien; dile que muero
    del intenso dolor que me atormenta;
    que si es tímido amor, no es verdadero;

    que no es la audacia en el cariño afrenta
    ni merece castigo tan severo
    un infeliz, que ser dichoso intenta.

    Nicolás Fernández de Moratín.

    ***************************************************************


    AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

    Cerrar podrá mis ojos la postrera
    sombra, que me llevare el blanco día,
    y podrá desatar esta alma mía
    hora, a su afán ansioso linsojera;

    mas no de esotra parte en la ribera
    dejará la memoria en donde ardía;
    nadar sabe mi llama la agua fría,
    y perder el respeto a ley severa;

    Alma a quien todo un Dios prisión ha sido,
    venas que humor a tanto fuego han dado,
    médulas que han gloriosamente ardido,

    su cuerpo dejarán, no su cuidado;
    serán ceniza, mas tendrán sentido.
    Polvo serán, mas polvo enamorado.

    D.Francisco de Quevedo.

    DEFINIENDO EL AMOR

    Es hielo abrasador, es fuego helado,
    es herida, que duele y no se siente,
    es un soñado bien, un mal presente,
    es un breve descanso muy cansado.

    Es un descuido, que nos da cuidado,
    un cobarde, con nombre de valiente,
    un andar solitario entre la gente,
    un amar solamente ser amado.

    Es una libertad encarcelada,
    que dura hasta el postrero paroxismo,
    enfermedad que crece si es curada.

    Éste es el niño Amor, éste es tu abismo:
    mirad cuál amistad tendrá con nada,
    el que en todo es contrario de sí mismo.

    D. Francisco de Quevedo.


    ¡Cómo de entre mis manos te resbalas!
    ¡Oh, cómo te deslizas, edad mía!
    ¡Qué mudos pasos traes, oh muerte fría,
    pues con callado pie todo lo igualas!

    Feroz de tierra el débil muro escalas,
    en quien lozana juventud se fía;
    mas ya mi corazón del postrer día
    atiende el vuelo, sin mirar las alas.

    ¡Oh condición mortal! ¡Oh dura suerte!
    ¡Que no puedo querer vivir mañana,
    sin la pensión de procurar mi muerte!

    Cualquier instante de la vida humana
    es nueva ejecución, con que me advierte
    cuán frágil es, cuán mísera, cuán vana.

    D. Francisco de Quevedo.

    A UNA DAMA QUE APAGÓ UNA BUJÍA,
    Y LA VOLVIÓ A ENCENDER EN EL HUMO SOPLANDO

    La lumbre, que murió de convencida
    con la luz de tus ojos, y apagada,
    por si en el humo se mostró enlutada,
    exequias de tu llama ennegrecida.

    Bien pudo blasonar su corta vida,
    que la venció beldad tan alentada,
    que con el firmamento en estacada
    rubrica en cada rayo una herida.

    Tú, que la diste muerte, ya piadosa
    de tu rigor, con ademán travieso
    la restituyes vida más hermosa.

    Resucitóla un soplo tuyo impreso
    en humo, que en tu boca es milagrosa,
    aura que nace con facción de beso.

    D. Francisco de Quevedo.

    **************************************************************************


    LOPE DE VEGA

    Un soneto me manda hacer Violante

    Un soneto me manda hacer Violante,
    que en mi vida me he visto en tal aprieto;
    catorce versos dicen que es soneto:
    burla burlando van los tres delante.

    Yo pensé que no hallara consonante
    y estoy a la mitad de otro cuarteto;
    mas si me veo en el primer terceto
    no hay cosa en los cuartetos que me espante.

    Por el primer terceto voy entrando
    y parece que entré con pie derecho,
    pues fin con este verso le voy dando.

    Ya estoy en el segundo, y aún sospecho
    que voy los trece versos acabando;
    contad si son catorce, y está hecho.

    Ya no quiero más bien que sólo amaros

    Ya no quiero más bien que sólo amaros
    ni más vida, Lucinda, que ofreceros
    la que me dais, cuando merezco veros,
    ni ver más luz que vuestros ojos claros.

    Para vivir me basta desearos,
    para ser venturoso conoceros,
    para admirar el mundo engrandeceros
    y para ser Eróstrato abrasaros.

    La pluma y lengua respondiendo a coros
    quieren al cielo espléndido subiros
    donde están los espíritus más puros.

    Que entre tales riquezas y tesoros
    mis lágrimas, mis versos, mis suspiros
    de olvido y tiempo vivirán seguros.

    Pastor que con tus silbos amorosos

    Pastor que con tus silbos amorosos
    me despertaste del profundo sueño;
    Tú, que hiciste cayado de ese leño
    en que tiendes los brazos poderosos,

    vuelve los ojos a mi fe piadosos,
    pues te confieso por mi amor y dueño
    y la palabra de seguirte empeño
    tus dulces silbos y tus pies hermosos.

    Oye, pastor, pues por amores mueres,
    no te espante el rigor de mis pecados,
    pues tan amigo de rendidos eres.

    Espera, pues, y escucha mis cuidados;
    ¿pero cómo te digo que me esperes,
    si estás, para esperar, los pies clavados?

    Boscán, tarde llegamos. ¿Hay posada?

    -Boscán, tarde llegamos. ¿Hay posada?
    -Llamad desde la posta, Garcilaso.
    -¿Quién es? -Dos caballeros del Parnaso.
    -No hay donde nocturnar palestra armada.

    -No entiendo lo que dice la criada.
    Madona, ¿qué decís? -Que afecten paso,
    que obstenta limbos el mentido ocaso
    y el sol depingen la porción rosada.

    -¿Estás en ti, mujer? -Negóse al tino
    el ambulante huésped. -¡Que en tan poco
    tiempo tal lengua entre cristianos haya!

    Boscán, perdido habemos el camino;
    preguntad por Castilla, que estoy loco
    o no habemos salido de Vizcaya.

    Pasé la mar cuando creyó mi engaño

    Pasé la mar cuando creyó mi engaño
    que en él mi antiguo fuego se templara;
    mudé mi natural porque mudara
    naturaleza el uso, y curso el daño.

    En otro cielo, en otro reino extraño,
    mis trabajos se vieron en mi cara,
    hallando, aunque otra edad tanta pasara,
    incierto el bien y cierto el desengaño:

    el mismo amor me abrasa y atormenta
    y de razón y libertad me priva.
    ¿Por qué os quejáis del alma que le cuenta?

    ¿Que no escriba, decís, o que no viva?
    Haced vos con mi amor que yo no sienta
    que yo haré con mi pluma que no escriba.

    ¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?

    ¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
    ¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
    que a mi puerta, cubierto de rocío,
    pasas las noches del invierno escuras?

    ¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras
    pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío
    si de mi ingratitud el yelo frío
    secó las llagas de tus plantas puras!

    Cuántas veces el ángel me decía:
    ¡Alma, asómate agora a la ventana,
    verás con cuánto amor llamar porfía!

    ¡y cuántas, hermosura soberana:
    Mañana le abriremos -respondía-
    para lo mismo responder mañana!

    Lope de Vega




















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    Dulce soñar

    Dulce soñar y dulce congojarme
    cuando estaba soñando que soñaba;
    dulce gozar con lo que me engañaba
    si un poco más duraba el engañarme;

    dulce no estar en mí, que figurarme
    podía cuanto bien yo deseaba;
    dulce placer, aunque me importunaba
    que alguna vez llegaba a despertarme.

    ¡Oh sueño, cuánto más leve y sabroso
    me fueras si vinieras tan pesado
    que asentaras en mí con más reposo!

    Durmiendo, en fin, fui bienaventurado;
    y es justo en la mentira ser dichoso
    quien siempre en la verdad fue desdichado.

    Juan Boscán.

    ************************************************

    Un tiempo yo pensé y tuve por cierto
    que otro dolor hallar no se podría
    que igualase al morir y a su porfía,
    y veo que anduve errado y sin concierto.

    Por lo que digo, una vez más ser muerto
    estimo que morir tantas al día
    cuantas se ofrece ver sin alegría
    vuestro gesto de amor, seguro puerto.

    Si con desdén mi voluntad tan firme
    tratáis, es un dolor tan recio y extraño
    que juzgo por menor el de la muerte;

    mirad si, con verdad, caso tan fuerte
    afirmar puedo que no hay mal tamaño
    pues tales tragos paso sin morirme.

    Juan Boscán

    *********************************************************



    O gran fuerza de amor, que así enflaqueces
    los que nacidos son para ser fuertes,
    y les truecas así todas sus suertes,
    que presto los más ricos empobreces!

    O piélago de mar, que te enriqueces 5
    con los despojos de infinitas muertes!
    Los tragas, y después luego los viertes,
    porque nunca en un punto permaneces.

    O rayo, cuyo efecto no entendemos,
    que por dentro nos dejas abrasados, 10
    y de fuera, sin mal, sanos nos vemos!

    O dolencia mortal, cuyos extremos
    son menos conocidos y alcanzados
    por los tristes que más los padecemos!

    Juan Boscán

    ***********************************************************

    A Tisbe

    Mira al amante pálido y rendido
    a la inclemencia, Tisbe, de su hado,
    el rostro en llanto por su amor bañado
    y él en su sangre por su amor teñido.

    Hirióse con la espada que había sido
    ministro de su mal, y su cuidado
    el golpe no sintió, que era acabado,
    con el morir su amante, su sentido.

    Cayó, y buscó su sangre presurosa
    la fría de su dueño, y ella, herida,
    los brazos de su amante, querellosa.

    Mostró su ser la muerte en tal caída,
    pues fue a juntar de un golpe, poderosa,
    lo que el amor no pudo en una vida.

    D. Luis Carrillo.

    A los despojos del rayo

    Viste de ejemplo el tronco y de fiereza
    este que ves Centímano arrogante;
    aun muerto, dura en el feroz semblante
    el ánimo que opuso a tanta alteza.

    Parias en humildad da a la grandeza
    del siempre vencedor Altitonante,
    y así el árbol, humilde, el arrogante
    rostro humilla, humillando su cabeza.

    Señales mira en él del rayo ardiente
    de Júpiter; respeta los despojos,
    ¡oh tú!, que admiras triste esta memoria.

    Frescas aún viven en la altiva frente:
    toma en ella consejo, abre los ojos
    y vete, que harto debes a su historia.

    D. Luis Carrillo.

    *****************************************************

    El arroyo

    ¿Te acuerdas? El arroyo fue la serpiente buena...
    Fluía triste y triste como un llanto de ciego
    cuando en las piedras grises donde arraiga la pena
    como un inmenso lirio se levantó tu ruego.

    Mi corazón, la piedra más gris y más serena,
    despertó en la caricia de la corriente y luego
    sintió cómo la tarde, con manos de agarena,
    prendía sobre él una rosa de fuego.

    Y mientras la serpiente del arroyo blandía
    el veneno divino de la melancolía,
    tocada de crepúsculo me abrumó tu cabeza,

    la coroné de un beso fatal, en la corriente
    vi pasar un cadáver de fuego... Y locamente
    me derrumbó en tu abrazo profundo la tristeza.

    Delmira Agustini.


    Lo inefable

    Yo muero extrañamente... No me mata la Vida,
    no me mata la Muerte, no me mata el Amor;
    muero de un pensamiento mudo como una herida.
    ¿No habéis sentido nunca el extraño dolor

    de un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida
    devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor?
    ¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormida
    que os abrasaba enteros y no daba fulgor...?

    ¡Cumbre de los Martirios...! ¡Llevar eternamente,
    desgarradora y árida, la trágica simiente
    clavada en las entrañas como un diente feroz...!

    Pero arrancarla un día en una flor que abriera
    milagrosa, inviolable... ¡Ah, más grande no fuera
    tener entre las manos la cabeza de Dios!

    Delmira Agustini.

    ***********************************************************

    Diálogo entre Babieca y Rocinante.

    -¿Cómo estáis, Rocinante, tan delgado?
    -Porque nunca se come y se trabaja.

    -Pues, ¿qué es de la cebada y de la paja?

    -No me deja mi amo ni un bocado.

    -Andad, señor, que estáis muy mal criado,
    pues vuestra lengua de asno al amo ultraja.

    -Asno se es de la cuna a la mortaja;

    ¿queréislo ver? Miradlo enamorado.

    -¿Es necedad amar? -No es gran prudencia.
    -Metafísico estáis. -Es que no como.

    -Quejáos del escudero. - No es bastante:

    ¿cómo me he de quejar en mi dolencia
    si el amo y escudero o mayordomo

    son tan rocines como Rocinante?

    Miguel de Cervantes.


    A un valentón metido a pordiosero.

    Un valentón de espátula y gregüesco
    que a la muerte mil vidas sacrifica
    cansado del oficio de la pica
    mas no del ejercicio picaresco,

    retorciendo el mostacho soldadesco
    por ver que ya su bolsa le repica,
    a un corrillo llegó de gente rica
    y en el nombre de Dios pidió refresco.

