Isabel Rosales
Poeta recién llegado
Oveja mansa de la que no quise cuidarme,
Por creer que era toda mansedumbre,
Tan brillante...!y el interior podredumbre!
Nunca te creí capaz de matarme
Cayó la venda, ¡vaya que decepcionante!
Tener que admitir lo imposible,
Asimilar sin demora lo increíble,
Y rumiar la realidad detonante.
Me viste herida y eso no te entristecía.
Y descubrí que sentías como roca,
Y al observar tu sensibilidad tosca,
Se oscureció mi gran sol de mediodía.
¡Que dolor! Oveja de cruel aprisco,
Tú sabes asesinar con sonrisa,
Supiste triturar y hacerme triza,
Con la misma gracia del farsante de un circo.
Por creer que era toda mansedumbre,
Tan brillante...!y el interior podredumbre!
Nunca te creí capaz de matarme
Cayó la venda, ¡vaya que decepcionante!
Tener que admitir lo imposible,
Asimilar sin demora lo increíble,
Y rumiar la realidad detonante.
Me viste herida y eso no te entristecía.
Y descubrí que sentías como roca,
Y al observar tu sensibilidad tosca,
Se oscureció mi gran sol de mediodía.
¡Que dolor! Oveja de cruel aprisco,
Tú sabes asesinar con sonrisa,
Supiste triturar y hacerme triza,
Con la misma gracia del farsante de un circo.