Eres la sombra de mi mente,
que te llevo siempre en mi memoria, detrás de mí,
aunque no consiga ponerte en mi pasado;
eres la luna, que cayó de pronto en mis ojos,
matándolos con la inmensidad de tu brillo;
eres el aire que me rodea, porque estás siempre en mí,
y en mi porvenir,
recorriendo mi cabeza, y mi alma,
acercándome a la muerte sin que la presienta,
pues mis sentidos sólo están en ti,
en tu conspiración divina, bebiendo tu alma,
tu belleza en escala infinita,
acariciando tus líneas ensanchadas de dulzura,
rozando a distancia el deseo atrayente de tu rostro, tus huellas suaves;
y tú,
sujetándome a presión a mi caída;
compañera del espacio, inalcanzable y silenciosa,
presionándome,
asfixiándome en el invierno de la noche despoblada de ti,
doblegándome a tu carisma,
agudizando mi dolor en la inocencia de esta alcoba,
donde tantas veces te sentí
que te llevo siempre en mi memoria, detrás de mí,
aunque no consiga ponerte en mi pasado;
eres la luna, que cayó de pronto en mis ojos,
matándolos con la inmensidad de tu brillo;
eres el aire que me rodea, porque estás siempre en mí,
y en mi porvenir,
recorriendo mi cabeza, y mi alma,
acercándome a la muerte sin que la presienta,
pues mis sentidos sólo están en ti,
en tu conspiración divina, bebiendo tu alma,
tu belleza en escala infinita,
acariciando tus líneas ensanchadas de dulzura,
rozando a distancia el deseo atrayente de tu rostro, tus huellas suaves;
y tú,
sujetándome a presión a mi caída;
compañera del espacio, inalcanzable y silenciosa,
presionándome,
asfixiándome en el invierno de la noche despoblada de ti,
doblegándome a tu carisma,
agudizando mi dolor en la inocencia de esta alcoba,
donde tantas veces te sentí