    -Den voacedes, por Dios, a mi pobreza
    -les dice-; donde no, por ocho santos,
    que haré lo que hacer suelo sin tardanza.

    Mas uno que a sacar la espada empieza:
    -¿Con quién habla -le dijo- el tiracantos?
    ¿Qué es lo que suele hacer en tal querella?

    Respondió el bravonel: -Irme sin ella.
    Miguel de Cervantes.

    A un ermitaño

    Maestro era de esgrima Campuzano,
    de espada y daga diestro a maravilla;
    rebanaba narices en Castilla
    y siempre le quedaba el brazo sano.

    Quiso pasarse a Indias un verano
    y vino con Moltalvo, el de Sevilla;
    cojo quedó de un pie de la rencilla,
    tuerto de un ojo, manco de una mano.

    Vínose a recoger aquesta ermita
    con su palo en la mano y su rosario
    y su ballesta de matar pardales.

    Y con su madalena, que le quita
    mil canas, está hecho un San Hilario.
    ¡Ved cómo nacen bienes de los males!

    Cervantes.

    *******************************************************************

    Cuál sea mejor, amar o aborrecer.

    Al que ingrato me deja, busco amante;
    al que amante me sigue, dejo ingrata;
    constante adoro a quien mi amor maltrata;
    maltrato a quien mi amor busca constante.

    Al que trato de amor, hallo diamante
    y soy diamante al que de amor me trata;
    triunfante quiero ver al que me mata
    y mato a quien me quiere ver triunfante.

    Si a éste pago, padece mi deseo;
    si ruego a aquél, mi pundonor enojo:
    de entrambos modos infeliz me veo.

    Pero yo por mejor partido escojo
    de quien no quiero, ser violento empleo,
    que de quien no me quiere, vil despojo.

    Sor Juana Inés de la Cruz.

    ***********************************************************************************

    Caupolicán

    Es algo formidable que vio la vieja raza;
    robusto tronco de árbol al hombro de un campeón
    salvaje y aguerrido, cuya fornida maza
    blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón.

    Por casco sus cabellos, su pecho por coraza,
    pudiera tal guerrero, de Arauco en la región
    lancero de los bosques, Nemrod que todo caza,
    desjarretar un toro, o estrangular un león.

    Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día,
    le vio la tarde pálida, le vio la noche fría,
    y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán.

    "¡El Toqui, el Toqui!", clama la conmovida casta.
    Anduvo, anduvo. La aurora dijo: "Basta",
    e irguióse la alta frente del gran Caupolicán.

    Rubén Darío.

    Venus

    En la tranquila noche, mis nostalgias amargas sufría.
    En busca de quietud bajé al fresco y callado jardín.
    En el oscuro cielo Venus bella temblando lucía,
    como incrustado en ébano un dorado y divino jazmín.

    A mi alma enamorada, una reina oriental parecía,
    que esperaba a su amante, bajo el techo de su camarín,
    o que llevada en hombros, la profunda extensión recorría,
    triunfante y luminosa, recostada sobre un palanquín.

    "¡Oh reina rubia- díjele- mi alma quiere dejar su crisálida
    y volar hacia tí, y tus labios de fuego besar;
    y flotar en el nimbo que derrama en tu frente luz pálida,

    y en siderales éxtasis no dejarte un momento de amar!"
    El aire de la noche refrescaba la atmósfera cálida.
    Venus, desde el abismo, me miraba con triste mirar.

    Rubén Darío.

    Gaita Galaica

    Gaita galaica, sabes cantar
    lo que profundo y dulce nos es.
    Dices de amor, y dices después
    de un amargor como el de la mar.

    Canta. Es el tiempo. Haremos danzar
    al fino verso rítmicos pies.
    Ya nos lo dijo el Eclesiastés:
    tiempo hay de todo: hay tiempo de amar,

    tiempo de ganar, tiempo de perder,
    tiempo de plantar, tiempo de coger,
    tiempo de llorar, tiempo de reír,

    tiempo de rasgar, tiempo de coser,
    tiempo de esparcir y de recoger,
    tiempo de nacer, tiempo de morir.
    Rubén Darío.


    **************************************************************

    La brevedad engañosa de la vida

    Menos solicitó veloz saeta
    destinada señal, que mordió aguda;
    agonal carro por la arena muda
    no coronó con más silencio meta,

    que presurosa corre, que secreta
    a su fin nuestra edad. A quien lo duda,
    fiera que sea de razón desnuda,
    cada sol repetido es un cometa.

    ¿Confiésalo Cartago y tu lo ignoras?
    Peligro corres, Licio, si porfías
    en seguir sombras y abrazar engaños.

    Mal te perdonarán a tí las horas;
    las horas, que limando están los días,
    los días, que royendo están los años.
    D. Luis de Góngora.

    Soneto

    De pura honestidad templo sagrado,
    cuyo bello cimiento y gentil muro
    de blanco nácar y alabastro duro
    fue por divina mano fabricado;

    pequeña puerta de coral preciado,
    claras lumbreras de mirar seguro,
    que a la esmeralda fina el verde puro
    habéis para viriles usurpado;

    soberbio techo, cuyas cimbrias de oro
    al claro sol, en cuanto en torno gira,
    ornan de luz, coronan de belleza;

    ídolo bello, a quien humilde adoro,
    oye piadoso al que por tí suspira,
    tus himnos canta y tus virtudes reza.

    D. Luis de Góngora.

    ***************************************************************

















































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    Visión ( SONETO )

    Me vi con inquietud en hondo apuro
    al ver su terso rostro reflejado
    de grácil donosura fue colmado
    errante por los mares la procuro.

    Con pasos sigilosos lo venturo
    hallarla en las espumas fue signado
    al verla en los manglares he tremado
    creerla un espejismo es cruel torturo.

    Presumo sea el Austro que ha dejado
    perdido en anchurosos garzos mares
    la diosa que en delirio me ha tornado,

    plenando de inquietud y de pesares
    a mi alma al no tenerla se ha turbado
    parece son cercanos sus cantares.









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    Vivir viviendo

    Vivo por vivir viviendo
    viviendo vivo por vivir
    vivo para seguir viviendo
    vivo por no querer morir,
    porque al seguir viviendo
    vivo viviendo la vida
    vivir viviendo sin vida
    no es vivir es estar muriendo.

    Latentes descuelgo mis temores
    pendían en los bordes del silencio
    volvieronse hilachas los candores
    en elevados demiurgos me presencio,
    cayeron añicos las razones
    en inmenso estallido de conciencia
    surgieron enhiestos los perdones
    y la calma envuelve las ausencias.

