1. Invitado, ven y descarga gratuitamente el cuarto número de nuestra revista literaria digital "Eco y Latido"

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[​IMG] Mireya
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    Llegada la nochecita fui por una taza de café y ¡Qué pena!, se derramó porque no vi bien la taza, no había luz eléctrica, me serví otra y me dispuse a mirar las sombras desde mi pequeño balcón. Allá no tan lejos divisé una luz sigilosa que se acercaba al bulto de la iglesia. Seguí atenta la tenue luz mientras ojeaba otros laberintos de la oscurana que ya se hacía más intensa, de imprevisto se proyectaron unas enormes siluetas en el muro de la capilla.

    Otros vecinos al igual que yo, estaban de espectadores de la escena, los móviles empezaron a sonar ¡plín!, ¡tín!, ¡clín! Entre las especulaciones no faltó quien dijera que eran los santos que salieron a tomar la fresca, un grupito de inquisidores juraban eran brujitas fumando tabaco, la mayoría pensó era una pareja besa que besa, otros tantos insistían en llamar a la policía porque esos eran malhechores intentando robar en el santo recinto.

    El suspenso se hacía insostenible porque la pequeña luz se desvanecía y elevaba de pronto, los gatos maullaban y un ave dantesca aleteaba entre los árboles. Dos valerosos, aunque con rosario por collar y un spray de agua bendita se fueron acercando por entre los mogotes del jardín, uno aseguraban eran dos personas haciendo el amor por la posición angulada de las piernas, el otro decía que iban a robar porque golpeaban la pared con una enorme palanca y que tal vez invocaron los espíritus vagos porque danzaban alrededor de una especie de flama.

    De la nada aparecieron dos motos con silenciadores y cuatro policías armados.
    ¡Alto ahí! ¡Manos arriba!, ¡zúas! Llegó la luz. Eran dos viejitos que al igual que los santos salieron a tomar la fresca, a recordar bajo la luna anécdotas del monte, donde no había luz eléctrica, y con suerte se poseía un chompín y un tronco delgado como garrote protector con el cual golpeaban hasta a un cojo si no lo reconocían, previniendo fuese un animal que los tuviese de presa. Por eso golpeaban la pared del templo jactándose de sus hazañas en narraciones caricaturescas.

    Los viejitos:
    -¿Qué se están imaginando? ¡Cabezas de ñame!
    -Sí, vagabundos, ociosos de oficio. Aquí estos dos viejos celebramos lo que ustedes no han vivido, por eso están ojones en los balcones quejándose del mal servicio eléctrico, tomándose un café con la vida en un hilo.
    Los policías:
    -Vamos maestros les acompañamos a sus aposentos.
    Los viejitos:
    -Que acompañar ni que ocho cuartos, acaso vos nos trajiste.
    Los policías:
    Disculpen caballeros, sabemos son capaces de regresar solos y mucho más, por ello queremos asegurarnos que el vecindario duerna.



    Chompín: especie de lámpara artesanal hecha con un envase de lata que tenía la parte superior en forma de cono, donde iba una mecha que se encendía gracias a que se llenaba el envase de kerosene o aceite
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    No tengo sueño,
    y cuento ovejas,
    van tan rápido
    que me marean.
    Una, dos,
    tres, cuatro, cinco,
    seis, siete, ocho,
    nueve, diez…
    Mis ojos vuelan,
    ya no sé si duermo
    o soy otra oveja.


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    En un círculo
    marco y coloreo
    un puntito
    y otro puntito,
    son los ojitos,
    al centro
    una rayita
    es la naricita,
    debajo de ella
    una curvita
    es tu sonrisa.
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    A veces me siento tan vulnerable,
    tan liviana cual pluma de ave,
    que deseo al vientre de mi madre volver
    y en su tibieza acurrucarme.
    En su seno guardián
    ensordecerme a voluntad,
    cerrar los ojos;
    ya cobijada en sus entrañas
    balbucear, ¡mamita, mamá!
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    Caminando sobre el césped
    me provocó descalzarme
    para sentir su humedad,
    el olor a hierba fresca.
    ¡Y sabes qué!,
    me fui tendiendo sobre él
    hasta tener en primer plano
    la amplitud del cielo,
    ahí, quise dejar una frase, pero
    antes de pensarla
    surgió un monumento;
    una nube ancestral
    de esas en brazos abiertos,
    soplaba apacible,
    meciendo el follaje y mis cabellos,
    le hablé, sí, le pregunté ¿Quién era?,
    no me respondió,
    siguió soplando suavemente
    hasta erizar todo mi cuerpo,
    el gélido me hizo estremecer, deduje
    no había muerto
    que me quedé dormitada
    pensando en lo infinito,
    entonces en el aire escribí
    ¡Soy miga, universo!
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    No sé cuántas veces
    he escrito tu nombre,
    amor de siete matices,

    muy ilusionada también,
    te diseñé un castillito

    entre gotitas irisadas
    y cándidas nubes
    para que brillara tu halo

    en esta mañana ajardinada
    de trinos y rocío;
    donde ha brotado tu capullo

    mi tierna cría de abril.
    ¡Oh mi princesita,
    como te hemos esperado!