    Reviven las mustias esperanzas
    yerta rigidez sombría
    heridas que lentas sanan
    cerrando con dolor tardías,
    porque si el tiempo ha redimido
    del sufrir a un corazón herido
    reviviéndolo con erguida flama
    y al penar le ha dado olvido
    sacándolo de la honda fosa,
    y si el corazón le reclama
    no volverlo al frío cadalso
    que su palpitar destroza,
    pues hay heridas que cerrando en falso
    se abren por cualquier cosa
    si volvieran de nuevo abrirse
    lo mandaran a la honda fosa.


  7. [​IMG]

    Viviré

    Viviré en lo inmarcesible en el fondo de tus ojos
    viviré en la palabra de mi voz cuando te nombro
    viviré en los espacios de tu sombra que me habita
    viviré en cada poro de tu piel que me gravita.

    Viviré en el principio y el final de tus sueños
    viviré enlazado a ti en mis ensueños
    viviré en el núcleo y en el centro de tu vientre
    viviré donde palpitan tus deseos mas latentes.

    Viviré en el refugio de tus íntimas pasiones
    viviré en cada grieta de tus calladas ilusiones
    viviré en tus silencios en su oquedad vacía
    viviré sin tu permiso en los bordes de tu vida.
  8. upload_2018-3-5_13-21-24.png

    Voacé

    Si acercarme al Sol pudiera, a sus flamas vigorosas
    con prudencia prevenido y con brevedad ansiosa
    en mis anhelos ardido por sus llamas fogosas
    con estallido inmenso en sus riberas gredosas
    arrebatar su luz intensa y dártela quisiera
    y en tus ojos las galeazas eternamente ardieran.

    Con las lluvias invernales del envejecido tiempo
    con sus aguas y caudales colmaría tus adentros
    y con mis manos a raudales desde el sur de mis tropiezos
    tus sueños llenaría con aromados versos,
    serían tus despertares cual flor de los naranjos
    con lirios, azahares,con pétalos y cantos,
    se volverían cristales los anchurosos mares
    reflejando los soñares de tus auras invernales,
    con auroras australes se prenden tus mejillas
    de carmines alfares tus labios se prodigan
    y más que el Sol te brillan tus ojos de manglares,
    de mis puntos cardinales partirían ruiseñores
    sus trinares como flores cubrirían tus ilusiones
    y los claros manantiales cual rumores se deslizan
    llenando de caricias tu cuerpo en los albores,
    palpitantes sean los ecos que te nombran conmovidos
    y con nítidos reflejos como hilachas como flecos
    a tu voz se enredarían y a tu cuerpo con espliegos
    en mi pecho le daría el refugio y el sosiego.

    En crepuscular espera entre brumas y entre nieblas
    danzarán cual espumas las inquietas libélulas
    y en tu lazia cabellera con garbo irán bordando
    con hilares de seda los murmullos de quimeras
    que con vientos altanos ligeros van llegando.

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    Malco
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    Vuelta polvo

    Tengo un forcejeo con el silencio
    en el espejo de tus ojos
    en los desnudos reflejos
    de tus cardinales bordes,
    en noches invisibles
    cuando tus descalzos pies
    caminan mis sueños
    con fuegos interminables.

    Hábito en la cercanía
    de los naranjos en flor de tu sonrisa
    en las señales ciertas de tus manos
    en las empinadas callejuelas de tus deseos
    palpitantes cumbres de mi desasosiego.
    Desfallezco en los húmidos ocasos de tu rostro
    en el estallido fugaz de tus enojos
    lluvias pasajeras de aguas olvidadas.

    Presiento en la crepuscular espera de tu mirada
    con ritual danza de auroras
    desvestirte con la fragilidad de los cristales
    y en la desnudez latente de tu vientre
    dejar mis tempestades.
    Destellan tus espacios con los albores solares
    y místicas sombras se alunan y con íntimo asombro
    vuelta polvo me deslumbras.




    Malco
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    * Al perderte yo a ti

    Al perderte yo a ti tú y yo hemos perdido:
    yo porque tú eras lo que yo más amaba
    y tú porque yo era el que te amaba más.
    Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo:
    porque yo podré amar a otras como te amaba a ti
    pero a ti no te amarán como te amaba yo.

    * Aquí pasaba a pie por estas calles

    Aquí pasaba a pie por estas calles,
    sin empleo ni puesto y sin un peso.
    Sólo poetas, putas y picados
    conocieron sus versos.

    Nunca estuvo en el extranjero.
    Estuvo preso.
    Ahora está muerto.
    No tiene ningún monumento...

    Pero
    recordadle cuando tengáis puentes de concreto,
    grandes turbinas, tractores, plateados graneros,
    buenos gobiernos.

    Porque él purificó en sus poemas el lenguaje de su pueblo,
    en el que un día se escribirán los tratados de comercio,
    la Constitución, las cartas de amor,
    y los decretos.

    * Cuando los dorados corteses florecieron

    Cuando los dorados corteses florecieron
    nosotros dos estábamos enamorados.
    Todavía tienen flores los corteses
    y nosotros ya somos dos extraños.

    * Escucha mis palabras oh Señor

    Escucha mis palabras oh Señor
    Oye mis gemidos
    Escucha mi protesta
    Porque no eres tú un Dios amigo de los dictadores
    ni partidario de su política
    ni te influencia la propaganda
    ni estás en sociedad con el gángster.

    No existe sinceridad en sus discursos
    ni en sus declaraciones de prensa

    Hablan de paz en sus discursos
    mientras aumentan su producción de guerra

    Hablan de paz en las Conferencias de Paz
    y en secreto se preparan para la guerra

    Sus radios mentirosos rugen toda la noche

    Sus escritorios están llenos de planes criminales
    y expedientes siniestros
    Pero tú me salvarás de sus planes

    Hablan con la boca de las ametralladoras
    sus lenguas relucientes
    son las bayonetas...
    Castígalos oh Dios
    malogra su política
    confunde sus memorándums
    impide sus programas

    A la hora de la Sirena de Alarma
    tú estarás conmigo
    tú serás mi refugio el día de la Bomba

    Al que no cree en la mentira de sus anuncios comerciales
    ni en sus campañas publicitarias, ni en sus campañas políticas
    tú lo bendices
    lo rodeas con tu amor
    como con tanques blindados.

    *Sobre el mojado camino

    Sobre el mojado camino en el que las muchachas con sus cantaros
    van y vienen,
    cortado en gradas en la roca,
    colgaban como cabelleras o como culebras
    las lianas de los arboles.
    Y una especie de supersticion flotaba en todas partes.
    Y abajo:
    la laguna de color de limon,
    pulida como jade.
    Subian los gritos del agua
    y el ruido de los cuerpos de color de barro contra el agua.
    Una especiede supersticion...
    Las muchachas iban y venian con sus cantaros
    cantando un antigua canto de amor.
    Las que subian iban rectas como estatuas,
    bajo sus frescas ancoras rojas con dibujos
    los cuerpos frescos de figura de anfora.
    Y las que bajaban
    iban saltando y corriendo como ciervas
    y en el viento se abrían sus faldas como flores.

    * Vi hace muchos años

    Vi hace muchos años desde un bus en Virginia
    o Alabama
    una muchacha rosada, con pantalones azules
    subida a una escalera, cortando manzanas
    (la madre llamando desde adentro)
    y otra muchacha, la hermana, pantalones azules
    pintando de blanco el porche de la casa
    -Y miraron hacia el bus que pasaba y aceleraba.
    El tiempo ha pasado como el bus de la Greyhound
    pero quedaron, a pesar de los años, la pintura
    fresca en el porche
    la brocha chorreando
    la mano en la manzana, las miradas
    hace años, una mañana, Virginia o Alabama
    el estado está olvidado.

    * Oración por Marilyn Monroe

    Señor
    recibe a esta muchacha conocida en toda la tierra con el nombre de
    Marilyn Monroe
    aunque ése no era su verdadero nombre
    (pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a
    los 9 años
    y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar)
    y ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje
    sin su Agente de Prensa
    sin fotógrafos y sin firmar autógrafos
    sola como un astronauta frente a la noche espacial.

    Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia
    (según cuenta el Time)
    ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo
    y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas.
    Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras.
    Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno
    pero también más que eso...
    Las cabezas son los admiradores, es claro
    (la masa de cabezas en la oscuridad bajo el chorro de luz)
    Pero el templo no son los estudios de la 20 th Century-Fox.
    El templo –de mármol y oro- es el templo de su cuerpo
    en el que está el Hijo del Hombre con un látigo en la mano
    expulsando a los mercaderes de la 20 th Century-Fox
    que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones.
    Señor
    en este mundo contaminado de pecados y radioactividad
    Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda.
    Que como toda empleadita de tienda soñó ser estrella de cine.
    Y su sueño fue realidad (pero como la realidad del tecnicolor).
    Ella no hizo sino actuar según el script que le dimos
    -el de nuestras propias vidas- Y era un script absurdo.
    Perdónala Señor y perdónanos a nosotros
    por nuestra 20 th Century
    Por esta Colosal Super-Producción en que todos hemos trabajado.
    Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes
    para la tristeza de no ser santos
    se le recomendó el Psicoanálisis.

    Recuerda, Señor su creciente pavor a la cámara
    y el odio al maquillaje –insistiendo en maquillarse en cada escena-
    y cómo se fue haciendo mayor el horror
    y mayor la impuntualidad a los estudios.

    Como toda empleada de tienda
    soñó ser estrella de cine.
    Y su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva.

    Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados
    que cuando se abren los ojos
    se descubre que fue bajo reflectores
    ¡y apagan los reflectores!
    y desmontan las dos paredes del aposento (era un set cinematográfico)
    mientras el Director se aleja con su libreta
    porque la escena ya fue tomada.
    O como un viaje en yate, un beso en Singapur, un baile en Río
    la recepción en la mansión del Duque y la Duquesa de Windsor
    vistos en la salita del apartamento miserable.

    La película terminó sin el beso final.
    La hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono.
    Y los detectives no supieron a quién iba a llamar.
    Fue
    como alguien que ha marcado el número de la única voz amiga
    y oye tan sólo la voz de un disco que le dice: WRONG NUMBER.
    O como alguien que herido por los gangsters
    alarga la mano a un teléfono desconectado.

    Señor
    quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar
    y no llamó (y tal vez no era nadie
    o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de Los Ángeles
    ¡contesta Tú el teléfono!




  11. Ernesto Cardenal
    [​IMG]
    Ernesto Cardenal lee sus poemas en
    La Chascona (Providencia, Santiago de Chile).
    1 de agosto de 2009.

    Información personal
    Nombre de nacimiento Ernesto Cardenal Martínez
    Nacimiento 20 de enero de 1925 [​IMG] (93 años)
    Granada, Nicaragua [​IMG]

    Nacionalidad Nicaragüense [​IMG]
    Religión Catolicismo [​IMG]
    Educación
    Alma máter

    Información profesional
    Ocupación Poeta, sacerdote católico, escultor, pintor, teólogo y traductor [​IMG]
    Área Teología de la liberación [​IMG]
    Cargos ocupados

    • Ministro de Cultura (1979–1987) [​IMG]
    Miembro de
    Distinciones
    Firma [​IMG]

    Biografía
    Nacido en una de las familias más respetables del país, tuvo de hogar en su infancia la Casa de los Leones, una notable mansión en la ciudad de Granada. Ernesto Cardenal asimila ciertos aspectos de su niñez con la de Rubén Darío:

    Rubén (Darío), cuando hace los recuerdos de su infancia, dice que él era un niño devoto que se confesaba todos los sábados en la iglesia de San Francisco. Yo me confesaba también todos los sábados en la iglesia de San Francisco, que estaba al lado de mi casa.1

    Estudió primero en Managua, y de 1942 a 1946, literatura en México; estudió cuatro años en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México.2 Más tarde, de 1947 a 1949, continúa sus estudios en Nueva York y viaja entre 1949 y 1950 por España, Suiza e Italia.

    En julio de 1950 vuelve a Nicaragua, donde participa en la Revolución de Abril de 1954 contra Anastasio Somoza García. El golpe de Estado falla y termina con la muerte de muchos de sus compañeros y amigos. En 1957 Ernesto Cardenal decide entrar en la abadía trapense de Nuestra Señora de Getsemaní (Kentucky, Estados Unidos), donde conoció al monje escritor norteamericano Thomas Merton, quien era maestro de novicios. Al año de que este muriera accidentalmente en Bangkok, Cardenal escribió sobre esa pérdida: "Su muerte es la pena mayor que he tenido en mi vida religiosa (o en mi vida toda, yo creo). Él era para mí un padre. Espiritualmente hablando [...]".3

    En sus memorias, Cardenal afirma que en EE.UU. conoció a Hope Portocarrero, el día en que ella se graduaba de la universidad. Portocarrero era una joven norteamericana de origen nicaragüense de clase alta, pariente de los Somoza. Más tarde se casaría con su primo, Anastasio Somoza Debayle, y se convertiría en primera dama de Nicaragua cuando este llegó al poder. En aquella oportunidad que recuerda Cardenal, Portocarrero no tuvo interés en mantener ningún tipo de relación amistosa con él.