    Hoy antes de exhibirse el día
    tu mami fue flor de aurora

    con su lindo retoño brotando

    en prisma aterciopelado rosa.

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    ¡Qué se vaya! Que se vaya
    y me deje sola con este puño de palabras
    a punto de estallar.
    Que me deje sola en la media luz
    soltándole coplas desde el pulso de mi pecho
    para verle desde lejos fulgurar.
    Que se vaya de mentirita,
    y salerosa verle regresar,
    le pintaré un solo beso en sus labios;
    uno solo con los labios míos.
    De cinturas anudadas
    nos iremos los dos de verdad,
    perdidos en una trova
    donde los relojes del sol derramen
    almíbar sobre la luna.
    Misioneros de nuestro propio destino
    en la tonadilla del agua
    descenderemos en rocío sereno y fecundo,
    a ese cálido hogar
    con aroma a café colado
    donde hemos tocado las estrellas.


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  11. [​IMG]
    Atemporal
    Navegando en la nada
    llenan de sus lágrimas el grial,
    un silente aire acaricia sus cabellos de plata
    asomando sus diamantinas miradas,
    miro sus rostros en las salinas aguas
    reflexión de sus mismas almas
    siendo inespacial cimiento vaporoso,
    pasan las sombras espectrales del pasado
    y ni una huella se halla en aquel sendero,
    no hay memoria en el umbral del silencio espiritual
    y un Corán resuena su eco armonioso
    en la liturgia de un encuentro angular, atemporal.
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  12. [​IMG] c2f379bd8464fc25008a9b4b7c0d74d4 - copia.jpg [​IMG]

    El último cartero
    Qué culpa tiene el verso que se le use de mensajero,
    si es tan noble y servicial que a quien escribe no se niega,
    es el último cartero que he visto, en servilletas, papelitos, libretas
    y hasta en las redes de la actualidad viaja en su involuntaria bondad.
    Qué culpa tiene un poema del perenne borboteo del corazón,
    crepitando rescoldos de ternura, hurtando o levitando ráfagas de llanto,
    emanando con pericia sus propias prédicas, sofocando la pasión desmandada,
    siendo el vivaz raudal de un liso río; negado a pasar por encima de sus piedras.
    Qué culpa tienen el verso ni el poema, de andar juntos de la mano del poeta
    quien surge siempre esclareciendo sus motivos en su artesanal o clásica moldura,
    es un párvulo instinto, respetuoso de sí mismo, desenfadado hacedor de sentimientos
    gravitando los confines de ávidos lectores, rubricando por los aires con blancas flores.
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    Poetas seniles
    Para qué quiero que amanezca yo,
    si se acaba así la vida mía,
    prefiero quedarme en la amanecía mía
    y mirar la vida como una niña.
    No estoy en apuros yo,
    porque ya mecí todo el camino mío
    vengo a recoger esos frutos que perdidos parecían
    y que mi vejentud había olvidado
    solo son dos monedas y algo, pero
    son los cobritos míos.
    Hueso con hueso truenan las rodillas mías
    y se me para el paso mío
    es lo único que viejo me hace
    porque joven letargo no traigo yo.
    Ya voy pa´los ochenta y dale míos;
    ya quisieran esos mozos por ahí,
    a su par danzar al ritmo del anticuario mío
    y que un panal le enseñara
    que es un verdadero señorío.
    Sacúdime la paloma Primavera,
    décime como eso de la senil poesía
    porque puede que te dé una sorpresa
    y el mes que dentra al nirvana te lleve yo.
    Me voy despidiendo tuyo de mí,
    no sin antes decirte el secreto que me pedís;
    del amor he conocido yo
    y puede que parezca capricho mío
    seguro es su dominio esta arrugada lozanía
    de la que orgulloso me muestro hoy.


    Argot popular:
    Cobritos: dinero
    Vejentud: estado senil en el que se siente joven aun
    Dentra: entra
    Sacúdime la paloma: explícame bien
    Este poema no es mío, son renglones acomodados de voces literalmente expresadas por poetas anónimos, viejitos en una entidad financiera con quienes pasé un rato de inolvidable sabiduría y esparcimiento mientras cobraban su pensión de vejez y a quienes le pregunté el secreto de su jovial actitud, muchos de ellos no fueron a la escuela, no saben firmar, es una muestra de que la sabiduría, el respeto y la educación viene de la vida y que no hay que ir a la universidad para ser poeta.
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