    [​IMG]
    Ernesto Cardenal en 2010.
    En 1959 abandona el monasterio para estudiar teología en Cuernavaca(México).4

    Cardenal fue ordenado sacerdote en Managua en 1965 y luego fundó una comunidad cristiana, casi monástica, en una de las islas del archipiélago de Solentiname en el lago Cocibolca. Ahí escribió el famoso libro El Evangelio de Solentiname y fundó una comunidad de pescadores y artistas primitivistas que se hizo mundialmente famosa. Cardenal pasaba sus vacaciones en esas islas, donde leía las obras completas de Darío, escribía o dirigía la misa de Semana Santa en la pequeña iglesia de la localidad.

    En 1971 viaja a Chile donde se reúne con el presidente Salvador Allende. Según cuenta Cardenal, su visita al país sudamericano se dio el mismo día en que llegó la noticia del Premio Nobel de Literatura a Pablo Neruda, poeta chileno de quien el nicaragüense reconoce una gran influencia en su obra y de la cual le costó "librarse".

    Partidario de una "revolución desprovista de venganza",5 Cardenal colaboró estrechamente con el Frente Sandinista de Liberación Nacional en la lucha contra el régimen de Somoza y fue nombrado ministro de Cultura el mismo día de la victoria de la Revolución Nicaragüense, 19 de julio de 1979. Ocupó este cargo hasta 1987, año en el que el ministerio se cerró por razones económicas.

    Cardenal recibe en 1980 el Premio de la Paz del Comercio Librero Alemán.

    Juan Pablo II, durante su visita oficial a Nicaragua en 1983, increpó severamente a Cardenal ante las cámaras de televisión que transmitían a todo el mundo, mientras el poeta permanecía arrodillado ante él en la misma pista del aeropuerto. El papa recriminó a Cardenal que propagara doctrinas apóstatas y formara parte del gobierno sandinista.

    El 4 de febrero de 19846 ―en el marco de la Guerra fría―, el papa Juan Pablo II suspendió a divinis del ejercicio del sacerdocio a los sacerdotes Ernesto Cardenal (59), Fernando Cardenal (50, hermano del anterior), Miguel D'Escoto (51) y Edgard Parrales, debido a su adscripción a la teología de la liberación.6 Treinta años después, el 4 de agosto de 2014, el papa Francisco desautorizó ese castigo y lo derogó.7 El 19 de enero de 2017, entrevistado por el periodista argentino Enrique Vázquez, Ernesto Cardenal afirmó que sólo D'Escoto fue reconciliado con la Iglesia; que él no lo está ni desea estarlo. Lo expresó con las siguientes palabras: [sobre el perdón papal] "¡Eso es falso, sólo fue así en el caso de Miguel D'Escoto! Nunca me levantaron la suspensión sacerdotal y no me interesa que me la levanten".

    En 1989 Cardenal funda con el actor austriaco Dietmar Schönherr la Casa de los tres mundos, en su Granada natal, fundación cultural de la que es presidente honorario.

    Cardenal abandonó el FSLN en 1994, en protesta contra la dirección de Daniel Ortega, y más tarde dio su apoyo moral al Movimiento Renovador Sandinista (MRS) y a la Alianza Partido MRS durante las elecciones de 2006, al igual que otros destacados literatos nicaragüenses como Gioconda Belli y Sergio Ramírez Mercado, fundador del MRS.

    En mayo de 2005 fue nominado al Premio Nobel de Literatura, que no recibió. Dos meses más tarde, participó en la inauguración de Telesur, junto a personalidades como Danny Glover, Eduardo Galeano, Pino Solanas y Adolfo Pérez Esquivel.8 Ese mismo año recibió, como presidente de la Asociación para el desarrollo de Solentiname, el Reconocimiento Internacional Foca Mediterránea, distinción otorgada por Mediterrania y la Diputación de Tarragona "en reconocimiento a su trayectoria personal, su compromiso personal en los conflictos de su país, Nicaragua, su extensa obra literaria y especialmente su dedicación al archipiélago de Solentiname con lo que nos ha mostrado ser una persona comprometida con su tierra y con su gente".

    Cardenal viajó a México en 2007, país donde, entre otras actividades, se entrevistó con el subcomandante Marcos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y participó en el XII Encuentro Hispanoamericano de Escritores Horas de Junio. Organizado por la Universidad de Sonora, ese año estuvo dedicado al poeta nicaragüense, quien hizo una lectura de Polvo de estrellas, sobre la utopía social, y dio un recital de sus poemas en el auditorio de la Sociedad Sonorense de Historia.

    El 27 de julio de 2009 recibió el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda de manos de la presidenta de Chile, Michelle Bachelet. En abril de 2010, fue elegido miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua9 y dos años más tarde fue distinguido con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (XXI edición).10

    Actualmente es presidente honorífico de la Red Internacional de Escritores por la Tierra (RIET).11

    Premios y distinciones
    Obras publicadas
    [​IMG]
    Ernesto Cardenal en una parroquia protestante en Polch (distrito de Mayen-Koblenz, Renania-Palatinado, Alemania). 15 de noviembre de 2014
    Poesía
    • Hora 0 (1957)
    • Gethsemani Ky (1960)
    • Epigramas (1961; reeditado por Trotta, Madrid, 2001)
    • Salmos (1964; reeditado por Trotta, Madrid, 1998)
    • Oración por Marilyn Monroe y otros poemas (1965)
    • El estrecho dudoso (1966)
    • Mayapán (1968)
    • Homenaje a los indios (1969)
    • Canto nacional (1973)
    • Oráculo sobre Managua (1973)
    • Canto a un país que nace (1978)
    • Tocar el cielo (1981)
    • Vuelos de victoria (1984)
    • Quetzalcúatl (1985)
    • Los ovnis de oro (1988)
    • Cántico cósmico (1989; reeditado por Trotta, Madrid, 2012, Reeditado por Editora Patria Grande 2013)
    • El telescopio en la noche oscura, Trotta, Madrid, 1993
    • Antología nueva, Trotta, Madrid, 1996
    • Versos del pluriverso, Trotta, Madrid, 2005
    • Pasajero de tránsito, Trotta, Madrid, 2006
    • El celular y otros poemas, Del Centro Editores, 2012; contiene, además del poema que título al libro, cuanto inéditos; edición de lujo con ilustraciones de Walter Canevaro; tirada única de 100 ejemplares numerados y firmados por este último
    • Hidrógeno enamorado, antología, edición conjunta de la Universidad de Salamanca y el Patrimonio Nacional, 2012; la portada reproduce un retrato de cardenal realizado por el ecuatoriano Oswaldo Guayasamín
    • Dos en uno, libro-disco editado por Fundación Autor de la Sociedad General de Autores y Editores de España y la Universidad Veracruzana de México. La compositora Inés Fonseca puso música a once poemas que ella misma interpreta en el CD16
    • Somos polvo de estrellas, antología, con prólogo del poeta chileno Jaime Quezada; editorial del Centro Nicaragüense de Escritores, Managua, 2013
    • Poesía Completa Tomo I, Editora Patria Grande, 2007
    • Poesía Completa Tomo II, Editora Patria Grande, 2007
    Memorias
    • Vida perdida, Seix Barral, Barcelona, 1999 (Trotta, Madrid, 2003)
    • Los años de Granada, Anama, 2001
    • Las ínsulas extrañas, Trotta, Madrid, 2002
    • La revolución perdida, Trotta, 2004
    Otros
    • Ansías y lengua de la poesía nueva nicaragüense (1948)
    • Vida en el amor (meditaciones) (1970; reeditado por Trotta, Madrid, 2010; con prólogo de Thomas Merton)
    • En Cuba (1972)
    • Fidel Castro: cristianismo y revolución (1974)
  12. Ernesto Cardenal
    [​IMG]
    Ernesto Cardenal lee sus poemas en
    La Chascona (Providencia, Santiago de Chile).
    1 de agosto de 2009.

    Información personal
    Nombre de nacimiento Ernesto Cardenal Martínez
    Nacimiento 20 de enero de 1925 [​IMG] (93 años)
    Granada, Nicaragua [​IMG]

    Nacionalidad Nicaragüense [​IMG]
    Religión Catolicismo [​IMG]
    Educación
    Alma máter

    Información profesional
    Ocupación Poeta, sacerdote católico, escultor, pintor, teólogo y traductor [​IMG]
    Área Teología de la liberación [​IMG]
    Cargos ocupados

    • Ministro de Cultura (1979–1987) [​IMG]
    Miembro de
    Distinciones
    Firma [​IMG]

    Biografía
    Nacido en una de las familias más respetables del país, tuvo de hogar en su infancia la Casa de los Leones, una notable mansión en la ciudad de Granada. Ernesto Cardenal asimila ciertos aspectos de su niñez con la de Rubén Darío:

    Rubén (Darío), cuando hace los recuerdos de su infancia, dice que él era un niño devoto que se confesaba todos los sábados en la iglesia de San Francisco. Yo me confesaba también todos los sábados en la iglesia de San Francisco, que estaba al lado de mi casa.1

    Estudió primero en Managua, y de 1942 a 1946, literatura en México; estudió cuatro años en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México.2 Más tarde, de 1947 a 1949, continúa sus estudios en Nueva York y viaja entre 1949 y 1950 por España, Suiza e Italia.

    En julio de 1950 vuelve a Nicaragua, donde participa en la Revolución de Abril de 1954 contra Anastasio Somoza García. El golpe de Estado falla y termina con la muerte de muchos de sus compañeros y amigos. En 1957 Ernesto Cardenal decide entrar en la abadía trapense de Nuestra Señora de Getsemaní (Kentucky, Estados Unidos), donde conoció al monje escritor norteamericano Thomas Merton, quien era maestro de novicios. Al año de que este muriera accidentalmente en Bangkok, Cardenal escribió sobre esa pérdida: "Su muerte es la pena mayor que he tenido en mi vida religiosa (o en mi vida toda, yo creo). Él era para mí un padre. Espiritualmente hablando [...]".3

    En sus memorias, Cardenal afirma que en EE.UU. conoció a Hope Portocarrero, el día en que ella se graduaba de la universidad. Portocarrero era una joven norteamericana de origen nicaragüense de clase alta, pariente de los Somoza. Más tarde se casaría con su primo, Anastasio Somoza Debayle, y se convertiría en primera dama de Nicaragua cuando este llegó al poder. En aquella oportunidad que recuerda Cardenal, Portocarrero no tuvo interés en mantener ningún tipo de relación amistosa con él.

    [​IMG]
    Ernesto Cardenal en 2010.
    En 1959 abandona el monasterio para estudiar teología en Cuernavaca(México).4

    Cardenal fue ordenado sacerdote en Managua en 1965 y luego fundó una comunidad cristiana, casi monástica, en una de las islas del archipiélago de Solentiname en el lago Cocibolca. Ahí escribió el famoso libro El Evangelio de Solentiname y fundó una comunidad de pescadores y artistas primitivistas que se hizo mundialmente famosa. Cardenal pasaba sus vacaciones en esas islas, donde leía las obras completas de Darío, escribía o dirigía la misa de Semana Santa en la pequeña iglesia de la localidad.

    En 1971 viaja a Chile donde se reúne con el presidente Salvador Allende. Según cuenta Cardenal, su visita al país sudamericano se dio el mismo día en que llegó la noticia del Premio Nobel de Literatura a Pablo Neruda, poeta chileno de quien el nicaragüense reconoce una gran influencia en su obra y de la cual le costó "librarse".

    Partidario de una "revolución desprovista de venganza",5 Cardenal colaboró estrechamente con el Frente Sandinista de Liberación Nacional en la lucha contra el régimen de Somoza y fue nombrado ministro de Cultura el mismo día de la victoria de la Revolución Nicaragüense, 19 de julio de 1979. Ocupó este cargo hasta 1987, año en el que el ministerio se cerró por razones económicas.

    Cardenal recibe en 1980 el Premio de la Paz del Comercio Librero Alemán.

    Juan Pablo II, durante su visita oficial a Nicaragua en 1983, increpó severamente a Cardenal ante las cámaras de televisión que transmitían a todo el mundo, mientras el poeta permanecía arrodillado ante él en la misma pista del aeropuerto. El papa recriminó a Cardenal que propagara doctrinas apóstatas y formara parte del gobierno sandinista.

    El 4 de febrero de 19846 ―en el marco de la Guerra fría―, el papa Juan Pablo II suspendió a divinis del ejercicio del sacerdocio a los sacerdotes Ernesto Cardenal (59), Fernando Cardenal (50, hermano del anterior), Miguel D'Escoto (51) y Edgard Parrales, debido a su adscripción a la teología de la liberación.6 Treinta años después, el 4 de agosto de 2014, el papa Francisco desautorizó ese castigo y lo derogó.7 El 19 de enero de 2017, entrevistado por el periodista argentino Enrique Vázquez, Ernesto Cardenal afirmó que sólo D'Escoto fue reconciliado con la Iglesia; que él no lo está ni desea estarlo. Lo expresó con las siguientes palabras: [sobre el perdón papal] "¡Eso es falso, sólo fue así en el caso de Miguel D'Escoto! Nunca me levantaron la suspensión sacerdotal y no me interesa que me la levanten".

    En 1989 Cardenal funda con el actor austriaco Dietmar Schönherr la Casa de los tres mundos, en su Granada natal, fundación cultural de la que es presidente honorario.

    Cardenal abandonó el FSLN en 1994, en protesta contra la dirección de Daniel Ortega, y más tarde dio su apoyo moral al Movimiento Renovador Sandinista (MRS) y a la Alianza Partido MRS durante las elecciones de 2006, al igual que otros destacados literatos nicaragüenses como Gioconda Belli y Sergio Ramírez Mercado, fundador del MRS.

    En mayo de 2005 fue nominado al Premio Nobel de Literatura, que no recibió. Dos meses más tarde, participó en la inauguración de Telesur, junto a personalidades como Danny Glover, Eduardo Galeano, Pino Solanas y Adolfo Pérez Esquivel.8 Ese mismo año recibió, como presidente de la Asociación para el desarrollo de Solentiname, el Reconocimiento Internacional Foca Mediterránea, distinción otorgada por Mediterrania y la Diputación de Tarragona "en reconocimiento a su trayectoria personal, su compromiso personal en los conflictos de su país, Nicaragua, su extensa obra literaria y especialmente su dedicación al archipiélago de Solentiname con lo que nos ha mostrado ser una persona comprometida con su tierra y con su gente".

    Cardenal viajó a México en 2007, país donde, entre otras actividades, se entrevistó con el subcomandante Marcos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y participó en el XII Encuentro Hispanoamericano de Escritores Horas de Junio. Organizado por la Universidad de Sonora, ese año estuvo dedicado al poeta nicaragüense, quien hizo una lectura de Polvo de estrellas, sobre la utopía social, y dio un recital de sus poemas en el auditorio de la Sociedad Sonorense de Historia.

    El 27 de julio de 2009 recibió el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda de manos de la presidenta de Chile, Michelle Bachelet. En abril de 2010, fue elegido miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua9 y dos años más tarde fue distinguido con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (XXI edición).10

    Actualmente es presidente honorífico de la Red Internacional de Escritores por la Tierra (RIET).11

    Premios y distinciones
    Obras publicadas
    [​IMG]
    Ernesto Cardenal en una parroquia protestante en Polch (distrito de Mayen-Koblenz, Renania-Palatinado, Alemania). 15 de noviembre de 2014
    Poesía
    • Hora 0 (1957)
    • Gethsemani Ky (1960)
    • Epigramas (1961; reeditado por Trotta, Madrid, 2001)
    • Salmos (1964; reeditado por Trotta, Madrid, 1998)
    • Oración por Marilyn Monroe y otros poemas (1965)
    • El estrecho dudoso (1966)
    • Mayapán (1968)
    • Homenaje a los indios (1969)
    • Canto nacional (1973)
    • Oráculo sobre Managua (1973)
    • Canto a un país que nace (1978)
    • Tocar el cielo (1981)
    • Vuelos de victoria (1984)
    • Quetzalcúatl (1985)
    • Los ovnis de oro (1988)
    • Cántico cósmico (1989; reeditado por Trotta, Madrid, 2012, Reeditado por Editora Patria Grande 2013)
    • El telescopio en la noche oscura, Trotta, Madrid, 1993
    • Antología nueva, Trotta, Madrid, 1996
    • Versos del pluriverso, Trotta, Madrid, 2005
    • Pasajero de tránsito, Trotta, Madrid, 2006
    • El celular y otros poemas, Del Centro Editores, 2012; contiene, además del poema que título al libro, cuanto inéditos; edición de lujo con ilustraciones de Walter Canevaro; tirada única de 100 ejemplares numerados y firmados por este último
    • Hidrógeno enamorado, antología, edición conjunta de la Universidad de Salamanca y el Patrimonio Nacional, 2012; la portada reproduce un retrato de cardenal realizado por el ecuatoriano Oswaldo Guayasamín
    • Dos en uno, libro-disco editado por Fundación Autor de la Sociedad General de Autores y Editores de España y la Universidad Veracruzana de México. La compositora Inés Fonseca puso música a once poemas que ella misma interpreta en el CD16
    • Somos polvo de estrellas, antología, con prólogo del poeta chileno Jaime Quezada; editorial del Centro Nicaragüense de Escritores, Managua, 2013
    • Poesía Completa Tomo I, Editora Patria Grande, 2007
    • Poesía Completa Tomo II, Editora Patria Grande, 2007
    Memorias
    • Vida perdida, Seix Barral, Barcelona, 1999 (Trotta, Madrid, 2003)
    • Los años de Granada, Anama, 2001
    • Las ínsulas extrañas, Trotta, Madrid, 2002
    • La revolución perdida, Trotta, 2004
    Otros
    • Ansías y lengua de la poesía nueva nicaragüense (1948)
    • Vida en el amor (meditaciones) (1970; reeditado por Trotta, Madrid, 2010; con prólogo de Thomas Merton)
    • En Cuba (1972)
    • Fidel Castro: cristianismo y revolución (1974)










  13. upload_2018-3-2_20-37-23.png

    Anochezco

    Sube la noche sigilosa por los bordes de tu cuerpo
    y en las latentes brumas de tu cintura confundense los caminos inciertos
    anochezco en la humedad de tus sueños en la Oceanía de tus silencios
    en las acalladas sombras siluetas de tus ecos.

    Anochezco escondido en las grietas de tus huesos

    y siento perturbado el latido de tus besos
    recorro intangible el vuelo de los pájaros de tus pechos
    y en los cantos de tus presagios como polvo me disuelvo.

    Anochezco fragmentado en los alcores de tus ojos
    en tu tímida mirada en su refugio me recojo
    habito en sus lágrimas renazco en sus enojos
    en la luz que despiden en sus azulados tonos.


    Recorro los senderos de la albura de tu alma
    sigo los caminos de tu voz con aquietada calma

    siento los clamores de tus deseos reprimidos
    presencio al liberarlos sus cercanos estallidos.

    Estrecho con ternura las gaviotas de tus manos
    los gorriones que dormitan en tus cálidos veranos
    y en el insomnio que desvela mis frías madrugadas
    al cobijo de tu cuerpo en su calor hago morada.